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Perversiones de Hombre Ave

Se dejará sentir la oscuridad de esta mente: Adán Echeverría en la distancia de sí mismo.

6 Febrero 2007

Buscando a Daniela (me encuentro) en Lágrimas de Newton

por Adán Echeverría

Daniela se busca, Daniela encontrándose. En el espejo, desdoblada en la entrega. Vocación y sentido. Veracidad y repudio de las formas, dani dani danielita en la mira, mira la mirada... hay una d que se desdobla, se desgaja, suelta sus amarras y un cigarro que va cruzando entre los ojos, el humo y la luz y la luz es el humo en la conciencia. Otro cigarro, y sus manos crecen hacia mi. Y Daniela sigue fumando y viajando hacia la página en blanco, toda ella, toda. Una lente que hace el zoom no tradicional. Historias de simplezas, proezas heroicas de lo simple, o de los simples que somos todos. Y yo con la angustia por el rompimiento. Y todo duele en las vísceras, y me espera el inodoro, pero no me asusta la soledad, la soledad de los parques, del metro, las casetas telefónicas, de la interface y de la comunidad de ficticianos donde la he reconocido por vez primera: Volantes, Red Ribbon.
Ahí está Daniela Bojórquez y yo meditando en la presentación del libro de cuentos que agrupa a los talleristas de Alberto Chimal. Hay algo de frío, una cerveza en la mano y miro a Daniela, ahí, como siempre que la he visto, tomando la palabra, saludando a los que pasan a su alrededor. Soy yo buscando a Daniela, reconociéndola en las voces de los personajes que describe en esta su primera obra, como si cargara con ellos todo el día (y es que puede suceder que uno lleve a todos lados a sus personajes), soy el lector que intenta adentrarse en la soledad (y qué es el rompimiento sino abandonarse a uno mismo), —te he hablado de ella— le había dicho en un cuarto de dos por dos, tocando el techo con las puntas de los pies, y ella (mi ella de aquel entonces) desnudita como debió estarlo siempre, va pasando su lengua en mi barbilla, estiro el libro de cuentos y le hablo: “Por la noche vuelven las pesadillas y Mena no tiene a quién abrazar”, salto un poco: “...la manera es lo de menos, y Mena, el día después de mañana mirando a mamá muerta...” (en Monito maniquí), me han gustado sus cuentos, le había dicho pero quizá no me escuchara, planeábamos ya la separación. Y supe de la soledad, leer la soledad, leer a solas, al amanecer, en los camiones, devorarse, fue cuando comencé a buscar a Daniela, y me dí cuenta que yo habitaba estas historias. Habitaba mi pasión, mi sentimiento tirado al aire, voladores de odio, aletazos de abandonos, todos nos decimos adiós sin consecuencias (¿todos?), los seres humanos predecibles y patéticos: y creía que aún no era humano: tear down the wall, gritan a mi oído.
Acá estoy, mi aquella me ha invitado a la presentación del libro de los talleristas de Alberto Chimal, en esta institución de letrilleros me hallo inexacto, robando el tiempo a mi propia vida, y en el avión, y en el hotel, y en las noches de chelas y hierba y siempre las voces, todos dejando sudor en mi conciencia, y Daniela, Daniela Bojórquez entre los dedos, hoja a hoja página y blancura, el desdoblamiento del artista, fotógrafa, escritora, egresada del diplomado de la SOGEM del Estado de México, integrante de la primera generación de narrativa de la Fundación para las Letras Mexicanas, ahí estaba esa noche, igual que yo, caminando equidistantes, esperando el brindis: más alcohol, pláticas, las presentaciones; yo esperaba a quien todavía estaba en mi historia y contemplé a la autora, sus manos girando junto a mi rostro, llevarse el cigarro a los labios, sus ojos estudiando, contemplando más allá de nuestra forma; queda atrás la noche de la presentación, la madrugada y las desnudeces de mi aquella, los pies caminando el techo en la luz tenue; tengo su libro y esta nueva noche me espera sobre la hoja blanca, y voy revisando de nuevo su trabajo; detenido en este gusto de sentirme terco y atrapado en la lasitud de nombrarme y reconocerme. Daniela te busco y me he encontrado.
Estoy sentado como una linda mujercita, escuchando a la amiga que viene a contemplar mi tristeza, a ser compañera como siempre en los rompimientos, y una cometa se eleva en el parque de enfrente, y acá está la lluvia, siempre presente, cuántas veces he reconocido el rostro en esos nubarrones, buscando al autor me siento Mirta sentada frente a la narradora, esa voz que le va contando sobre los amores que se diluyen, que permiten sentirme una tonta-imbécil, una tierna mujercita como siempre he querido serlo; y mi aquella de ese entonces sería mi propio Gutierre.
“Olvida a Gutierre. Tienes ojos profundos y pocos años. Gutierre mañana o a más tardar dentro de tres semanas, se irá con otra (la idea de él en otro lugar, con alguna otra mujer en este momento, posa un velo como bruma del campo sobre los ojos de Mirta —y me reconozco Mirta—, que me miran con cariño a veces, extrañeza casi siempre y enojo en este instante).”, (en Perder el hilo).
Cierro el libro de Bojórquez, avanzo las páginas: “Habían dejado de verse, ocupada una en la venta de collares y el otro en un viaje a las islas del sur.” (en Mece el mar), no puede ser, carajo, sigo dentro, sigo desdoblado inmerso en la soledad, girando, girando sobre mi propia sombra que se descompone.
Mi propia ella que se ha desvanecido, ella es mi machito, ella mi cabra, ella mi rémora sanguínea. ¿Cómo se siente el esqueleto del abandonado? “Le parece que si él llega, no necesitarán de otras palabras, con que llegue es suficiente...” (en No demasiado).
Y nada nos detiene al alejarnos, se rompe el punto del no-retorno, como en la fornicación, si no se da el apretón de la calma, entonces todo se dispara hacia la salida, la salida de tu vida, y la mía, y la nuestra y nos quedamos cadavéricos y reptilíneos, óseos; es poco lo que nos condiciona, acá estamos lúgubres tras el abandono. Y habitamos la tierra, esta tierra que es la verdadera, la fantástica tierra de las fantasías, la isla misteriosa, la villa de Oz, la canción del inmigrante, el dorado, acá en nuestro territorio completamente nuestro, el mundo feliz, un mundo feliz, habitando la literatura, belwayé (para ser regionalistas), la matrix, cualquier zona-paraíso-lugar: comala, macondo, santa maría, cualquier otro, nuestros terrenos, nuestras ficciones, y Daniela Bojórquez perdida corriendo en esos sitios, de sitio a sitio hay estaciones, años, décadas, movimientos literarios, becas, traiciones, rompimientos, sueños, guerrillas, unos mueren, se dictan sentencias, caen los ahorcados y perdonen ustedes siempre no había armas atómicas, pero el tipo era malo eso que ni qué, se le ahorcó en cadena nacional porque era lo mejor para los niños, y siempre las vitaminas que nos levantan, las encuestas que nos apuntan sus molares de máquinas y raciocinios, pero ella camina, yo camino, ellos caminaron, todos sobre la literatura, y es que nadie nos arruina la zona que construimos, ni sus lagrimitas, ni sus llamaradas, acá estamos construyendo, construyéndonos, y nos vamos todos por la misma ruta, sigue el camino amarillo, o la línea de fuego, o quizá debas seguir pedaleando letra por letra para construirte y basta: ella no construye sobre eso, ya viene implícito en su genética, desde el kinder o en la primaria pudo ver los volantes en las casetas telefónicas, o mirar por las ventanillas del metro, pero la formación televisiva, de cineastas, fotográfica, nos trae al punto de chocar, colisionar, como intelectos, transformándonos, ella en sus narraciones, yo como sus personajes, y doliendo doliendo como en Duela duele: “Vivir ahí sería perfecto, el problema es la inseguridad, más para alguien como ella, que está sola, una mujer joven y sola”.
Siempre la soledad y la lluvia, el asfalto, los edificios, el metro no puede faltar, y el hacinamiento, y que me dices de la inseguridad, todo recurrente, y la forma tiene que ser armada para ignorar el fondo, o para crear el mismo fondo, el mundo construido de Daniela Bojórquez es diferente en la percepción hacia lo que puede suceder con el verdadero Distrito, (el defectuoso que ni qué —qué de qué, bueno, pos pa luego...) y la autora nos mira de reojo y lee con nosotros, se lee con nosotros, nos lee al interpretarla, y yo sentado(a) (ah, las dualidades tan incomprendidas por los homofóbicos) , soy Mirta (en Perder el hilo):
“—¿Qué decías?— pregunta.” (pregunto pal caso).
“—Decía que para ti Gutierre ya no existe—. (Que ya no exista, Mirta, y esto lo pienso mientras mi amiga regresa a la conversación, a su capuchino, a su presencia en estas mesas de la terraza).”
Lo piensa la narradora(o), Daniela —quizá— la maldita que le ha dado baje con el novio, amiga, si chucha y sus calzonzotes.
Todo se nos nubla de nuevo, las intenciones, los rostros que van recorriéndose uno a otro, y nos queda la cometa, detenida en el cielo, brillando, en contraste con el firmamento.
Todo se nubla, todo, todo, se va descascarando y me encuentro, me he encontrado buscando a Daniela. Voy hacia el espejo, y ahí estoy con el estómago crecido de las caguamas, con el pelo enredado, los mismos jeans sucios, y dentro de la pupila, la sonrisa destartalada de Daniela Bojórquez, atrás han quedado los sinsabores del rompimiento, los horizontes son plenos y anaranjados, amanece, seguiremos la ruta de las lecturas, hoy alguien me ha salvado. He leído y se que existo.

Lágrimas de Newton por Daniela Bojórquez publicado por Ficticia y la Fundación para las Letras Mexicanas, en la colección Biblioteca de Cuento “Primeras Obras” dividido en 4 partes: El clima para hoy, Horizonte: ventanas, Cajita de chácharas y Dos camiones, contiene 20 cuentos cortos en un total de 96 páginas.

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OJOS DE DESTERRADO

OJOS DE DESTERRADO dijo

Cuando encontré algo que hablaba de la señorita Bojorquez no pude evitar sentir una lucecita en el corazón, y esperaba encontrar otra cosa, una de estas cosas que acostumbro encontrar: becaria de no se qué, diplomado de no se dónde, asombrosa conversadora... un cúmulo de información sobre la persona que paradojicamente resulta impersonal. Yo no conocí jamás a Daniela Bojorquez, yo no logré atraparla y mejor dicho no lo intenté porque sabía desde antes que no le pertenecía a nadie ni nunca le pertenecería a nadie. A pesar de que logro verlo todo desde lejos ahora, no puedo conciliar la idea de compartir su desnudez contigo, debo confesar que encuentro una belleza extraña en tus palabras, pero me resultan muy desconcertantes, no puedo soportar escucharte hablar de ella que fue tan secretamente mía, tan aparte de su mundo literario, me perteneció a mí sin parsimonia, a mí un simple mortal sin instrucción, tan vulgar, tan corriente que te parecería casi increible que me haya pertenecido a mí, como me pertenece la madera, la tierra. Sentí rabia porque lo que hiciste no fue hablar de tu encuentro contigo mismo a través de ella, eso son sólo patrañas, publicidad barata, lo que tu hiciste cabrón, fue clavarle la bandera de tu país y reclamarla para tu imperio de ideas y vanidades, fue apropiartela, capturarla en una postal, derrumbarla.

25 Febrero 2008 | 11:29 PM

Adán

Adán dijo

Andas bastante equivocado, pero bueno, que bueno que todo eso fue lo que hice y te hice sentir, al menos se cumplió parte del sentido que tiene la escritura... pero te recomiendo, carnal, que mejor te informes un poco más, y no andes por ahi diciendo... compartí su desnudez contigo... las malas lenguas podrían malinterpretarlo... y la neta, solo haces que uno se de cuenta porque no lograste retenerla... las parejas no son pertenencia de nadie, no se va por ahi diciendo: mi novia, mi vieja, mi prometido y mucho menos mi pertenencia... pero bueno ya tú sabrás.... qué chistoso...

26 Febrero 2008 | 01:32 AM

OJOS DE DESTERRADO

OJOS DE DESTERRADO dijo

¿No te ha sucedido nunca que caminas en la calle hacia tu casa en una madrugada frenética entonces ves a lo lejos, justo antes de doblar la esquina, una persona tirada o mejor dicho el esbozo de una persona tirada, inmóvil pero sobre todo amenazante? Bueno, pues si no te ha sucedido, pasa que mientras te acercas logras definir a cada paso sus rasgos grotescos, su ropa sucia, las manos llagadas y filosas, anhelantes de surcarte la piel, puedes percibir su respiración agitada, entonces te sigues acercando por una sola razón: el miedo te arrastra hacia la busqueda de tu propia destrucción, solo atinas a apretar los puños para destrozarlo en cuanto se levante hacia tí, para atacarte, también aprietas los dientes al comenzar a percibir su hedor, YA DESEAS que se levante o simplemente se mueva para saltarle encima y molerlo a golpes, aunque no te ataque, entonces logras darte cuenta de que todo lo que viste siempre fue el tronco de un árbol dejado allí por error. Y lo que sigue es seguir caminando un poco apenado pero sobre todo con una descarga bastante fuerte de adrenalina en el cuerpo.
Bien pues esto me pasó una vez y hoy me volvió a pasar ( de alguna manera ) leí lo que quería leer y no lo que tu habías escrito y me apena haberte llamado cabrón, ja, mira... no te conozco ni nada, listo? sólo ... leí lo que quería leer. Ja sí, que cagado...después de leer tu mensaje leí con más detenimiento, mira esto está sonando a disculpa pero no lo es, solo soy capaz de aceptar cuando acabo de meter la pata, listo? Y solo para que quede claro yo no quería retenerla, ni la he pensado nunca ( a Daniela ) como una pertenencia, al menos no como te lo imaginas, sino como una imagen o algo vivido que es genuinamente mío por haber habitado en mí, no como nua cosa ni nada por el estilo. Una pregunta no se puede decir mi vieja ni mi novia verdad? pero si se puede decir mi ella?
...le había dicho en un cuarto de dos por dos, tocando el techo con las puntas de los pies, y ella (mi ella de aquel entonces) desnudita como debió estarlo siempre...

28 Febrero 2008 | 12:19 AM

Adán

Adán dijo

Pero el que habla en el texto es un desquiciado... que sale y entra en un libro, y vive un idilio doloroso con su pareja... una separación... mi ella (impersonal) de aquel entonces (solo una memoria)... desnudita como debió estarlo siempre (el colmo del machismo, no crees?)

28 Febrero 2008 | 02:07 AM

OJOS DE DESTERRADO

OJOS DE DESTERRADO dijo

Sí, sí, pero existen cosas peores, además trata de pensar en una cosa que sea más redentora que una ella desnudita, es un cataclismo, el final para el nuevo comienzo sabes? si es machista pero ... que demonios finalmente somos animales.

4 Marzo 2008 | 01:40 PM

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Perversiones de Hombre Ave

Mérida, México
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Contador Gratis Mérida, Yucatán, (1975). Escribe poesía y cuento. Biólogo con Maestría en Producción Animal Tropical por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). Integrante del Centro Yucateco de Escritores, A.C. Ha publicado en poesía El ropero del suicida (Editorial Dante, 2002), Delirios de hombre ave (Ediciones de la UADY, 2004) y Xenankó (Ediciones Zur-PACMYC, 2005), y el libro de cuentos Fuga de memorias (Ayuntamiento de Mérida, 2006). Ha compilado como coautor el libro Nuevas voces en el laberinto: Novísimos escritores yucatecos nacidos a partir de 1975 (ICY, 2007). Participa en los libros colectivos Litoral del relámpago: imágenes y ficciones (Ediciones Zur, 2003), Venturas, nubes y estridencias (ICY-INJUVY, 2003), Los mejores poemas mexicanos. Edición 2005 (Fundación para las letras mexicanas y Joaquín Mortiz-Editorial Planeta, 2005). Premio Nacional de Poesía Rosario Castellanos, (2007) convocado por la Universidad Autónoma de Yucatán. Ganador del X Premio Nacional de Poesía Tintanueva 2008 (convocado en 2007); Premio de Poesía Joven Jorge Lara (2002). Ha obtenido becas estatales y fue Becario del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) categoría Jóvenes Creadores en Novela (2005-2006). Mención de honor en el Concurso Nacional de Cuento Carmen Báez (2005), de Morelia, Michoacán Es parte del consejo editorial de la revista Navegaciones Zur del Centro Yucateco de Escritores, A.C (CYE). Ha publicado en las revistas Abisal del Instituto Quintanarroense de Cultura; Luna zeta, Fandango y Plan de los pájaros (Oaxaca). En la revista Acequias de la Universidad Iberoamericana de Torreón (Coahuila). En los suplementos Arena del periódico Excélsior y El Ángel del periódico Reforma y las revistas Tierra Adentro de CONACULTA, Alforja de poesía de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), SIC y los otros errores, Opción del ITAM, La Colmena, Blanco Móvil, Archipiélago, El Universo del Búho del Instituto René Avilés Fabila, Eje Central y Registro (Distrito Federal); en la revista Salamandra de la Universidad Autónoma Chapingo y la revista Molino de Letras de Texcoco (Edo. de México); en la revista Tabique (Cuernavaca, Morelos); en la revista Puntos suspensivos (Zacatecas); en la revista Iguana azul (Puebla); en la revista Cultura Veracruz (Veracruz). Ha publicado también en los proyectos electrónicos Prometeo digital de la Asociación Prometeo de Poesía (Madrid, España), en el Proyecto Sherezade de narrativa contemporánea de la Universidad de Manitoba (Winnipeg, Canadá); en la Comunidad Literaria Ficticia (México). En la revista electrónica El Otro Mensual (EOM) del sitio Eldígoras (Barcelona, España); en la página Letralia. Ciudad de letras (Venezuela), en la revista electrónica The Big Times (Puerto Rico). Participa en el taller del CYE y coordina la Catarsis Literaria El Drenaje.

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