¿Inicios o las mismas voluntades de cada relación?
Nos conocimos anoche Teresa, como nos hemos conocido de nuevo cada noche desde hace un año. Pero qué frase tan tardía nos dijimos. Pero qué fortuna que la madrugada fuera calurosa. No pudiste irte, y contemplé tu cuerpo austral. Eres cada glándula en mi salivación, así te perdiste.
Es tu cuerpo Teresa, esa voluntad de no redescubrirme.
Para qué nos quedan los días de enamoramiento ajeno.
Saltemos el puente, dijiste. Con esa tu magia en la mirada que todo me lo pierde. Que me pierde encima y me deja sin las posibilidades de un nuevo respiro.
Habrá que respirarte, o destilarme sobre cada boca tuya sorbiéndome la leche. Vistiéndote la cara con mi semen, y dejando caer tu garganta completita sobre todo mi equilibrio, Oh no... que se pierden las agujas, que se pierden las rodillas y caemos siempre de bruces sobre los hoteles.
No más mordidas Teresa. No más miramientos ni equilibrio ni poderes colosales donde redescubrir tu vientre, dentro del ojo del tatuaje, dentro de los calamares de tus senos, en esas aceitunas tan rosadas que desprenden mis dientes. Defécame ramera mía, gritaba. Gritaba mientras iba resbalando en mi carne la cerveza. Ven a beberme.
Teresa. Si tan sólo una noche no me alcoholizara, pudiera siempre buscarte en cada rostro. En cada remolino del viento que siempre se acerca por las plazas secuestrando a las palomas.
Hazme un agujero en tu costado, que quiero meterme muy dentro de tu alma. Lo sabes Teresa. Todo tiene que ser un soplo de gobernarnos el Alma. Espero lo entiendas, no afectar terceros, no engañarnos con amores insulso ni curilerías de quédate un poco más. Hay que despedirnos siempre, siempre en busca de nuevos ojos. No lo sé. Tal vez pueda seguir encontrándote en las bibliotecas, o de nuevo en mi taller de literatura. Ya tienes mi teléfono. Ya tengo el número a donde llamarte, pero lo dejé caer en el bote de la basura.
Sí Teresa, tienes que entender que no quiero pensar de nuevo en entregas, los golpes en la ceja, los ruidos del pecho al roncar, las pesadillas me han sitiado mucho tiempo, y en esta montaña de calma y dulzura en que mis heridas cicatrizan, no quiero dolerme de nuevo por irme a vivir contigo.
Ellas todas han quedado en el pasado Teresa. No hay disculpas ni aspavientos, Es como debió haberlo sido siempre: es muy tonto creer que los géneros pueden conciliarse. Siempre acabo siendo cuestiones de voy a olvidarme de ti bajo otro cuerpo. De voy a vomitar tu recuerdo cada noche hasta purgarme tu nombre. Siempre será pasar al lado de otro sin mirarlo a ver, luego de haberse comido todos tus fluido seminales. Sí Teresa, es muy triste porque no hay razón para recomponerlo. Ellas son tan juveniles. Siempre buscando nuevos horizontes y yo he llegado hasta el pináculo. Desde acá sólo queda mirar hacia abajo. No tengo intenciones de recibirte de nuevo. Pero estoy dispuesto siempre a la cacería. Vamos Teresa, lo sabes, te lo dije antes de correr hacia el hotel. No hay nada que puedas reclamarme ahora. No es un abandono, es un pensar que voy a poder recibirte cada que queramos, gozar y brincotear como nos gusta hacerlo. Sí alguien más te interesa vé por él Teresa, si lo que quieres son seguridades. Pero hay que dejarse las puertas abiertas Teresa, siempre las puertas abiertas. Lucrecia lo sabe, lo sabe la Garma, todo es cuestión de continuar los argumentos. De siempre las lágrimas, no me chingues, no hay porque sorbernos el seso pensando en otros aquelarres. Hay que ir en busca de nuevas sobredosis y eso es ya puritito desenfreno.
- Echeverría no te vayas. Es un año el nuestro ya. Es un año de ver como regresas a ella. Si ya termino todo, quédate esta noche completita.
Ya ves Teresa que nada cambia.
