28 Abril 2008
Hoy tuve la oportunidad de mirar al presidente nacional del "pan" (un partido de esos que hay en México), y casi me atraganto con el desayuno. El tipo es de un marcado vomitable estilo. Un estilo hecho en la zona de maquillaje y estereotipos. Este debe ser un orador, así debe ser el líder. Hay que mirarse el liderazgo representado en esta forma, los lentes, el saco, la forma de hablar, esa lentitud salinista tan pero tan reformada por el vaquero de Guanajuato, ese que fue igual presidente de México y que todos tratamos de olvidar.
El caso es que el presidentito del partidito dijo no poder sentarse a negociar con el EPR, ese grupo social que lucha por sus ideales.
Cada quien en su trinchera, dicen, pero Marcos, no aquel del que todos estábamos orgullosos, sino ese que tiene su fábrica de muñequitos con pasamontañas, ahí en las selvas de Chiapas, sí ese de las piernas más lindas de todo el sureste. Cuanta sangre derramada, y sus cinco minutos de gloria al estilo de Súper Marcos. El zapatista contra el Cibernético, rezan los carteles. Y es que la publicidad, la mercadotecnia han hecho lo que quieren con la izquierda, y eso está bien; carajo el ingenio se agradece siempre para los publicistas.
La culpa no es de la estaca, dice Chico Ché, y el extinto poeta siempre ha tenido la razón, sino que nos lo diga su propia muerte y sus ojos sempiternamente rojos, cuánto nos ha dejado el poeta.
Así nos hemos ido sacudiendo la tristeza, de mirar a los niños de la calle, y ya los trabajadores legislan nuevamente pa ver cómo le hacen pa permitir trabajar a los niños menores de doce. Si tan lindos que se ven vendiendo chicles.
Ahí me la pasaba mirando las mantas en reforma, y el concurso de porras estaba de al tiro. No son las marchas señores las que harán mejorar al país. No son los plebicitos ni las multitudes en el zócalo, es la verdad entre los dientes.
Todos esos que se oponen al otro, esos son los que tienen pulgas en el cuello. El pobre germancito, ese el del partidido azul, que puso al niño felipillo en el poder. La culpa no es del Peje, sino de toda la parafernalia que siempre trae consigo.
Está bien. Las luchas de las multitudes sirven para que las fotos sigan saliendo, y se nutran los periódicos. El maldito y triste Teatro de la Democracia de México.
Sigo con el plan: Has patria, mata a un diputado. De diputados están llenas las medallas. De diputados está lleno el erario. De diputados está llena la panza de la table dancers. Ay mamachita, diría Resortes.
Y esto porque uno no puede generar conciencia en un mundo de asaltos visuales como el que tenemos. Son solo tres cosas las que deben ser prioridad para el país:
1. Educación laica, gratuita y de calidad para todos los mexicanos.
2. Libertad de cultos, y reconocimiento de la cultura de cada uno de los pueblos existentes. Apertura cultural.
3. Inversión en la ciencia y la tecnología, para el desarrollo de México.
Mas gente que piense y genere ideas y trabajo, y menos bolsones que hacen carrera en algún partidito de esos que tienen secuestrado el erario.
¿Qué sería de México si se redujeran a 32 los diputados, y a 32 los senadores? Uno por estado.
Por lo pronto, con tanta chamba, tendrían que trabajar en chinga, sólo así desquitarían lo que ganan.
Y con toda la lana que nos ahorraríamos, seguro bajaríamos la Deuda Externa.
servido por Adán
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28 Abril 2008
En encrucijadas la mente es la extranjera
y el control del alma una utopía
Hay días en que deshacerse no lo es todo
hace falta elevarse con el viento
o diluirse con las lágrimas.
El ángel se siente avergonzado,
mi debilidad es copiloto y estoy dormido.
Quiero conocer el tiempo elástico,
probar la luz del infinito, codiciar la ausencia de mentiras.
Cantar los rezos de los pervertidos
preguntar:
¿dónde quedó la verdad si el corazón ha muerto?
Al final de esta comedia que me cuelga de los huevos
desataré la sonrisa e inquietaré a la muerte.

servido por Adán
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28 Abril 2008
Hablemos sobre lo que hemos aprendido. A no llorar y no levantar la voz. A no señalar a nadie con el dedo. A leer entre líneas. A permitir que pase la señora en el elevador. A no levantar al crío cuando llora. A no probarnos la ropa interior cuando la compramos.
Debiéramos seguir nuestros impulsos encima de nuestras reglas sociales. Deberíamos cantar con todos los pulmones mientras viajamos en el metro.
Deberíamos pintar el suelo que pisamos, y marcar nuestra huella en esos lugares donde nos dimos el primer beso.
Deberíamos aprender a levantar la voz ante los necios.
Este pantalón vaquero no me queda igual que la falda de pana.
Esta blusa no se ve bien si me pongo el sostén rojo.
Esta mueca en el espejo no tiene nada que decir luego de mis ojos.
Ahi van mis ojos tristes.
Ahi va la irritación de mis días de amor cuando tú te colgabas de la viga.
Heme acá sosteníendote los pies y tú muy cursi con el pelo sobre el rostro.
Acá estás colgado y yo me como una rebanada de sandía. Qué risa la de la sandía y sus dientecitos negros. Qué risa la de la sandía y tú quedándote estático,
A dónde van tus reconocimientos en ese camino de aire.
A dónde has ido ahora, en qué pared te guardas, maldito insecto rencoroso.
Estoy perdiendo la imagen que tenías cuando apenas caminabas a mis brazos. Estoy perdiéndome del rostro que tenías cuando me decías: Te amo.
Estoy mirando tus monedas de mercurio en cada pardo colibrí que siempre me cantabas.
A dónde vas gato gris...
El hecho está en que uno va muriendo cada día un poco. Y el niño me pregunta: ¿qué será de mi si tú y mamá se mueren? ¿Con quién me voy a quedar si se despedazan? ¿Qué es la muerte sino un poco de talco en la nariz y vámonos todos a la fiesta?
Hay que reconocerse salvajes antes que potros con bridas y con espuelas.
Hay que reconocerse saludables a la polución y nadar juntitos dentro del tinaco.
Hoy que me cumplo conmigo no puedo sostener tu mano. Has quedado vacía. Vacía de palabras y ya no reconocerte en la línea. No reconocer tus amígdalas desarraigadas, mi querida fiera.
Siempre las circunvoluciones nos entrampan el ardor encomiable. Se nos cuelgan de la noche y no hay omóplatos que puedan resistirse, o ser ceniza sobre la mesa, mientras nos llega el canto de los pervertidos.
Ahí queda uno levantando la mano, llevando la batuta, levantando la sarna o la manta que siempre se le impone al cadalso.
Heme acá junto a ti, mirando tu cuerpo flotar, flotar minúsculo en el aire. Eso somos apenas. Este saco de avena, este cuadro de células para la instalación que quise regalarte.
No vendrán más odios a morderme el sueño. Estoy parado junto a tu fosilizado siempre que dictas con los puños rotos. Estoy acá, tengo la mira en el vientre, tu vientre que tantas noches se canso de recibir la semilla de mi diablo.
Voy a moverte un poco, oscilar, oscilar y medir el tiempo. Eres un reloj de carne.
Qué hermoso es verte colgar junto a mi desnudo cuerpo de hambre.
servido por Adán
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22 Abril 2008
Desperté en el cuartito rojo con unos deseos terribles de matar o matarme, sin embargo salí ileso. La cordura ha dejado que el roto sueño de esperar sobre uno mismo se diluya. Y es que hay ocasiones cuando la violencia entra de puntitas en las orejas y uno no puede sacudir más que los puños. ¿Me he quedado solo? ¿Quién no puede tolerar la misma soledad de los sepulcros? ¿Quién no puede medirse el féretro cuando va de compras? ¿Quién no quiere la rata del espejo entre sus piernas?
Me han hablado de novelas, de chantajes, del puritito drama en que uno siempre va empeñado. Eso soy. Este ditirámbico silabario en que me deposito. No queda otra cosa que no sea la palabra. He leído tu labio, he leído tu diario y no hay mayor sorpresa, he leído tu terca voluntad de aferrarte a ese humo, de estar en otros brazos descansando hacia el amor, pero las mordidas que me debes son tan solo puritito desenfreno.
Supe siempre que el tigre que me habita no logra fácilmente ser domésticado bajo las piernas de nadie. Lo dije en el café, los novelones tienen un momento y un final. Y salva sea la parte en que aún no puedo descubrir esa oscuridad dentro del túnel.
Qué hay de mi carácter. Aquella diosa de ámbar que se dejó salir por el costado. Aquella boca de agua con sus espinas, dobladitas sus espinas, bebiendo café con su delgadez de siempre, mirando mirar cada silencio atorado en la garganta. Aquella princesa de luz, que se aleja, se acerca, se aleja. Esas cejas de terrible lasitud que siempre habitarán la mente con todo el daño que causa su belleza. Y esta pantera blanca que nunca ha podido relamerse el lomo bajo de mis pies, sobre mi cabeza, así, encirculados y girando, girando van los ojos, la lengua gira y gira en el dolor de despreciarse. Qué ha sido de las calles de adoquines, cuando el frío se nos colaba por los pasamontañas, esas montañas verdes que tantas veces construimos. No, yo no te he amado. No, yo no se amar, y cada una tuvo su porción de realidad sobre el intelecto. Acá nos vamos como los murciélagos a pasar la noche dentro de la cueva, cuidándonos el semen para una nueva temporada de calores.
Y es que hoy que despierto y todo es el grito de: No sirves para nada Adán Echeverría, sólo te gusta perder el tiempo habiendo tantas cosas por hacer, no sirves para nada Adán Echeverría, ni tus cojones son suficientes para tomar el arco y ensartarte la flecha en el pescuezo. Y así abundaron los golpes, los empujones hacia la calle, romperse los dientes, los labios, tirar las cosas hacia el infinito, y sacar de la vida todo aquello de a disgusto. Alguna vez lo escribí a los diecisiete: No necesito el amor de nadie, quiero sentirme solo. Y no han podido largarse de mi vida en el tiempo necesario para no sacarme los colmillos.
Es una prisión la necesaria. Es un sanatorio lo que exijo, o alguna noche cabra que pueda venir a brindarme el odio necesario para salir y asesinar a alguien, al primero que te mire, al que te golpeé con el hombro al pasar, al que quiera levantar la voz cuando te habla. Habría que salir de día y dispararle a todo el que vaya pasando, cacería señores, cacería, que la vida no logra alcanzarnos para sobarnos la cabeza y decirnos: Cálmate Adán, calma, soooo, que la zanahoria se te cae de los belfos, y ni un terrón de azúcar espera tu indescencia.
Hay que rematarlo, que me atraviesen el culo los violadores, que me saquen los ojos, como tantas veces lo habia deseado esa mujer de labios finísimos.

En qué me he convertido, en el abusador de siempre, en el irresponsable, en el tipo amargado que todo lo odia y con nada puede estar contento. En el eterno indio que se queja, en el perverso hombre ave que siempre me habita, y es que todo esto es un teatro de fantasmas, en el que uno puede regodearse la pupila con el fingimiento. De ser un niño genio que traspasa las comunidades escolares, en ser un niño sabio que siempre tiene una respuesta dentro de las discusiones, en un niño eterno que nunca se deja amedrentar por las imposiciones. Viva la anarquía de mis párpados, el sudor del miedo, el terrible espacio en que puedo descansarme. Ya lo habíamos planeado, morir a los 40 años, y eso que es parte del deseo, siempre será mejor para un crío en desarrollo, que no tiene la culpa de tener un padre tan lleno de odios, altibajos y duermevelas inquisidoras.
Porque un tipo del ambiente a que pertenezco no ha nacido para encontrar educación, moral, rutina, mucho menos felicidad arcaica.
servido por Adán
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21 Abril 2008
Como diría la Judas: "De borrachos estoy hasta la madre", pero que culpa nos tenemos nosotros los alcohólicos de deambular por el mundo, siempre sobre la ruta de la cordura inhóspita. Diré como Armando Pacheco, soy un borracho y a mucha honra, manque me saquen planas en el periódico.
El caso es que todo salió a pedir de boca, hasta las pláticas trasnochadas. Uno tiene que decir las cosas claras, y el caso es que la Santaolaya es una mujer increíble. Lo que uno no tolera es que anden ahi los cuentagotas, colgándose de las ganas de una mujer escritora que siempre anda de luchona y dale que dale con la palabra diaria.
Pero bueno mi Sanctis Olaya, te agradezco el tequilita y el empujón hacia la cama. Uno se tiene que ir a dormir cuando es necesario.
Pero la noche no pudo aquietarnos con sus redes. Hemos comprendido de una vez y por todas que las palabras siempre llevarán el acento positivo de las intenciones.
No hay más que pedirse dentro de la noche, no hay más que vincularse. La amistad que se prolonga y el dedo en la llaga, siempre dispuesto a lastimar. Habrá un poema inconcluso siempre del otro lado, siempre del otro lado.
Se agradece enormemente la voz de Angélica, Iván, Andrés, Adriana, Alejandro, Víctor, Ángel, pero sobre todo, la voz inquieta y siempre ditirámbica de la Judith Santopietro. Esa otra forma de recorrer el Distrito. Salud desde ahora, y desde nuestros mutuos pasados.
Como le dije a Santa Olaya: Son las pasiones, las pasiones que siempre se nos antojan revolución.
servido por Adán
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10 Abril 2008
Lo presientes en los ojos:
bajo el álamo nadie mira los mendigos
que arrastran sus orines por cada rincón de sacristía
Y entre los gigantes sueños medievales
con el báculo de oro que ostenta el arzobispo
la hostia siempre cae en la lengua niña de las trenzas
para adornar tus noches
tus blancas noches navideñas
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10 Abril 2008
En el sopor nocturno la avenida se agiganta
y el neón enfrente palpitando sangre
Las piernas y el tacón recorren la penumbra
sobre enverjado opaco de otra época
a donde confluyen los domingos todos
feligreses que esperan por su cristo
mientras Ella...
ella espera amarga
la tierna caridad de los clientes
A media cuadra
ansiosos lobeznos cuelgan sus billetes en la entrada de tugurios
el aullido alimenta su depredar jaurías
Declina el sol y las ninfas se amotinan
ofertan el color de los peinados
los vestidos de sears
y por cada mantel sin eco
la noche no les basta
Alrededor el láser desteje la pista
Las manecillas alertas en el campanario
vislumbran el taconeo por la acera
es Ella
aún cuando cruzan los motores
remolinos ácidos
algarabía demagogia estéreos jai fidéliti
Con la hembra al brazo
y el tatuaje del dólar el niño-bien camina sus luces
arrastradas tetas relamen las navajas del orgullo
ninfas a color que nada se cuestionan
entran al túnel anunciando el poder de su etiqueta
En el disco antisemita
el filtro de la luz implora acabar el tekno
desperdigar matices sonoros
emociones alcohólicas:
trepidantes margaritas que devastan
En el pliegue iconoclasta de su minifalda
las hembritas marcan el trébol que afirma el culo
trago a trago la noche se agiganta
En las fauces de la borrachera
muy dentro de los antros
siempre hay lugar para la hembra sin partido
al remojo saúz que se calcina
y es ingrato conquistar redobles
si la consola siembra desfiguros
tempestad de fornicante genocidio
Las rameras principiantes una a una
cubiertas de livais o de hugo boss
olvidan teresianas letanías
se regalan a guaruras trajes negros
que en la entrada
(micrófono diadema limosna intolerable
reconocida histeria de fracaso
IQ transformado en gentileza)
las revisan catean sus carnes
reconocen el entorno:
el temblor bajo las piernas
En la barra pletórica la copa se derrama
la cara roja se infla
y ardiente es la mirada del tumulto
que navega sus coloraciones
hasta repartir las manos sobre las espaldas
El joven lobo espera recabar siluetas
encontrar inquietantes coños agridulces
con certificado de sector salud vigente
y por tronar calzones agita la memoria
se hurga entre los bolsos la semilla del dardo
Cruzando la calle
junto al enverjado oscuro de la iglesia
bajo la voz terrosa de los campanarios
Ella intenta rescatar la jornada:
ir tras de infantes clasicistas
Deja la esquina atreviéndose a la noche
imagina la caída de su falda hacia el sur de otro universo
sobre aquellos rostros infantiles de bolsillos amplios
y nada emociona su verdad de mariposa cardenalicia
La noche cierra al acabar la barra
el joven la observa recargada en su Corvet del año
Fijo en el correr de las victorias
el niño-bien levanta la mirada hacia la sombra de las ninfas
que abandonan el antro colmadas las axilas ardiendo los escotes
huyen con la madrugada
hacia el sudor de los moteles
Y Ella
nuestra ella de tacones
recorre con la mano los autos que estacionan en su esquina
(desde ahora será siempre su esquina)
y mientras juega su dedo entre los muslos
recuerda los años de esperanza junto al disco:
“Cuando cumpla dieciocho treparé las escaleras
con vestido negro de marca rubor perfume de la zona libre
y la mirada de los hombres en los senos altos”
Ahora se mantiene al acecho
Resignada detiene el aliento junto al rostro lampiño
Cuando la noche se deshace de las luces y los láseres
y se eleva el humo hasta la madrugada
Ella endulza los labios y la lengua
asciende al carrolobo conciente de la paga
dejando atrás sus inocencias
bajo la luz de los faroles
lúdico parque de Santa Lucía
servido por Adán
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10 Abril 2008
En el batir de alas y follajes del incendio
el eco de gemidos inunda las campanas
Las niñas corren desnudas desde el bosque
hacia los camastros
El ojo de la noche se desploma entre las calles
La plaza descubre las huellas diminutas
Canta el gallo
y las niñas se miran listas para el desayuno

servido por Adán
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