huesos
Los huesos devorados por el descuido de la tranquilidad. La obra inconclusa con aportaciones irracionales y el hallazgo del arte de los monos en la sorpresa carcajeante de un trastorno tan efímero como la gesticulación de una sorpresa nítida y alegre de quien abre una puerta y halla un tesoro amalgamado de generaciones paralelas. Alimentarse del arte no con él, propuesta de locos de a cuatro patas, lúcidos viandantes de un sobrevivir de pícaros instintivos y cubo de agua. Hermanos de una felicidad de estómago caliente y cabeza nitrogenada. Años de búsqueda, exclamaciones de un horror que patina sobre el hielo sin chirriar. Dos más dos no son definitivamente cuatro, ni nada. Son en sí mismos. Eso. Dos más tres.
