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	<title>Ars amandi?</title>
	<tagline type="text/html" mode="escaped">El arte de amar... y el arte de romper. Esta es una separación, una de tantas. Es la mía,  incomprensible, como casi todas...</tagline>
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	<modified>2007-10-27T15:29:06+00:00</modified>
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	<dc:subject>Personales</dc:subject>
	
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		<title>Cómo decirte</title>
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		<issued>2007-10-27T15:29:06+00:00</issued>
		<updated>2008-08-29T20:27:08+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Cómo decirte que no me interesa. Que no. Que no quiero saber de tu vida, de tu familia, de tu mujer. No quiero saber de tus proyectos, ni de tus domingos, por más que andes por aquí dentro como un bucanero vil, rociando de gris-lluvia mis noches. Que no quiero verte. Que me ciega ese anillo grotesco y ese reloj de capo desubicado y ese aire de hombre honorable, como todos, cabeza asentada y sonrisa tonta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que, pese a todo, aturdida por ese resplandor de quincalla cara, donde bailan vestidos blancos, canapés fríos, suegras diligentes y lazos fucsia, adivino un hilo de ternura que me agita y que me devuelve al desierto de los no-entiendo, qué-debería-haber-hecho, cómo-pudo-sucederme-a-mí.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No quiero verte. Que no entiendo nada. Qué fácil, Dios, es el reemplazo de las ilusiones más sinceras, cuánto desengaño, qué pronto se puede dejar de querer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vete ya, joder. &lt;/p&gt;

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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2007/05/26/un-paso-atras</id>
		<title>Un paso atrás</title>
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		<issued>2007-05-26T15:57:33+00:00</issued>
		<updated>2008-02-21T15:38:05+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Cuánto tiempo sin hurgar en este espacio. Volver aquí me produce la inquietud de esas cosas esenciales e íntimas que nos revuelven. Estar aquí, con la tristeza en las sienes una vez más, me recuerda que hay nudos difíciles de desatar, que el pasado se agarra a la piel empozoñándolo todo, el muy cabrón, hiriéndome el orgullo, castigándome a un rincón. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ironías de la vida. Hace unos días recibí un correo de un lector de este blog, que, en plena separación, está viviendo esa especie de sinsentido, frío, cruel,que nos vapulea cuando se acaba el &quot;nosotros&quot;. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo llevaba meses aparentemente en el buen camino, haciendo mis ejercicios, ordenando mis álbumes, reconciliándome con mi pasado. Así que, muy animosa, le respondí con un cantarín &quot;todo pasa&quot;. Se sufre, le dije, pero mírame a mí. Tantos meses he llorado y he sido incapaz de imaginar mi vida sin él... Y ahora siento que me fortalecido, que me he hecho más autónoma, he conocido gente nueva, he hecho cosas a las que nunca me hubiera atrevido si hubiese seguido a su lado. No se puede evitar el dolor, pero ten por seguro que, a la larga, todo lo verás de un modo distinto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Eso le dije. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un día más tarde, mi ex aparece en mi trabajo. Eufórico, con esa euforia cuasi-maníaca que le he visto a lo largo de estos meses, y que me hacía pensar que, en el fondo, las cosas no iban bien. Un beso cordial de amiguetes-buen rollo. Me compro un piso, dijo agarrándose a una cocacola que, al parecer, le infundía valor. Las piernas me temblaron, y eso que estaba aún en el primer asalto. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tengo novia. Me caso. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Feroz, implacable, el vértigo continúa... y yo haciéndome añicos. A estas edades uno no puede pensarse mucho las cosas, dijo. Un puñetazo en las entrañas. Un piso es un patrimonio... Me desplomo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seguí con la mirada fija, mirando el vacío, puesta la media sonrisa, los dedos entumecidos. Como una estatua de cristal, me caí, sentí el precipicio mientras continuaba mirándole sin dar crédito. Una vez más. Un paso atrás.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy lo odio. Me produce náuseas pensar en él, como si realmente, de una vez por todas, ahora fuese un elemento tóxico, y tuviese que ser expulsado de mi cuerpo. Y todo eso sabiendo, que, ante todo, me estoy odiando a mí. Por haberme creído tantas palabras huecas sobre mujeres especiales que sólo pueden evocar amores eternos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo, la insustituible, había sido lanzada, en muy pocos meses, al pelotón de lo prescindible. Mientras yo acariciaba la caja de los recuerdos, y lloraba la ruptura de nuestros proyectos, y rumiaba, comprensiva, sobre su incapacidad para un compromiso maduro, estaba siendo reemplazada por alguien que, al parecer, con un chasquido de dedos, había sido capaz de ilusionar y encender un mundo de camisas planchadas, carritos con bebé e hipotecas compartidas. Estaba preparada para asumir que durante años había sido la pareja de un hombre con vocación de Peter Pan, pero no estaba preparada para esto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le costó decírmelo. Ahora sé que muchas personas en mi trabajo conocían la noticia, y estaban expectantes ante mi reacción; como el público de los realities, ansioso por conocer la respuesta de la mujer despechada, que pasó de ser mágica y admirable, a ser material de segunda, carne de frustración y olvido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuántas veces había oído hablar de estereotipos de hombres que ponen excusas para el compromiso y que, al poco tiempo, acaban comprometiéndose con otra mujer. De hombres que pasan de la adoración a la indiferencia en un tris. De hombres con palabras infladas y propósitos vacíos. De hombres sin palabra. De hombres sin memoria. Siempre los percibí como estereotipos. Ahora sonrío con amargura pensando que he sido una mujer típica con un hombre estereotípico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, querido Aeroplano, no dejes de hacerme caso: el tiempo suavizará mucho las cosas. A pesar de todo, asume que habrá pequeños retrocesos, sutiles mordiscos en la autoestima, sorpresas que te harán reconstruir tu visión de ti mismo y de los demás, vientos huracanados que te harán soltar alaridos. Y, sin embargo, volverás a estar abierto al mundo.&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/12/05/hombres-y-mujeres</id>
		<title>Ellos</title>
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		<issued>2006-12-05T21:27:15+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:27:03+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Hasta ahora nunca había percibido el mundo en términos de hombres y mujeres. En muy pocas ocasiones me había parado a pensar en las diferencias que quizás existan en estilos de afrontar los problemas, en formas de ser feliz, en formas de amar, en vías para olvidar. Soy consciente de que muchas revistas (especialmente las llamadas &quot;femeninas&quot;) y muchos libros de divulgación han disertado sobre &quot;los hombres&quot; y &quot;las mujeres&quot;. Y sí, claro que he oído chistes y estereotipos sobre ello. Yo, sin embargo, en mi ingenua y torpe ¿pureza?, acostumbrada a competir en un mundo de hombres, rodeada y apoyada por hombres, pocas veces me había visto implicada en ese tipo de discursos generalizadores sobre &quot;los hombres&quot;. De hecho, siempre me habían parecido discursos rancios... Había conocido a hombres tan sensibles como yo, y hombres amargos, y envidiosos, histéricos, asustadizos, responsables, entregados, íntegros, banales, atormentados, quejicas... No, no hubiera sabido decir cómo son los hombres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ah, pero llegó la separación. Y de pronto me vi envuelta, una y otra vez, en conversaciones de mujeres repasando sus experiencias sentimentales. La etiqueta &quot;los hombres&quot; despuntaba constantamente, y se buscaban semejanzas en reacciones de hombres aparentemente tan diferentes. De repente, todos parecían iguales. Yo analizaba el comportamiento de mi ex- y... de un modo sutil, pese a mis resistencias, me fui deslizando y empecé a preguntarme si quizás los hombres viven el amor y el desamor de un modo distinto. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Olvidan los hombres con más facilidad? Mientras las mujeres rumiamos, revisamos, recordamos, elaboramos, pasamos página con dedos lentos y temblorosos... ¿qué hacen los hombres? ¿buscan distracción? ¿evitan sufrir? ¿corren en busca de alternativas?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Qué extraña esta categorización burda entre &quot;ellos&quot; y &quot;nosotras&quot;. A lo largo de estos meses, el mundo de los blogs me ha dado la oportunidad de oír voces  bellísimas de hombres de a pie que relatan su ruptura, sus conflictos internos, su rasgarse por dentro. Algunos de ellos, que se han paseado por aquí con la mirada tierna, sin duda me han entendido, y han compartido conmigo sus desventuras, y me han ofrecido abrazos virtuales y me han dado el calor de su empatía...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;¿Realmente somos tan diferentes? &lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/10/20/y-ahora-que</id>
		<title>Y ahora qué</title>
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		<issued>2006-10-20T18:22:01+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:20:19+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Lo malo de separarse no es sólo la sensación de abandono, el desamparo, la soledad. Ni la sensación de que nunca podremos mirar de frente al pasado, porque nos quemará. Tampoco es sólo el vacío, el sentimiento de pérdida, la desilusión dibujada en la cara. Ni esa caja de recuerdos que me revuelve hasta la náusea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos días pienso en otra dimensión de la separación, más ligada al futuro: Temo perder la ilusión, dejar de creer en los demás, perder la capacidad de amar con todas las letras. Temo estar de vuelta de las cosas, no poder abandonarme sin un ojo alerta, convertirme en un animalito inseguro y resentido. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y los errores... También pienso en las posibilidades de repetir los mismos gestos, tropezar con las mismas piedras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo peor de separarse no son los proyectos frustrados. Lo peor es el equipaje, ese lastre turbio que se va colocando sobre la espalda.&lt;/p&gt;

		</content>
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		<title>¿Qué coño hago con los recuerdos?</title>
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		<issued>2006-09-09T13:56:07+00:00</issued>
		<updated>2007-11-16T20:36:44+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Recuerdos asesinos. ¿Qué debo hacer con estos recuerdos que se empeñan en merodear por mi cabeza todas las mañanas? ¿Qué significan, qué buscan? Recuerdos de momentos dulces, de besos ilimitados, de risas, también recuerdos de palabras mal pronunciadas, de gestos que quizá debí reprimir... ¿Por qué insisten en pegarse a mí? ¿Son restos de amor o pura nostalgia? ¿Les doy rienda suelta o me echo a correr? Dios, cómo duelen.
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/09/06/aun-ano-</id>
		<title>¡Un año!</title>
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		<issued>2006-09-06T17:37:24+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:14:00+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Va un año, sí. Y la cosa, por lo que veo, aún está cruda. Parece mentira que sea un año y que yo aún esté en este punto, enredada en los recuerdos, con tu sombra bailando por aquí a todas horas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es que no te lo mereces, tío. Estoy segura de que tú no estás enfermo de melancolía ¿verdad? Hoy he sabido de ti. Me han dicho que estás en fase pletórica, eufórico; no he querido saber más, pero parece que todo OK; la vida es sencilla, fiesta, piscina... ¡venga esa cerveza!. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yo me despierto contigo, viajo contigo, repaso los vacíos cada día, últimamente hasta me culpo de no haber dado lo suficiente. Por supuesto que tú no serás tan estúpido como yo, y no te harás pupa. Ya sabemos que tu religión te hace alérgico a la incomodidad y el dolor. ¿Que algún recuerdo hiere? Se espanta y adiós, tan ricamente, faltaría más. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya ves que aún no estoy curada de nuestra separación. Y bien que lo siento. Creía que un año sería más que suficiente. Me gustaría decirte que me alegro de que estés tan feliz, que yo también lo estoy y que fuimos inteligentes al tirar a la basura 11 años de proyectos. Joder, pero no puedo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos días he revivido momentos de hace un año. ¿Te acuerdas cuando cada día tomabas una decisión distinta? Un día me veías como una amiga, al día siguiente te planteabas volver a los 15 días, luego un mes, luego tengamos un hijo pero sin sufrir, que yo quiero una vida divertida, más tarde qué tal pasión pero sin comprometernos... Que sí, que no, que no sé. Mientras, yo no daba crédito. ¿Dónde estaba el que me adoraba, el que no podía vivir sin mí, el que me quería como la tierra al sol? Qué poquito espacio ocupaba en ti, cuánta palabrería, qué liviano era todo ¿no?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bueno, colega, llama cuando quieras; igual tengo sustituta y ya te importa un pimiento esta pequeñita a la que cargaste de ilusiones para luego desinflarla en el momento preciso. Carpe diem.
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/08/13/verano</id>
		<title>Verano</title>
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		<issued>2006-08-13T14:05:35+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:11:17+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Es increíble cómo ciertas épocas pueden evocar los recuerdos más ocultos, aquellos que aparentemente estaban ya almacenados, ordenados, bien cicatrizados en la memoria. El verano invita a disfrutar en plenitud. Días dulces en los que hemos vivido momentos plácidos. Algún día de verano posiblemente todos hemos visto, frente a frente, a una vida sonriente, generosa, que nos abrazaba y nos mecía, tan prometedora ella... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy es verano. En el corazón del verano me asaltan sabores de otros tiempos, cuando yo fluía al ritmo del sol, porque el sol me pertenecía... y yo  me dejaba querer, y tenía toneladas de ternura para mí sola, y el futuro se abría ante mí, expansivo y locuaz. Recuerdo un viento tan feliz y entusiasmado que me desbordaba... y yo me dejaba llevar. Entonces iba de la mano de una alegría transparente, infantil, que simplemente me impregnaba toda, toda. El verano era una &lt;em&gt;road movie&lt;/em&gt; de autopistas íntimas, libres, ilimitadas, de emociones intensas, atardece en Tarifa, qué rico pastel de nata, huele a tamboril. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy es verano y tengo huecos. El viento se ha vuelto hosco y yo he bajado de todas las cumbres, incluida la de la inocencia. Qué árido se ha vuelto el paisaje, quién habrá quemado tanta ilusión. A la melancolía a veces se suma la culpa, esa villana infame, que consigue colarse en mi casa para recordarme que no hay sentimientos incombustibles, que todos los besos son perecederos, las caricias no tienen el antídoto contra la fatiga. Y los sueños... sueños son.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aún no me he puesto ninguna coraza. Siempre me gusta caminar a cuerpo descubierto. Me dejo acariciar por el sol y les devuelvo sonrisas a las brisas nuevas. Ya no voy de la mano del entusiasmo, ni me apoyo en el hombro de la alegría. En realidad, no me apoyo en ningún hombro. Cuando me canso, sólo me siento a ver el mar, intentando adivinar cuántas risas se podrán atrapar en aquel horizonte rojizo...
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/06/04/ex-apuros</id>
		<title>Ex en apuros</title>
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		<issued>2006-06-04T19:42:26+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:04:02+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Mi ex está en apuros. Tiene problemas. Problemas en el trabajo, problemas consigo mismo, problemas de ubicación en la vida, problemas de desconcierto y desánimo... Problemas. Siempre tengo noticias de él cuando hay problemas. Cuando la vida se le hace soportable, parece que quedo desplazada de su campo personal; no sé nada de sus risas, ni de sus proyectos más optimistas, ni de sus momentos claros. Se ve que en esos momentos no existo. Pero si aparecen las sombras, necesita mi palabra, mis abrazos... &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No me gusta ese papel. No quiero ejercer la función de madre-refugio, muro de lamentaciones, lamedora de heridas. Es un papel que me pone en una situación difícil. Soy lo suficientemente sensible para que me duela su dolor, pero, al mismo tiempo, siento que esos ya no son mis asuntos, o no deben serlo. Al fin y al cabo, yo llevo meses lidiando con mis problemas; el malestar vital, sentido en soledad, es un peaje más en esta decisión que hemos tomado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero ¿cómo no implicarme si ha formado parte de mí? ¿cómo darle la mano sin que el contacto nos confunda? ¿cómo se camina en esta cuerda floja tan delicada? Hoy me resultó difícil no dejarme arrastrar por la química. Los rescoldos están ahí, vaya si están. Están el olor, manos impacientes, labios húmedos. Un par de abrazos, besos que queman, y un escalofrío recorriéndome la espalda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se fue, me quedé cabizbaja, observando como los nudos de siempre iban tomando posiciones dentro de mí. En la calle atardecía, y yo, sola otra vez, me eché a correr por el parque huyendo de mis fantasmas.
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/05/17/un-poco-todo</id>
		<title>Un poco de todo</title>
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		<issued>2006-05-17T13:34:01+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:02:27+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Hace ya bastantes días que no escribo nada. Quizás porque sentía que no tenía mucho que contar. Paso mucho tiempo en mi lugar de trabajo; al salir, la luz de la primavera que me parece tan azul y brillante como siempre. El guión del día a día me produce cierta paz, al menos aparente; todo tan estructurado, la máquina rodando sola, sin que yo tenga que hacerme preguntas existenciales, ni ponerme cara a cara con esa maleza interna que, de vez en cuando, me da una colleja: eh, niña, hay que ordenar este patio. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo cierto es que empiezo a comprobar eso que tantas voces amigas repiten: el paso del tiempo ayuda a ver las cosas de otra forma. Hace pocas semanas me sentía como en &lt;em&gt;pause&lt;/em&gt;, sin haber avanzado casi nada después de tantos meses de la ruptura. Sin embargo, estoy notando que lloro menos, los recuerdos me aturden menos, las fantasías de reconciliación han desaparecido, la figura de mi ex se va diluyendo. No se ha disipado, no, pero deja de estar recubierta de ese halo de emociones anudadas que en otros momentos me sofocaba. Me estoy apuntando a actividades varias, bien diferentes de las que él practicaba, estoy conociendo a personas nuevas, de una órbita también muy diferente; tengo que redefinirme y creo que esto me ayudará. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quiero empezar a despegar. Pero, ay, también he comprobado que ese proceso no es un camino llano; dos pasos adelante y uno atrás. Hoy es festivo aquí, la máquina deja de rodar, y la mañana vino, traicionera, a recordarme otros años, momentos entrañables en días como este. Me acurruqué bajo las sábanas, me defendí como pude del pasado implacable, quise soñar con otras nubes, con el mar cálido de otros viajes, pero, erre que erre, el pasado estaba aquí, bajo mis párpados, canalla. Me levanté desasosegada, dejé que el viento entrara en la habitación... Pese a todo, no lloré.
&lt;/p&gt;

		</content>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/05/02/acomo-nos-repartimos-amigos-</id>
		<title>¿Cómo nos repartimos los amigos?</title>
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		<issued>2006-05-02T18:58:10+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T07:00:39+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;Mis amigos estuvieron en casa. Fue un fin de semana esperado, que estuve preparando con ilusión durante más de diez días, y del que disfruté como hace tiempo que no hacía. La playa estaba preciosa, las terrazas repletas de gente, las nubes eran rojizas al atardecer. Me empapé de las cosas sencillas que me gustan, y fui parte de esa marea de niños sonrientes que asaltan la calle con juguetes y merienda. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero mis amigos no son sólo míos. Mi ex estuvo con nosotros, y de vez en cuando los recuerdos me atropellaban y me dejaban un sabor amargo. Estás muy guapa, te veo bien. Muy cordiales los dos, mientras las fotos viejas iban desfilando por dentro y yo me preguntaba dónde había ido a parar toda aquella magia. También observé su indiferencia al hablar del pasado y su falta de sensibilidad cuando hablaba de mí. Dios, cuánto había cambiado todo.  &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ayer por la mañana los amigos se fueron, les despedí con la mirada un poco llorosa y me quedé con el hueco de los afectos ahí, justo en el centro del estómago. Me ahogaba en casa, bajé a ordenar el trastero, las llaves se quedaron dentro. Un lapsus inocente... pero, una vez más, dependía de mi ex para continuar el día. Él traería, orgulloso y paternal, las llaves de mi casa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por la tarde tuve necesidad de sol. Apenas me senté en el parque, me llamó. Un amigo le había fallado y tenía la tarde libre. Me sentí como una especie de plan B. Media hora más tarde estábamos espalda con espalda, sentados en el césped, cada uno con su libro, cada uno construyendo su propio mundo, orientados en direcciones opuestas. Ya casi nada nos unía, y percibí que, a estas alturas del partido, poco podíamos compartir. Sin embargo, qué difícil es despegar...
&lt;/p&gt;

		</content>
	</entry>
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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/04/24/y-soledad</id>
		<title>Y la soledad</title>
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		<issued>2006-04-24T19:45:06+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:59:51+00:00</updated>
		<content type="text/html" mode="escaped">		
&lt;p&gt;De momento, aún soy incapaz de encontrarle ventajas a esto de la separación. Los fines de semana se me hacen cuesta arriba y llego al lunes encogida, melancólica, aturdida; zarandeada por la soledad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Me encanta la primavera. Disfruto como una niña sintiendo estos días amplios, claros, verdes y azules, observando cómo la gente se despereza del invierno, se coloca la sonrisa y se lanza a la calle a reconciliarse con la naturaleza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este año no puedo compartir la primavera. Me sorprende cuánto echo de menos la mirada compartida, compartir anécdotas, paseos, compartir la risa, ir de la mano de un compañero de viaje. ¡Y pensar que he tenido fama de independiente, de autosuficiente! &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este fin de semana lloré de soledad. Hasta escribirlo me apena. Mientras los amigos de siempre tienen sus parejas, sus propias familias, sus niños y sus vidas estructuradas, ahí estoy yo, con el norte perdido, deseando intimidad y cercanía, imaginando cuánto afecto podría entregar y cuánto quisiera recibir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La calle estaba bulliciosa el sábado. Fue uno de esos sábados luminosos de parejas con niños, niños con balones y merienda, abuelos complacientes, adolescentes en moto. Vi personas haciendo eso que yo quisiera estar haciendo: deslizarse plácidamente por la calle, sintiendo el calor de los otros, arrullando al bebé, comprando un helado para dos. Vi pocas personas solas... y pensé qué difícil era conseguir lo más sencillo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En un intento por reencontrarme y reinventarme después de años en pareja, me paseé por los lugares que frecuentaba en mi vida previa. Me pareció que volvía a un pasado remoto; paseé por mis parques de estudiante, mis tiendas de estudiante. La atmósfera era la misma, pero había cambiado yo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acabé comprando sábanas, tazas y manteles para recibir en casa, el próximo fin de semana, a viejos amigos (con niño) que vendrán a visitarme. Fue un placer hacerlo, sentir que estaba preparando lo mejor para mis amigos, que los cuidaría como reyes, que los abrazaría hasta hacerlos crujir. Comprar manteles era un acto de amor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;También pensé seriamente en salir de esta situación. Esta vida de soltera no es una buena vida. La verdad es que nadie me enseñó a salir de la soledad, y tengo que empezar a pensar en alguna estrategia. Se admiten sugerencias.
&lt;/p&gt;

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		<title>Las llaves de mi casa</title>
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		<issued>2006-04-21T19:18:01+00:00</issued>
		<updated>2008-01-21T13:13:55+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Hace unos días me llamó. Era tarde y me sorprendió oírlo. Ni siquiera recuerdo cuál era el motivo oficial de la llamada, pero en el curso de la conversación le pedí, amablemente, las llaves de casa. Un segundo de silencio tenso, otro de titubeo y finalmente, un pacífico &quot;claro que sí&quot;. Me las entregaría la semana que viene.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Debo reconocer que en ningún momento ha utilizado las llaves de un modo invasivo o molesto. De hecho, en los últimos meses ni las ha utilizado. Pero para mí es un acto simbólico.  Necesito sentir que sólo yo tengo la llave de mi mundo, que puedo cerrar la puerta cuando yo quiero, que él no podrá decidir, por su propia cuenta, cuándo entrar y salir de mi vida. Yo seré la única ama de mis llaves.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ayer me volvió a llamar. Yo estaba en en trabajo y él necesitaba ir a casa a ver un vídeo... Vaya casualidad. Justamente ahora que debe entregar la llave, le surge la necesidad de usarla. Por supuesto, le dije que sí, y allí estuvo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta mañana, en pleno horario laboral, el móvil suena. Un ataque de ansiedad (el primero en su vida)le había llevado a urgencias; no había podido ir a trabajar. Vendría a comer conmigo y me lo contaría. Confesaré que la punzada del apego me aguijoneó de nuevo. Por unos minutos soñé con un volver y un &quot;me he dado cuenta&quot; y un &quot;quiero estar contigo, en nuestra casa, como siempre&quot;. Claro que es una estupidez, pero, cómo decirlo, estas ensoñaciones son instintivas e irracionales, automáticas, arrolladoras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mi ex no quería volver, sólo necesitaba un paño de lágrimas. Camino al restaurante, me fue hablando de sus angustias inexplicables (!), y también de sus proyectos. Cambiarse de ciudad, un viaje largo con un nuevo amigo... Nada en lo que yo pudiera participar. Los ojos se me humedecieron, pero él no lo notó. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aguanté el tipo durante la comida. En algunos momentos me sentí triste, en otros hasta nos reímos. Por momentos me pareció un hombre vencido, torpe, incapaz de comprender su vida. Incapaz de comprender que los zigzag estaban desbordándolo, también a él. Las llaves de mi casa le habían jugando una mala pasada.&lt;/p&gt;

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		<title>...El después</title>
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		<issued>2006-04-19T15:25:50+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:59:11+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Después de ese mes de reflexión, vino la ruptura en serio. O quizás no tanto. Él sugirió que nos siguiéramos viendo: quería una relación pasional, pero sin compromiso; algo que me horrorizó y me pareció bastante fuera de lugar después de años de convivencia y de haber diseñado un futuro en común. Pensé que era bonito eso de las relaciones pasionales... pero no entre nosotros. ¿Cómo podría disfrutar de una relación meramente pasional con alguien que me coronó como la futura madre de sus hijos, que me llenó de recuerdos, que me cargó de futuro, de emociones y de sentido?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Simplemente, dije que no. Aun así,en el fondo creí que volvería. De vuelta a casa, pequeñita y esperanzada, miraba desde la calle la ventana del salón, esperando que él estuviera allí, esperándome, entre luces tenues y aromas conocidos. Suponía que una persona tan afectuosa y entregada como él, protagonista de una historia sincera como la nuestra, no dejaría de llamarme, de preocuparse por mis asuntos, de preguntarme qué tal el día, cómo has comido, necesitas agua, tienes que cuidar más la alimentación, te llevo a la estación, besitos de buenas noches. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nada de eso hubo. La independiente de la pareja(léase yo) revisaba constantemente la pantalla del móvil; no hay llamadas perdidas, no tiene ningún mensaje. Aquel que no podría vivir sin mí, que durante años me llamaba tres y cinco veces al día, parecía desentenderse de mis cosas con la misma indiferencia con la que uno se desentiende del envoltorio de una bolsa de patatas fritas. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Así que tuve que ir asumiéndolo... Esos primeros días todavía mantenía en alto, ingenua, la apuesta de la reconciliación. La primera crisis vino a finales de octubre: vino a recoger todas sus cosas. Se había ido prácticamente con lo puesto y, hasta el momento, yo podía oler su ropa, allí estaban sus libros y hasta sus recibos de banco. Allí estaban todos los indicadores de que la ruptura había sido temporal; de hecho, de algún modo, él estaba allí. Ese día de octubre yo estaba de viaje; me encontré la casa desnuda, pobre, vacía... Como una posesa rellené los cajones, estiré mi ropa y mis peines y mis cremas, cambié su nombre en la agenda del teléfono, descolgué sus cuadros. Y vino el primer contacto serio con la realidad: no iba a volver, al menos a corto plazo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que ocurrió los meses siguientes es más difícil de relatar. En una primera etapa lo llamé varias veces, cómo estás, regular, yo también, esto me está afectando mucho, cuídate. Nada más. Alguna vez nos vimos para asuntos domésticos, y yo seguía cultivando mis fantasías de abrazos, esperando un &quot;qué estamos haciendo&quot;, &quot;no puedo seguir sin ti&quot;, &quot;pero qué ciego estaba&quot;. Encontré más bien una actitud fría y chulesca, como auto-defensiva. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego vino un vaivén tipo ojos del Guadiana. Un viaje a Oriente le conmovió el espíritu; me echó de menos obsesivamente. Creí en una revolución interior (esa que, según él, le hacía falta), y, a la vuelta del viaje, me lancé a sus brazos sin pensarlo demasiado. Craso error. Hubo pasión, pero, de nuevo, me dice que eso es lo único que quiere.&lt;br /&gt;
Por supuesto, acabé entrando en mis cabales, al menos con la razón, y asumí que nuestra relación tenía tatuado un &quot;the end&quot; gigantesco. Empecé a asumir mi soledad, y a organizar mi vida (¡a estas alturas!) sin él. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la cosa no era tan simple. A lo largo de estos meses, me declaró su amor... y su incapacidad para una vida estable conmigo, y me habló de crisis existenciales, y de treguas, y de su confianza en un &quot;nosotros&quot; que había sido demasiado bello como para echarlo por la borda de un modo tan pueril.&lt;br /&gt;
Asumió su inmadurez,  volvió por casa a buscar abrazos, y de nuevo pasaron semanas sin llamadas... y me dijo aquello de &quot;eres demasiado buena para mí&quot;, &quot;no puedo hacerte feliz&quot;, &quot;quiero lo mejor para ti, y eso no soy yo&quot;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, ni contigo ni sin ti. Mientras tanto, mi cabeza giraba, intentando darle un nuevo rumbo a la vida, pero al mismo tiempo pendiente de esa puerta al pasado que no acababa de cerrarse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El último episodio vino con nuestro aniversario, que, además, coincide con mi cumpleaños, hace pocas semanas. Un somero y cordial mensaje en un día emocionalmente tan significativo, me hizo maldecirlo y me llevó a una nueva crisis. Aquello era radicalmente definitivo. Dos días más tarde viene a casa a recoger correo y me suelta un &quot;te quiero a como una amiga&quot;. Adiós, que te vaya bonito, sólo eso pude decir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, así están las cosas. Todavía tengo el tic de mirar el móvil (cada vez menos) y los amaneceres me queman de recuerdos. Definitivamente, no puedo ser su amiga.
&lt;/p&gt;

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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/04/06/el-antes-</id>
		<title>El antes...</title>
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		<issued>2006-04-06T18:22:53+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:58:04+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Nadie hubiera dado un duro por nuestra relación. Ni yo misma hace 12 años. Él, expansivo, impulsivo, sociable hasta la desesperación, dependiente, soñador, ingenuamente optimista. Yo, anti-convencional de mente ordenada, disciplinada y escéptica, pies en la tierra y mirada infantil, tímida, esquiva. Se fue introduciendo en mi vida como una bocanada inmensa de aire fresco. Fue un invasor implacable de mis tiempos y de mis espacios; con una perseverancia infinita, acabó habitando en todo mi centro y se convirtió en una fuente de afecto constante, segura, inagotable. Durante años, fuimos un sistema que se autocorregía: él, encendiéndome las mechas del entusiasmo, el movimiento y la risa; yo, moderando sus excesos naif y recomponiendo sus fragmentos después de los frecuentes planchazos con la realidad. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Éramos piezas opuestas, pero encajadas por el apasionamiento, la intimidad, los proyectos... ¡Ay, los proyectos! Seríamos felices, viajaríamos, tendríamos hijos, construiríamos castillos y jugaríamos con las nubes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego vinieron tormentas externas e internas, escollos difíciles, pruebas duras, aplazamientos forzados. Y, durante años, los proyectos se quedaron en eso: proyectos que existían como promesas agazapadas. Llegó el momento de darles forma: agosto de 2005 (dicen que es el mes de las separaciones)y una decisión: se acabó. Los proyectos se había quedado mustios esperando en el cajón y, al parecer, a él (que era la cara incombustible de la ilusión), esas cosas ya no le ilusionaban. Rondaba los 40 años y tener una casa le parecía una vulgaridad; tener hijos, un exceso de responsabilidad. La rutina era aburrida y el futuro jugando con las nubes, simplemente, no era emocionante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La caja de Pandora estaba a reventar y cayeron rayos y centellas. Lo compartíamos todo, me quería, le quería, no había terceros... pero me pareció obvio que aquel barco naufragaba. De repente, ya no tenía dentro a ese ángel entusiasta, afectuoso, generoso... En ese momento tuve la visión de un ser inmaduro, egoísta, simplón, una caricatura burda de vodevil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mis juguetes quedaron destrozados. Llevaba años preparando en la imaginación mis sueños... Pero no.&lt;br /&gt;
Un mes para pensar... Pero no.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora, siete meses más tarde, me duele a rabiar su falta. O quizás no es eso... Es la falta de eso que tuvimos y que compartimos y que nos hizo crecer juntos. Decididamente, no puedo ser su amiga. &lt;/p&gt;

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		<id>http://www.espacioblog.com/amandi/post/2006/04/05/aque-hago-aqui--2</id>
		<title>¿Qué hago aquí?</title>
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		<issued>2006-04-05T12:44:50+00:00</issued>
		<updated>2007-11-06T06:57:55+00:00</updated>
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&lt;p&gt;Separarse asfixia. El peso del pecho, el nudo del estómago, el vacío, la náusea... Hasta hoy, no era aficionada a los blogs. De hecho, la auto-revelación me produce bastante pudor. Pero hoy he decidido abrir este espacio, casi por impulso. Estos días he vagado por diarios de personas que describen su proceso (&lt;a href=&quot;http://www.espacioblog.com/separandome&quot;&gt;Separándome&lt;/a&gt;, no sabes cómo te entiendo), y su lectura me ha producido un no sé qué que me ha hecho cambiar mi perspectiva sobre los blogs. Dice la psicología que narrar, hilvanar y plasmar emocionalmente los procesos personales delicados ayuda a digerirlos y integrarlos en la propia vida con naturalidad. Algo así necesito. Tengo las emociones dispersas, desintegradas, con la figura-fantasma de mi ex revoloteando por todas las esquinas. Debo conseguir que se asiente, que ocupe su sitio y deje de sabotearme los días.&lt;br /&gt;
Se acerca un período de vacaciones, la temporada más crítica, ya que es el tiempo que compartíamos con más intensidad y ternura.... y la ausencia se agiganta. &lt;/p&gt;

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