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3 Febrero 2008

Carta de amor de una novela frustrada.

El 28 de enero del año 2000 el personaje de Álex conoce a Verónica en el Phobia y se la tira.

Así comienza Politeísmos. No con esa frase, sin duda (aunque tendría su gracia, ¿no os parece épica? Mucho más que la auténtica, “Pidió un tercio y encendió un cigarro”; que menuda sosería de principio, ya fosilizado, claro). El 28 de enero ha pasado; hasta el 24 de marzo, que es cuando termina la acción del libro, nos quedan dos meses cuajaditos de efemérides. Los celebraremos a medias, ya que no podemos desvelar la acción porque, como bien sabéis, no hemos publicado todavía y está feo sacudir a spoilers. Aquí publica hasta el gato antes que uno. Todo el mundo publica. Todos los que son alguien. Yo no soy nadie ni falta que me hace.

Algunos llevamos el fracaso en las venas. Lo traemos escrito en la frente.

Estoy tirando mi vida por el retrete. Claro, luego me quejo si se atasca el desagüe, y chillo que no quiero ser mayor, que quiero ser pequeño, quiero que llame otro al fontanero, no yo, yo me quiero largar al parque a darle patadas al balón y a merendarme la nocilla y el mundo entre dos rebanadas de pan de molde. Yo quiero huir, meterme en mis ficciones, ser un detective, un espía, un astronauta, un policía, un ladrón de guante blanco, un fantasma, un extraterrestre un superhéroe un licántropo. Un escritor, que es todos ellos. Y no puedo.

Porque sigo con depresión, claro. No quiero ir al curro. No quiero levantarme a las siete de la mañana. Ni siquiera quiero levantarme. No quiero limpiar ni cocinar ni comer. Pero yo me he hecho mi plato y ahora tengo que tragármelo, aunque se haya quedado helado y parezca un emplasto con grumos. Al microondas va, y a seguir escribiendo posts recalentados hasta que venga la noticia crujiente de la publicación, si es que viene. He escrito una novela; creía que saldría YA y se retrasa hasta límites que me obligan a considerar si debería dedicarme a otra cosa, y dedicarme en serio, para llegar reventado por la noche y freírme ante el televisor, salir los fines de semana, emborracharme como actividad social —nunca más solitaria—, y dejar de pensar. Pasar a ser gente. Como todos. Olvidar que tengo un don, el puto don de evadirme y de contarme historias, y sentir que son más reales que las que me pasan, y vivirlas a lo bestia, de la forma en que no vivo mi vida, que a nadie le interesa. Y a mí, al que menos.

Quiero follarme otra novela, otros personajes, otros mundos. Politeísmos y yo hemos acabado. Tengo que rehacer mi vida. Pero ah, aún la tengo aquí. Me manda mensajitos al móvil. Me dice que me echa de menos. Que lo nuestro aún funciona. Que deberíamos darnos otra oportunidad. Que no me rinda tan pronto. Que fuimos muy felices. Que aún podemos serlo. “Álvaro, por favor”, gime, y no soporto ver llorar a una novela adulta, hecha y derecha, “si me publicas, volveremos. Será para un mes tal vez, para dos, pero volveremos. Follaremos igual que follábamos, con nuestros mismos juegos. Follaremos como bestias, como animales. Serás otra vez el lobo que eras, y dejarás de ser un perro doméstico, amansado por el mercado y el tiempo. Me compartirás con muchos —sé que eso te pone, pedazo de enfermo—. Podréis hablar de mí, de mis mejores posturas, de mis encantos secretos, de mis problemas, de mis curvas argumentales y mis turgencias, de lo mal que la chupo en el primer capítulo, de cómo sorprendo en el cuarto, cómo me lo curro en el séptimo, cómo te llevo al orgasmo en el décimo, y a partir de ahí no lo dejo, salvo anticlímax diversos... Álvaro, aún nos queda lo mejor. ¿No me crees? Mírame. Mírame a las letras y dime que me odias. Escúpemelo a los párrafos que tanto acariciabas hace un año, pasando los símiles, los zeugmas, las enumeraciones, con la punta roja de un pilot, trazando un hilo fantástico, imaginario, que a veces se volvía nítido, para eliminar a golpe de cruz y de vistos y carcajadas, como si fuera el examen nefasto de un alumno, la metáfora, la adjetivitis, la catacresis, lo que dolía, lo que sobraba, lo que me impedía crecer; y lo hacías con rabia dañina, con soberbia de creador, como si yo fuera tuya, sólo tuya, para nadie más, y quisieras sacar de mí mi mejor yo, igual que decía Salinas antes que los libros de autoayuda... Sé que ya me detestas. Te dices que soy demasiado juvenil para ti, que ya tienes treinta tacos, que no estás para perder el tiempo en lolitas con la cabeza llena de fantasía y de pájaros azules, tan propios de otra época, Álvaro... Que ya no somos románticos, ya no somos modernistas. Nunca lo fuimos, ¿te sirve? Estuvimos saltando desde el colchón del hiperrealismo al del mito, dando volteretas, enlazándonos como cobras, retorciéndonos en la fantasía convencional, buceando en la bañera de la narrativa de metro, de parada de autobús, de evasión barata, para salir, siempre, para llegar más lejos... Pero tú ahora te convences de que soy mala, mala con avaricia, y demasiado amable al tiempo, porque no incomodo, no destruyo, no hago sufrir lo suficiente..., y así me haces prostituta y santa —qué típico, Álvaro, qué típico—, dices que no te convengo, que soy poca cosa, que soy fea, simple, igual a miles de millones, que no aporto nada, que no soportas ni mirarme, que estoy mal hecha, aunque mi simetría sea perfecta. Odias aquello de mí que antes amabas, como siempre sucede. Álvaro: te equivocas. No soy tuya. Dejé de serlo en cuanto me escribiste la última palabra en los muslos, apretando con las uñas en la piel seca y rosada, y dejaste tu nombre en un rastro de carne blanca. Me firmaste entonces. Lo hubiéramos hecho con sangre y cuchillas —nos hubiera gustado, ¿no es cierto?—, pero lo hicimos con los dedos, con las teclas, con la tinta, por aquello de los tópicos gastados. Y aquí estamos. Tres años, Álvaro. Pronto se dice. Dos años de desencuentros, uno de encuentros siempre en la pantalla, a cada minuto, al otro lado, de buscarte mientras trabajabas, mientras salías a comprar, mientras viajabas, mientras veías a tus amigos y a tu novia, y no fui feliz hasta que te aparté de todo, Álvaro, hasta que te tuve sólo para mí, hasta que te quedaste en el paro y completamente solo, y no te importó, te dio lo mismo, porque sólo yo era real, sólo yo era verdadera, sólo entre mis páginas pasaban cosas ciertas. Y ahora, me tiras. Ahora me desprecias. No es culpa mía, Álvaro. Nos ha pasado la vida por encima como un coche, nos ha aplastado la realidad, ha conseguido que odies los centros comerciales, las librerías, los autores, las presentaciones, las publicaciones de crítica, los suplementos culturales, el olor a limpio de la imprenta, las cubiertas satinadas y brillantes, las voces de megafonía que anuncian las sesiones de firmas: hasta los libros los odias, Álvaro. Hasta la literatura. Lo sientes todo como el tinglado de una gran farsa a la que tú no estás invitado, porque eres de los pocos que van de calle, que no van disfrazados, que saben lo que quieren, que no se amoldan, que no cambian, que no pasan por el aro del concurso, de la carrera de fondo, de la persecución al autor consagrado. ¿Tengo yo la culpa de lo que ha pasado? Álvaro; sólo soy una novela. ¿La primera? La primera publicable, la primera que importa. Las demás fueron pruebas, proyectos, manoseos en los rincones de un garito, cogidas de manos en el cine, besos blancos. Tú y yo hemos follado. Nos quisimos. No puedes echarme a patadas porque estés cansado. Cuando me hayas usado, cuando ya no sirva, cuando te canse de veras, no me dejarás tú: me iré yo sola, a tirarme a lectores que no conoces, que no quieres conocer, que no conocerás nunca, porque si los conocieras, ya no serían lectores: serían amigos, te leerían por compromiso, y eso no te interesa. Lo hermoso, Álvaro, lo bonito de esto, es que a ellos no les importarás ni lo más mínimo, les importaré yo, sólo yo. Te criticaremos por las noches, nos reiremos de ti y de tus perversiones, compartiremos la cama, un bol de palomitas calientes, una bolsa de pipas de calabaza, un cigarro, una mesa, un sillón, un banco del parque, un asiento del metro; me meterán el flexo hasta el fondo, me atravesarán con los dedos, explorarán los rincones húmedos por los que tú te hundiste dejando tu huella. Follaremos de todas las formas posibles, en todos los sitios que imagines, y tú no estarás allí. Estarás con otra, y me habrás olvidado, como yo te olvidaré, porque tendré otros, otros que me entiendan de una manera distinta; ni mejor ni peor: diferente. Entonces, pasaremos página. Tú me cerrarás para siempre, y seguiremos creciendo. Solos, cada uno por su lado. Pero no ahora. Todavía no. No puedes. Me tienes presente, cada minuto del día y de la noche. Álvaro: asúmelo. Aún me quieres”.

Y lo que me jode es que la muy puta tiene toda la razón.

Desde el faro,

Al.

Álvaro Naira © 2008

servido por Álvaro 18 comentarios compártelo favorito

18 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Bof... qué lírico.

3 Febrero 2008 | 09:05 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

También tiene uno derecho de cuando en cuando a ponerse ñoño, ¿no?

3 Febrero 2008 | 09:22 PM

Pangeah

Pangeah dijo

Pues a mí me ha gustado. Ojalá que pronto me coja a mí.

3 Febrero 2008 | 11:15 PM

Azaroa

Azaroa dijo

Jo, yo que venía a echarte la bronca por dejar de actualizar los sábados y veo que has subido post...

Muy bonito. Y que sepas que yo me la follaré de tal manera que reinventaremos el kamasutra.

Ah, y otra cosa... el 28 de Enero es una fecha clave de mi vida. Desde hace un tiempo, todos los 28 de Enero pasa algo importante... para bien o para mal, pero importante. Por eso abrí el Fotolog, porque el 28 de Enero del año pasado empecé a vivir otra vez, igual que el anterior había muerto... etc, etc. Espero que tu 28 de Enero también me marque.

Un besito.

3 Febrero 2008 | 11:46 PM

loredhi

loredhi dijo

Qué bueno

4 Febrero 2008 | 05:05 PM

Doctor

Doctor dijo

Eres un hijo de puta que me ha ablandado por un momento... menos mal que tengo a mi amiga la botella para olvidar que, hablando de fracasados, yo encabezo la lista, los foros, y las estadísticas que salen del INEM.

No admiraré nunca que publiques, eso es el resultado de un buen polvo (afortunado además, porque hay que follar un día concreto en el que todos los astros se alineen para que todo sea fortuna, y algo de gloria), pero sí como escribes.

¡Y basta ya de lamer prepucios! Nunca fui gay... aunque me mole Abba... :):):)

Me voy a follar con tu novela de todos modos... :)

4 Febrero 2008 | 07:45 PM

Darthz

Darthz dijo

A mí me ha encantado, y me ha parecido uno de tus mejores posts desde hacía ya tiempo (y no por la etapa de hibernación).

Es visceral, ¿verdad?

Fantástico, Al.

5 Febrero 2008 | 12:04 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Al Doctor: ¿Abba? ¿Abba? Pero, doctor, si quiere ser DE VERDAD un hortera escuche a los góticos y atormentados The Cure en la más gótica y atormentada canción de su gótica y atormentada carrera.

Pinche aquí y sabrá lo que es la Oscuridad Con Mayúsculas.

(Sí, lo sé, ha sido una INMENSA crueldad por mi parte. Qué quiere, esa canción me descojona).

A Loredhi: Wo. Una lectora perdida que regresa de las profundidades del abismo... Gracias por dejar tu huella :) No tengo otra forma de saber si ya estáis hasta la polla de mí o no.

A Azaroa: Sip. 28 de enero. Justo ese día comienza la novela, por ningún motivo en particular. Porque algún día tenía que empezar. Esperemos que te guste, coño, y que te afecte. Lo espero de verdad. Como luego te parezca una mierda tendrás la BLIGACIÓN MORAL de contarme por qué.

A Pangeah, A Darthz y a moi, de paso: Sí, sí. Si el texto es "bonito". Supongo que tengo muchos problemas con los textos "bonitos". Me resultan facilones. Tenemos unos resortes, ¿de acuerdo? Hay cosas que nos tocan la fibra. A todos. Porque somos humanos. Es facilísimo pulsar esas cuerdas. Lo chungo es tocar otras. Os lo explicaré con todo lujo de detalles cuando escriba el post de pedanteorías dedicado al culebrón (pisar la bicha).

Lo que me interesa de este texto en realidad es el trabajo de voz femenina, la morosidad del tempo, el yo lírico, el vocativo, la reiteración, el cúmulo de aposiciones, las estructuras trimembres, la extensión sintáctica, la enumeración eterna, la cadencia de tamborcillo. Ciertos detalles rítmicos que huelen a Cortázar, que nos obligan a leer en susurro, en gemido, queramos o no. Rebotica de escritor, señores.

¿Pensaba en todo esto mientras escribía?

Qué va. Ni de coña. De hecho es un post apresurado: la idea la reciclaré para una novela, pero escrita EN SERIO. Algún día os contaré cómo manejo yo la técnica y cómo aprendo y asumo técnicas nuevas. El post se titulará “Yo escribo con las tripas porque soy la puta hostia en bicicleta: no intentéis esto en casa sin la presencia de un adulto”. O algo parecido.

Podéis odiarme; cosas del ego de globo. Para vuestra tranquilidad de espíritu, pronto se pincha, y comienzo a pedir perdón por ser un mierda. Básicamente.

5 Febrero 2008 | 12:43 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Y la verdad está, siempre...
EN LA DELGADA LÍNEA.

¿Soy un escritor malo? No. Paso de falsa modestia. Me considero bastante decente. Si no, me dedicaría al encaje de bolillos, arte complejo y sutil que se está perdiendo: una tragedia.

¿Soy un gran escritor? Ni en broma. Aún me quedan muchas lecturas y escrituras a cuestas como para considerar que mis textos puedan valer la luz que gastáis en pantalla...

(Qué pena, mola más la comparación manida con el papel impreso. Cachis).

Hale. Dejemos las vueltas de la noria para otro día.

5 Febrero 2008 | 12:50 AM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Ah, lo olvidaba. De entrada, no me considero escritor. Es lo que tiene no haber publicado. Me repito, me repito, lo que me gusta citarme: "una novela no existe hasta que la leen desconocidos, del mismo modo que no existe un color si el que lo mira es daltónico".

Arf. Qué a gusto me he quedado.

5 Febrero 2008 | 12:59 AM

Pangeah

Pangeah dijo

Yo no dije que fuera "bonito." De hecho trato de no usar esa palabra porque me suena despectiva y para escapar. ¿Qué te parece mi nueva blusa? Ah, está bonita. Algo así. Sólo dije que me había gustado y no tengo ganas de decir por qué :P

5 Febrero 2008 | 08:16 AM

Ausente

Ausente dijo

Joder, me ha encantado este post. Has vuelto con fuerza ¿eh?

5 Febrero 2008 | 05:43 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

A Pangeah: jo xD Y sí, tienes razón. Y ya me podría estar calladito, que estoy más mono. Cada vez que me examino mis textos considero que son lo peor, y así es como humillo a todo el mundo: a mí el primero. Ventajas: si no me siento satisfecho con nada me los curro más la siguiente vez, aunque eso suelo hacerlo en ficción. Un blog sólo es un blog. No puedes andar tocando cada artículo hasta que quedes satisfecho.

A Ausente: qué va. He vuelto desinflado...

5 Febrero 2008 | 06:32 PM

Stavrogin

Stavrogin dijo

Por supuesto que se admite la lírica, Álvaro, pues en el fondo se debe admitir todo lo que está bien escrito. Al principio no pude evitar identificarme contigo (sí, ese odioso hábito de identificarse con el autor). De hecho, llegué a pensar que estabas escribiendo algo muy parecido a lo que colgué yo cuando decidí cerrar mi blog (estoy hundido, no puedo levantarme de la cama, he engordado quince kilos, apesto a mierda y no me importa).

Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre tu texto y el mío. Tu post está lleno de ilusiones. Obviamente te arrepentirás de haber colgado algo tan personal. Pero también creo que disfrutarás releyéndolo. Y lo harás porque sabes que está muy bien escrito; te sientes orgulloso de este texto, más allá de que sea personal o no. Eres un tío profundamente enérgico. Te admiro mucho, en serio. Siempre deseas. Como decía Nietzsche, antes podrás desear la nada que no desear.

El deseo -el motor de tu noria- es lo que te salva de tu pulsión de muerte. Si dejaras de desear durante dos días, te lanzarías a la vía del tren sin sopesarlo siquiera. Es muy poderosa la energía que transmiten tus textos,

Y otra cosa. Nos quejamos del gobierno chino, pero a mí me asusta mucho más la censura que existe en nuestras sociedades occidentales cuando toca hablar del suicidio. Ahora nos cuentan que el protagonista de Brokeback Mountain no se suicidó; nos dicen que fue un accidente, que él no quería, que se tomó ochenta pastillas sin darse cuenta. Eso sólo se lo puede creer un imbécil, claro. Todos sabemos que ese tío se suicidó. Es lo que ocurre cuando ya no te ilusiona absolutamente nada, cuando ni siquiera puedes desear la nada. Quien llame "accidente" a eso es un canalla.

7 Febrero 2008 | 06:09 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

A Stav: en realidad, estoy muy cerca del estado de abulia y de no desear nada. Porque detesto la novela. Quiero que se publique para librarme de ella.

Del mismo modo, sé que cuando se publique volveré a amarla. O no. Es un texto juvenil, en el que eché todas mis ilusiones reconcentradas y maceradas desde los diecisiete a los veintiséis años. La escribí con veintiocho y posiblemente el lector ideal tenga veinte. Siempre vamos por detrás. Es muy posible que mi mejor obra la produzca con sesenta años, si es que llego. Es el curso natural de la vida.

Respecto al suicidio, tendría MUCHAS cosas que decir. Siempre se ha ocultado o se ha enaltecido. Nunca se ha considerado la consecuencia normal y cotidiana de la náusea.

No digo más del suicidio porque si hablo de suicidios acabo hablando de la novela y desvelando detalles que a nadie le interesan.

Me alegro de leerte por aquí. Y por allí, claro. Aunque no comente nada... apenas tengo nada que decir, nunca. Sacarme las palabras para un artículo es hundirme un sacacorchos en la tráquea.

El deseo nos mueve. Hay que desear cosas. Yo deseo que leáis mis ficciones: todos. Y que os hagan pasar un buen rato a los más chavales, y os hagan regresar a la adolescencia furiosa a los más talluditos, y tal vez plantearos lo que hemos perdido. Todos. Yo incluido.

Aunque puede (puede) que yo lo recupere. Si vuelvo a escribir...

CUANDO vuelva a escribir; corrijámonos.

Salud.

7 Febrero 2008 | 06:55 PM

Aguaraguazu

Aguaraguazu dijo

hasta dentro... brutal

1 Marzo 2008 | 05:13 PM

TIAMAT

TIAMAT dijo

Es necesario tener el corazón triste para escribir?. Creo que os pasáis todo el rato criticando vuestros escritos para conseguir el elogio ajeno.
Álvaro, eres un provocador. Lo que dice tú novela me ha gustado, incluso excitado, pero no me gusta todo el rato ver como la odias al igual que la amas... Es tuya, parte de ti, no odies lo que has creado, no lo modifiques, no la intentes cambiar, pues será entonces otra novela... No la he leído, no se si ya la has publicado... pero por ella misma se hace querer.
Gracias por los excitantes minutos que he vivido leyendo este post

3 Abril 2008 | 10:25 PM

Álvaro Naira

Álvaro Naira dijo

Bienvenida al faro, Tiamat.

Aún no la he publicado. Por eso la odio. No la odio a ella; no es culpa suya. Es culpa del mercado. Llevo tres años sin escribir otra cosa. La he leído más de cien veces. Es lógico que me canse.

Un escritor puede autocriticarse para provocar la llamada "captatio benevolentiae". Es cierto. Pero éste no es mi caso. Estoy muy, muy cansado de la novela. Culpa del mercado, siempre. En cuanto salga a la venta, volveré a amarla.

No pienso cambiarla: no toco una coma, eso por descontado. Saldrá a la venta algún día. Los lectores de la bitácora seréis los primeros en enteraros.

Si quieres saber algo más de mi novela, Politeísmos de Álvaro Naira, pincha aquí.

De qué trata Politeísmos.

Tener un animal dentro.

Y por si te da por ahí, enlace al que yo considero mejor artículo de la bitácora:

La puta noria.

Saludos.

4 Abril 2008 | 01:13 AM

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Sobre mí

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alvaronaira

Madrid, España
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Álvaro Naira es, aparte de un tocapelotas y un cínico, un escritor madrileño de fantasías urbanas, orgulloso de pertenecer al fandom y al subgénero. Que les follen al Realismo y a la novela intelectual.

contadores de visitas
futuros compradores de Politeísmos.






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