¿Dónde nos encontramos a todas horas?
"La odio y no me importa que a usted no le importe. Mi odio es gratuito y absoluto; y es de cien días por cada segundo de anoche. Y no me importa que me crea usted loco, y que esto sea ridículo y que haga esfuerzos por reírse leyéndolo."
"Y no necesito ya nada de usted que ser usted el objeto, la cosa, el blanco negreo de mi odio. Y este odio me salva y me llena y me basta y sólo sería mayor mi alegría si la supiera a usted más miserable que yo mismo" (Carta de Gilberto Owen a Clementina Otero).
No tengo límites para agradecer a los editores de Textofilia (Alfredo Nuñez Hernández, Ricardo Sánchez Riancho y Mariana Camacho Solana) que me hayan hecho llegar estos ejemplares del número 10 de su proyecto. Queda de más que hayan permitido que un texto mío aparezca en sus páginas (sentirse honrado), pero cuando logran conjuntar estas reminicescias, y lo repito, que llegan a uno en el momento adecuado, es un acto poético (si siguiera en el seno de la iglesia católica como tantos años estuve hablaría de milagros cotidianos).
Se lo dije a ella. Ella quizá no lo crea, pero mi diálogo continuo con su esencia es en verdad delirante. Abrir libros es encontrarla, y esta carta de Owen me vino como anillo al dedo. Eso y escuchar a Nirvana con su "All apologies" es recalcitrantemente honesto y tan doloroso que no deja de agradarme.
He de podrirme poco a poco y de un solo tiro. Y sin decirme más.
Óyeme tú
hembrita dulce y cenicienta
que tu vida no es la caracola infinita
ni te has infiltrado ya más en esta vida
tu ser crisálida ya no te disculpa
los días amargos de tequila y noche buena
los días aciagos de remolinos de braguetas
y la luz
esa luz de polvo en la mirada.
