corroe
Reverberan crueles lamentos porque el castigo ha quedado encasquillado y ya no hay salvas que anuncien un final que despeje un inicio. Leve es la esperanza que, funámbula, seca su frente y traga saliva. Y el silencio espeso protagoniza el abrazo de un patíbulo que espera paciente y funcional. Las heridas se presumen tras los pasos inquietos de quien acerca su sombra y un vanidoso espectro encapuchado relee uno a uno los pecados que ya cicatrizaron para así bautizarte de nuevo con sangre que, lejos de ser cauterizante, corroe tus entrañas hasta deshuesar la sinrazón y ofrecer tu osamenta al ocaso de los sentimientos. Vive un dios, pero vive de espaldas a ti.
