menhir
Del estatismo del mojón que enraizaron las palabras de paseantes ajenos al hito pétreo, calizo y esponjoso. Forja de un acero maleable, dulce, de hoja y romo. Desalentado y hierático, fósil y recuperado de extremas unciones para retomar el plano fijo y dar fotogramas bis de una singladura pactada con el diablo. Ni al andar se hace camino, ni las huellas rastro. Ojal abierto y sangrante pespunteado en costurones, belleza desfigurada al ácido de una bilis que fluye inquieta en digestiones regadas de manzanilla neurálgica. Cimbreo fustigador de las rabietas amotinadas, mediación de quimeras enfrentadas. Silba el viento, el frío coloca su escarcha modelada a ti y cien fumarolas evadidas se van de caza sin captura. El menhir verdea un musgo del que liba, la donación férrea cristaliza, el manto de hojas refuerza el intimismo de lo en apariencia desaparecido.
