Una noche en Santa Lucía ... A Echeverría
En el sopor nocturno la avenida se agiganta
y el neón enfrente palpitando sangre
Las piernas y el tacón recorren la penumbra
sobre enverjado opaco de otra época
a donde confluyen los domingos todos
feligreses que esperan por su cristo
mientras Ella...
ella espera amarga
la tierna caridad de los clientes
A media cuadra
ansiosos lobeznos cuelgan sus billetes en la entrada de tugurios
el aullido alimenta su depredar jaurías
Declina el sol y las ninfas se amotinan
ofertan el color de los peinados
los vestidos de sears
y por cada mantel sin eco
la noche no les basta
Alrededor el láser desteje la pista
Las manecillas alertas en el campanario
vislumbran el taconeo por la acera
es Ella
aún cuando cruzan los motores
remolinos ácidos
algarabía demagogia estéreos jai fidéliti
Con la hembra al brazo
y el tatuaje del dólar el niño-bien camina sus luces
arrastradas tetas relamen las navajas del orgullo
ninfas a color que nada se cuestionan
entran al túnel anunciando el poder de su etiqueta
En el disco antisemita
el filtro de la luz implora acabar el tekno
desperdigar matices sonoros
emociones alcohólicas:
trepidantes margaritas que devastan
En el pliegue iconoclasta de su minifalda
las hembritas marcan el trébol que afirma el culo
trago a trago la noche se agiganta
En las fauces de la borrachera
muy dentro de los antros
siempre hay lugar para la hembra sin partido
al remojo saúz que se calcina
y es ingrato conquistar redobles
si la consola siembra desfiguros
tempestad de fornicante genocidio
Las rameras principiantes una a una
cubiertas de livais o de hugo boss
olvidan teresianas letanías
se regalan a guaruras trajes negros
que en la entrada
(micrófono diadema limosna intolerable
reconocida histeria de fracaso
IQ transformado en gentileza)
las revisan catean sus carnes
reconocen el entorno:
el temblor bajo las piernas
En la barra pletórica la copa se derrama
la cara roja se infla
y ardiente es la mirada del tumulto
que navega sus coloraciones
hasta repartir las manos sobre las espaldas
El joven lobo espera recabar siluetas
encontrar inquietantes coños agridulces
con certificado de sector salud vigente
y por tronar calzones agita la memoria
se hurga entre los bolsos la semilla del dardo
Cruzando la calle
junto al enverjado oscuro de la iglesia
bajo la voz terrosa de los campanarios
Ella intenta rescatar la jornada:
ir tras de infantes clasicistas
Deja la esquina atreviéndose a la noche
imagina la caída de su falda hacia el sur de otro universo
sobre aquellos rostros infantiles de bolsillos amplios
y nada emociona su verdad de mariposa cardenalicia
La noche cierra al acabar la barra
el joven la observa recargada en su Corvet del año
Fijo en el correr de las victorias
el niño-bien levanta la mirada hacia la sombra de las ninfas
que abandonan el antro colmadas las axilas ardiendo los escotes
huyen con la madrugada
hacia el sudor de los moteles
Y Ella
nuestra ella de tacones
recorre con la mano los autos que estacionan en su esquina
(desde ahora será siempre su esquina)
y mientras juega su dedo entre los muslos
recuerda los años de esperanza junto al disco:
“Cuando cumpla dieciocho treparé las escaleras
con vestido negro de marca rubor perfume de la zona libre
y la mirada de los hombres en los senos altos”
Ahora se mantiene al acecho
Resignada detiene el aliento junto al rostro lampiño
Cuando la noche se deshace de las luces y los láseres
y se eleva el humo hasta la madrugada
Ella endulza los labios y la lengua
asciende al carrolobo conciente de la paga
dejando atrás sus inocencias
bajo la luz de los faroles
lúdico parque de Santa Lucía
