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26 Febrero 2007

Revival Goth: La noche de los zombies calientes (perdón, que es de los muertos vivientes).

Mi hermana pequeña, que siempre se preocupa por mi salud, mi estado de ánimo, si estoy sobrio o borracho, si follo con regularidad, si como caliente una vez a la semana o si me han devorado mis perros, ha celebrado su cumpleaños. Y me ha obligado a salir. A mí.

Sí. Álvaro Naira ha salido este fin de semana. Temblad, hordas de la noche.
Porque encima me ha llevado de gotiqueo. Por hacer algo distinto, dijo. Distinto para ella, no te jode. Me llamó por teléfono, ya que, naturalmente, a mí se me había olvidado que era su cumple —hay años en que se me olvida hasta el mío—, y me dijo:

—Álvaro, sin excusas. El sábado sales conmigo y con mis amigos. Quedamos en Sol a las diez. Que se vengan también X y X, que hace mucho que no los veo (insértese los nombres de dos colegas míos, a los que no cito porque no deseo que compartan mi gloria, soy así de egoísta).

Yo suspiré prolongada en lugar de largamente, como en un novelón romántico, aunque en ésos también lo hacen “temblorosamente” o “trémulamente”, que es mucho más propio.

—María, paso. No me apetece. Si quieres nos vemos el domingo y te doy tu regalo (que no había comprado todavía, por supuesto).

—No —me cortó ella—. No voy a ir a tu casa. Vas a salir este fin de semana y que te dé el aire, que a este paso te vas a poner amarillo. Vas a beber, vas a bailar, vas a reírte y a pasarlo bien con mis amigos. Me da igual lo que tengas que hacer.

Me apetecía tanto como una exploración rectal, pero preferí ser diplomático.

—María, paso. En serio. Voy a trabajar con Politeísmos¡compra Politeísmos, novela de gran éxito de Álvaro Naira, cuando salga a la venta en tu librería!—, que ahora el único rato que tengo son los fines de semana. Lo entiendes, ¿verdad? Tengo que darle una última lectura para deshacerme a patadas de las rebuznancias y reiteraciones que se me han escapado en las cuatrocientas veintisiete correcciones que he hecho, imprimir originales de la novela, hacer llamadas a editoriales, buscar contactos y chupar pollas. Además, estoy hasta los huevos del curro. Estoy saliendo a las mil. Quiero dormir. Tengo que sacar a mis perros. Me da alergia el sol. Me apetece verme la trilogía clásica de La Guerra de las Galaxias, El señor de los anillos, El Padrino I y II y las cuatro primeras de Alien. Tengo que limpiar la cocina antes de que aparezcan cucarachas, que mi religión me impide matarlas. No salgo a la calle porque un cocodrilo me comió la cara. Estoy agotado. Soy misántropo.

—Me da igual. O vienes o no te vuelvo a dirigir la palabra, y eso incluye no ayudarte a publicitar la novela.

Esa amenaza me congeló la espina dorsal.

—Vale. Salgo. Pero te vas a arrepentir. Me convertiré en el Caballero Banqueta y os amargaré a todos. Conseguiré que os sintáis unos capullos por estar bailando y haciendo el indio mientras yo os contemplo desde mi privilegiada posición de Escritor Maldito que valora y critica a la concurrencia para después ponerlo por escrito.

—A las cuatro copas se te pasa toda la tontería, Álvaro. Que nos conocemos.

A las tres copas incluso, pensé yo. Que nos hacemos mayores. Pero no se lo dije.

—Además, te tienes que venir porque vamos a salir a un sitio gótico.

En ese momento la cámara se detuvo, mi cara se contorsionó, mi cuerpo, el sillón, la tarima, la pared, el salón entero empalidecieron, se tornaron blanquiazulados, se volvieron de hielo y se hicieron añicos con gran estrépito. Después de recoger los trocitos de mi persona y colocarlos en su sitio, articulé muy despacio, por si me había confundido:

—¿A un sitio gótico?

—Sí, lo hemos hablado y nos ha parecido que sería divertido, por hacer algo distinto. Habíamos pensado ir a Chueca a un bar de ambiente o a uno siniestro —ahí yo andaba pensando en que dónde estaba la diferencia—. Ganó el rollo gótico, que así te sacaba de casa, porque de pachangueo no sales ni aunque te maten.

—Ni de gotiqueo, María. Que estoy viejo.

—Te encanta decir eso —sentenció ella—. A las diez en Sol. En el Oso. Tráete a éstos.

Y me colgó antes de que pudiera cambiar de opinión.



La noche comenzó normal; dejé sacadas a las supernenas —el que no capte el chiste que vaya a los archivos y se lea el post de Pétalo, Cactus y Burbuja— para que no se mearan sobre mi cama, arrastré mi cuerpo hasta Sol, repartí besos entre todas las veinteañeras y apretones de manos entre amigos y panolis —llegué tarde, para guardar la costumbre—, recibí quince nombres y no hice ningún esfuerzo por recordarlos y escuché felicitaciones a diestro y siniestro para “Mery”.

—María —le dije a mi hermana—. ¿Te haces llamar Mery entre tus colegas?

Mi hermana empezó a reírse.

—Es un hipocorístico, Álvaro.

Sí, estudia filología. Debe de ser una enfermedad genética.

—Pues es una gilipollez de hipocorístico, María. Es tan largo como tu onomástica —respondí con chulería libresca.

Ella sonrió, tomándome el pelo, claro. Siempre ha sido mucho más lista que yo.

—¿Ah, sí? —contestó—. María tiene hiato, Álvaro. Que yo sepa son tres sílabas, y Mery sólo dos. ¿Es que no sabes contar?

Enrojecí hasta la raíz del pelo porque de verdad no me había dado cuenta, pero es más fuerte que yo soltar la última palabra:

—Soy de letras.

Después, la felicité por cumplir los dos patitos y le di un vale por un regalo de no cumpleaños cuando sea multimillonario. Se lo tomó a chunga, pero yo iba muy en serio. Cuando sea multimillonario, saldaré mi deuda.

Y nos dirigimos al Seis.

[Nota: en mis tiempos, el 666 era la discoteca de los niñatos. Siempre ha cerrado temprano y nunca han pedido carné, así que era el lugar de merendola ideal para aquél que tuviera inclinaciones hacia las lolitas. Por otra parte, resultaba un antro despreciable para La Vieja Guardia, que prefería mostrar su Pain & Suffering en el Heaven, Dark Hole, New Order, Angst y otros efímeros que aparecían y desaparecían de la Escena madrileña. El Phobia era el rincón de los tranquilos, ideal para apalancarse en banquetas y ver pasar el tiempo. Y los góticos, claro.]

Yo iba gruñendo y refunfuñando, por dentro muy divertido al contemplar cómo todos los chavales —mi hermana incluida— vestían de luto riguroso, excepto un tipo con algo más de personalidad o de vagancia que llevaba vaqueros. Unas cuantas niñas iban especialmente disfrazadas, y me imaginé sin mucho esfuerzo a la piara de chiquillas reuniéndose en una casa y saqueando los armarios para no dar la nota, para ir de góticas, echándose en la cara polvos de talco para el culo de los bebés y pintándose los ojos con rotring. Paciencia. Uno de mis colegas iba con una camiseta de Naranjito, lo que compensaba la fúnebre concurrencia. Un poco.

El Seis es enorme, alargado, tiene unas columnas que imitan templos griegos, varias partes con metidos y entradas, como tropecientas barras —vale, sólo cuatro, creo—, una especie de terracita interior elevada junto a la pista con dos mesas para mirar bien a los que se creen en el UPA dance y unas redes de pescar en el techo. Presumo que con imaginación habrá que suponerlas telarañas. La fauna del ecosistema que se presentaba a los ojos del biólogo rondaba los veinticinco-treinta años —mi sorpresa fue mayúscula al encontrar cómo había subido la franja de edad, fruto de sin duda de los diversos cierres de locales para Góticos de Primera Generación, que concentran a los friquis en un solo sitio—. No localicé ejemplares especialmente reseñables dentro de la categoría Ausencia Absoluta de Sentido del Ridículo —tal vez sea que a estas alturas a mí pocas cosas me asustan—, pero sí un abundante número de Crestas hasta el Techo, Vampiresas Medievales, Sudorosas Niñas Embutidas en Vinilo y Polipiel y Tíos con Faldas, modelitos que, en un 90% de las veces, repetían los de las féminas. Mi hermana, que no dejaba de reír, comentó que les quedaban mejor a ellos que a ellas. Tíos con sobretodos, pues bueno. Todos. Sí, yo incluido. Bailaban con el abrigo, ondeándolo al viento y sintiéndose en Matrix. Hice un vuelo rasante para calcular en qué lugares podía depositar papeletas de publicidad de mi novela y concluí que lo más adecuado era en la entrada, con el puerta, si me dejaba. Si no, repartidas por las mesas y en la barra. Tuve que soportar el choteo de los colegas, ya que mis Tiempos Oscuros y Desesperados son ampliamente conocidos por todos, y jurar y perjurar que nunca le robé a mi hermana más ropa que calcetines cuando no había limpios, y que jamás he llevado falda. Vale, que sí, que será una convención social, pero a mí me parte la polla un tío en falda, lo siento. Además me resulta muy misterioso pensar en cómo mearán. ¿Se la quitarán? ¿Se la bajarán? ¿Se la levantarán y se la echarán sobre la cabeza como un burka y apuntarán a ciegas? ¿Se recogerán las telas coquetamente? ¿Se harán un nudo con ellas? ¿No mearán nunca porque miccionar es vulgar? Hay misterios del universo que es mejor que no salgan a la luz jamás...

El pincha, que está separado por una cristalera de seguridad para evitar que le hagan peticiones o le pongan una bomba —a veces lo merecería— puso The Mission, copia ñoña y barata de Sisters of Mercy que se deja escuchar, a los susodichos, NIN, al —sigh— Manson y algo de Depeche Mode remezclado de una forma particular. Yo estaba tan tranquilo y a gusto cuando comenzó el blackalao. Puro y duro. La diferencia que tiene con el bakalao estándar consiste en que los que bailan van de negro. Sólo se soportaría con LSD, y no había a mano, qué trágica es la vida, aparte de que yo sólo me dopo con aspirinas...

Con la intensa sensación de haber superado ya eso, de haber crecido, de ser un pulpo muy grande en un garaje muy pequeño —yo salía de ese rollo hace muchos, muchos años—, con ese terrible “yo ya he estado aquí” repicando en las sienes, bebí. El “yo ya he estado aquí” (que nos dice que somos viejos, que hemos cerrado etapas, que no encajamos, que debemos cenar leche con galletas, salir a pasear con el bastón y usar una manta eléctrica) no se detuvo, en cambio.

Así que bebí, y mezclé, y mezclé a sabiendas y a conciencia, para hacerme la coctelera en el estómago y perder toda la dignidad, la perspectiva y el dinero de la cartera.

A la tercera copa, todos estábamos haciendo el gilipollas. Mientras yo recordaba, sin poder evitarlo, el soma de A brave new world y el trance místico del baile bacante al que se sometían los miembros de todas las castas para estallar de éxtasis, para desaparecer y purgar las necesidades de la magia, de lo divino, de la cohesión social, del amor, del equilibrio y de la felicidad y la dicha, con la intención última de perder la personalidad y convertirse en un rebaño balante de ovejas, uno de mis colegas —Lector del Comité de Corrección de Primeras Pruebas— comenzaba a jugar a la catalogación.

Jugamos a Politeísmos. Empezamos a darles dioses bestiales a la fauna, que estaba ya bastante animalizada de por sí. Encontramos zorras, gatas, cacatúas, una pantera terrible, una coyote encantadora, un gatito montés con actitud de comerse el mundo, un perro callejero que no nos sostuvo la mirada, y pajaritos, muchos. De todos los tamaños y colores, aunque vistieran de negro. Sólo por fuera, claro.

Porque Politeísmos, como mis sufridos seguidores saben, es una novela de chamanismo moderno, en la cual los personajes llevan divinidades animales dentro, que luchan por acabar con el hombre. Save the planet, kill yourself, pero con menos jeta y sectarismo nauseabundo que el amigo Chris Korda.

Dejar el mundo para las bestias, para los árboles, para las rocas, las montañas, para el cielo y la tierra. Recomponer el equilibrio. Eliminar al Monstruo que camina a dos patas, que tiene la absurda capacidad de pensar hacia detrás y hacia delante —nunca en el presente, siempre en otro lugar, siempre—, de fabricar instrumentos, balbucir chorradas y ponerse ropa encima.

Ojo: no sé cuántas veces lo repetiré. Politeísmos no es una novela de fantasía común. Es fantasía realista. No podréis saber lo que es eso exactamente hasta que la leáis. Eso sí: yo prometo, y cumplo. No hay orcos ni elfos. ¿Licántropos? Pues... haberlos, haylos, aunque no existan. Yo sería uno de ellos, según la religión de Politeísmos, y la verdad es que no me transformo en nada con la luna llena, como tampoco sucede en la novela —cachis, ya no la vais a comprar, ¿no?—. Pero soy un lobo. No uno tan grande como el Álex —protagonista de mi novela—. Él lleva dentro a un Canis lupus lupus y yo no paso de signatus. Faltaría. Aquí hay clases.

¿Y vosotros? Conozco cánidos, felinos, pájaros, carroñeros, presas grandes y pequeñas. ¿Cuál es el vuestro? ¿Lleváis dentro algo?

Lo sabréis cuando salga a la venta, que si os lo digo ahora no la compráis.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2007

Tags: gotiqueces

servido por Álvaro 19 comentarios compártelo favorito

19 comentarios · Escribe aquí tu comentario

AcMe

AcMe dijo

No existe nada más gótico q una naranja jugando al fútbol, los q van de negro son unos conformistas jejejejeje

26 Febrero 2007 | 04:51 PM

Wildkatze

Wildkatze dijo

Qué grande, una camiseta de Naranjito. Qué gran forma de mostrar su Pain a Suffering. ¿Que por qué? Porque España se comió un moco, y se come, y se seguirá comiendo en los Mundiales.

PD: Yo no voy a sitios góticos, son todos unos conformistas.

27 Febrero 2007 | 12:09 AM

RaraAvis

RaraAvis dijo

Yo voy a sitios góticos, aparte de otros antros, es muy conformista negar ser conformista.
:p

27 Febrero 2007 | 10:24 AM

The Watcher

The Watcher dijo

Naranjito no era nada conformista, luchó en un mundo que le temía y le odiaba para llegar a donde ningún cítrico ha llegado jamás.

27 Febrero 2007 | 11:38 AM

Velvet Mouth

Velvet Mouth dijo

Si es conformista negar ser conformista, ¿es incorformista aceptar ser inconformista? o quiza ¿es conformista aceptar ser inconformista?...
- quien juega en la primera base
- quien
- no, que quien juega en la primera base
... esto... no sigo, que se me a acaban de caer los palillos y voy a ver si los recuento... :P

PD.: por diox, sal del autismo y mete mas post que nos tienes a dos velas, Mr. Naira.

2 Marzo 2007 | 04:57 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Perdón, perdón, perdón. Ahora mismo me pongo a escribir, Velvet Mouth.

"Sive deus, sive dea, sive mas, sive femina", como decían los romanos cuando no sabían el sexo de la divinidad con la que hablaban. Me encanta saber que tengo nuevos DIIS IGNOTIS. Nuevos lectores, vaya. Así me gusta, que me digáis que existís. Si no, me deprimo y mantengo Diálogos Con La Pared.

PD: Joder, qué bueno lo de Rainman. ¿Te puedes creer que he tardado dos días en pillar de dónde era?

Saludos.

4 Marzo 2007 | 12:45 PM

Gothik

Gothik dijo

hola esta interesante esto pero demasiado largo no importa eres escritor y no se solo dire ke he sonreido cosa ke no suelo aser...

5 Noviembre 2007 | 12:53 AM

Pangeah

Pangeah dijo

Pues yo sigo pensando que no hay grupito social más terrible y escalofriante que el de los otakus. Si no me creen, pongan "fan anime" en el youtube y ya me contarán. Las fangirlistas son también de cuidado Y HASTA MÁS, pero esas no dejan rastro; son las que te envían anónimamente fics Ikki x Shun al hotmail si llegas a soltar en un foro que no te gusta el yaoi, las que crean clubs Anti Fulana entre ellas mismas para desbancar a la que defiende que en el capítulo donde Kai y Brooklyn beybatallan el capullo con rayas en la cara estaba pensando en Rei al momento de decir "Yo tengo algo que tú no tienes; AMOR" -porque por diossss que todos sabemos que la imagen mental era Takao jo jo jo- desde un cyber bastante alejado de la computadora que suele usar para que no le rastree el IP y no pueda interferirle su cuenta en el foro shounen-ai de OKHC o OHSHC para los menos puritanos, aunque claro que es el doble de difícil decirlo así y se oye reteharto de feo. Si hasta eso que los góticos me parecen amables o__o

27 Diciembre 2007 | 03:18 AM

Pangeah

Pangeah dijo

Y normales, le dí a enviar antes de terminar. Y otra cosa: ¿Cómo diablos le hace uno para saber qué bicho tiene dentro? Pues conociéndose a uno mismo, burra, me supongo. Pero es que NO SÉ, ni de mí -en términos pullmanescos se diría que mi daimonion todavía cambia de forma- ni de la psicología animal o simbolismos o qué sé yo. Así que ¿Aparte de la novela y el SuperTestPostNovela no hay manera de saber en otras páginas?

27 Diciembre 2007 | 03:27 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Sí... he tenido contacto bastante largo, tedioso y profundo con señoritas otakus. Una ex novia y tooodas sus amiguitas histéricas, de hecho. Conozco un poco lo que se cuece. No me entusiasma el manga, pero de oír clasificaciones se te acaban quedando los nombres. Soy un pedazo de freak de Ulises XXXI, de Transformers, de Caballeros del Zodíaco, de Campeones, de Ranma: las series que veía de crío y adolescente. Y poco más. Son entretenimientos sin pretenciones. Si me tengo que quedar con un manga, naturalmente me quedo con AKIRA.

Eso sí, dejando al margen el entretenimiento sin pretensiones, sí soy un auténtico fanático de Miyazaki. Especialmente de Mononoke, por motivos evidentes para todos mis lectores.

Lo de los fanfics tiene más que gracia. Si algún día una colgada escribe un fic de yaoi sobre mis extrictamente heterosexuales personajes, especialmente sobre el Puto Amo (el Álex), sabré que he alcanzado la cumbre del friquerío. Sin lugar a dudas.

28 Diciembre 2007 | 01:26 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Ah. No hay ningún test fiable para sacar tu animal interior, salvo el que reposa en las profundidades de mi disco duro esperando que lo monte en flash. Y ni siquiera, porque es una demo y sólo tiene diez animales. Así que ya sería mucha casualidad que fueras uno de esos diez.

Nosce te ipsum; para mayor claridad, en griego: γνῶθι σεαυτόν. Y aprende etología.

28 Diciembre 2007 | 01:31 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Álvaro, ¡los Transformers originales no eran japoneses! Suspenso en frikismo XD. A no ser que te refieras a la versión que hicieron los japos, en cuyo caso tienes suspenso en buen gusto, porque era malísima (aún peor que la original, quiero decir).

Ah, y como te oiga por ahí algún fan radical de Caballeros del Zodiaco llamarla "entretenimiento sin pretensiones", te capa, que lo sepas.

28 Diciembre 2007 | 09:04 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Ya, ya sé xD Los transformers originales son MUÑECOS japos. Que a mí lo de "Takara" no me suena oriundo de Albacete. Luego se hizo la serie. Y lo que molan, ¿qué?

28 Diciembre 2007 | 09:46 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Fe de erratas: donde se lee extrictamente, léase estrictamente. Me disculparía diciendo que tengo un pelo de fiebre y sería verdad, pero nada disculpa una falta ortográfica tan tonta y mema.

28 Diciembre 2007 | 09:49 PM

The Watcher

The Watcher dijo

¿Takara? Hasbro, que yo sepa. Más yanqui que la tarta de manzana.

28 Diciembre 2007 | 09:54 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Y no, sé lo que estáis pensando: no soy friki, es que tengo memoria XD.

28 Diciembre 2007 | 09:59 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Takara, también. Y sí, eres un freak. Debería darte vergüenza.

28 Diciembre 2007 | 10:01 PM

The Watcher

The Watcher dijo

Hasbro primero :P. Y paro ya, que hemos entrado en modo Epi y Blas XD.

28 Diciembre 2007 | 10:09 PM

Alex

Alex dijo

Yo soy muy gotico,y soy tan inconformista que voy a comentar lo inconformistamente gotico que soy,y como inconformista que soy,voy a bailar expresando mi pain and suffering en mi habitacion,pero de dia,con el solazo entrando por la ventana...que coño,me voy a la calle,a estar rodeado de gente,para que todos lo vean...que coño!soy tan inconformista que dejare de referirme a mi con genero,soy tan inconformista que no tengo genero,soy el/la inconformista por excelencia...y¿que hago escribiendo como dictan las convenciones sociales?¿estoy loc@?soy un/una inconformista,asique escribire sin congruencia absoluta,de forma que solo yo lo entienda.kma,dnalsdkmmamsdf,nasd,fnasdfasdfbasdfsanfasdfñlsdjfknsafklasdfnsmaflkjsadfbasfàsif

Ojete de niñatos del seis...BAKALAS VESTIDOS DE NEGRO!...pero no sirven mal la bebida cuando se te conocen...xD

26 Mayo 2008 | 01:44 PM

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Sobre mí

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alvaronaira

Madrid, España
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Álvaro Naira es, aparte de un tocapelotas y un cínico, un escritor madrileño de fantasías urbanas, orgulloso de pertenecer al fandom y al subgénero. Que les follen al Realismo y a la novela intelectual.








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