Viajar en colectivo, bus, omnibus o como le llames
Soy peatona.
Es toda una definición en esta ciudad, eso significa que apelo al transporte público para viajar, pues con un auto llegó tan rápico como con un colectivo con el tránsito desastroso de acá.
Con el riesgo además de que algún loco esté justo detrás de mi vehículo tocando bocina hasta aturdirme solo porque espero que el semáforo se ponga en verde para cruzar una avenida o por rehusarme a atropellar a un peatón. Y eso en los más civilizados otros le mandarían saludos a mi mamá y su anatomía.
Pero el viaje en colectivo tiene su encanto también, por ejemplo:
Cuando el semáforo los obliga a detenerse lejos de la parada donde los pasajeros esperan, nos obligan a debatirnos entre:
- Acercarnos a la unidad arriesgándonos a que nos ignore y no abra la puerta. Quedando como un grupo de giles.
- Hacer lo mismo pero ahora arriesgándonos a que el semáforo cambie el color justo a 50 centimetros de la puerta, reanudándose el tránsito y poniendo en peligro nuestras vidas, pues el chofer no se va a perder la oportunidad de avanzar, dejándonos nuevamente como giles pero esta vez al borde de la muerte.
-Acercarnos (correr) porque vemos que otros que estaban detrás nuestro en la fila lo hacen..., ¡mientras el chofer les abre la puerta! lo que tendrá como consecuencia que al subir una, sea justo la única que quede sin asiento..., es más, hasta sonrien mientras miran hacia afuera por habernos birlado el lugar dejándonos de a pie todo el trayecto.
-Quedarnos en la parada esperando que el semaforo cambie de color y se reanude la marcha de los vehículos. Lo que nos expone a que el chofer, siga de largo ignorándonos descaradamente por no habernos acercado.
Nos encontraremos de cualquier forma con el brazo en alto no ya para hacerle señas para que se detenga, sino para expresarle nuestra ira a la vez que mandamos emotivos saludos a la linea de colectivos, el chofer y su mamá, el semáforo inoportuno, y nuestra inseguridad que nos impidió ir hasta donde estaba el colectivo.
Si estamos en el grupo de los que hemos ascendido seremos participes de un viaje que puede rozar el terror.
Frenadas imprevistas, caidas sobre otros pasajeros, (dos veces caí sentada sobre alguno, por esas coincidencias de la vida eran caballeros
).
El gracioso momento donde ponemos a prueba nuestra motricidad fina y equilibrio al poner las 9 monedas de 10 centavos en la tolva de la máquina de boletos mientras no cede la velocidad y los giros bruscos.
Y después la pelea por un asiento, porque eso es cosa de estrategia:
-si te quedas en la parte posterior con las piernas marcando un ángulo correcto podés acceder a tres asientos,
-hay que estar atento para ver que manija sostener evaluando quien esta por bajar,
-si el que esta sentado tiene sus llaves en la mano o la cartera cruzada en su hombro o sus libros contra el pecho, indica que ya bajará, aunque las que siempre ganan son las señoras de cierta edad..., un pisotón, un empujón, un lanzamiento de cartera desde 2 metros de distancia y ya están sentadas mientras te retiras vencida y adolorida a otro sector del bondi.
Y por supuesto no olvidemos que nunca vienen solos..., solemos esperarlos varios minutos para luego lleguen tres unidades juntas de los que solo se detendrá la que esta llena de gente de pie y malhumor. Nunca falla.
Tenía que ser invento nuestro![]()
Otro día dedico un párrafo a los encantadores taxistas..., besos y buen finde.









la-bruja-del-ojuelo dijo
Buen comportamiento. Se conduce casi tan mal como en Italia. Uno encima del otro, frenadas bruscas, para nada distancias... Cierto, llevo una veintena de dias (25) por Argentina, y ya casi aprendí a hacerlo mal. Pero bueno, es lo que hay.
Llevas mucha razón en cuanto a lo que relatas.
Hacia que no nos comentábamos. Un pais a pesar de todo esto...maravilloso.
Un beso.
25 Abril 2008 | 06:32 PM