A Nadie…
He despilfarrado el tiempo en mis fallidos intentos por recuperarte, más nunca en todo este tiempo volviste a mirarme. Han sido tres largos años que parecían interminables, en que la monotonía arribó a mi vida, en que la lúgubre soledad se acrecienta día con día. Tres años en los que no te vi andar, en los que mis ojos se acostumbraron a no verte, en los que mis manos extrañaron entrelazarlas con las tuyas, en las que mis brazos pedían amarrarse a tu cuerpo, en los que mis labios pedían un beso y en los que mi corazón gritaba por ti.
El sol siguió brillando pero no en mi vida, desde que me aparté todo cambió, mi mundo se derrumbó cuando te alejé de mi vida, me arranqué mis alas y caí por primera vez estando siempre en el cielo, y la caída dolió demasiado y aún persiste el dolor. Mi corazón comenzó a latir por inercia, porque la razón que se llamaba tú, desapareció como cometa en el cielo. Un corazón que se rompió en miles de pedacitos cuando me alejé de tu corazón, miles de pedacitos que no encuentran lugar ni forma de cómo reconstruirse, y aún yace la estaca clavada en el fondo, duele tanto.
Ya de nada sirve pensar en el futuro, si aquí y ahora mi vida en el olvido ha quedado, con los sueños, con las ilusiones, con lo que un día fue. Dime por favor en donde puedo dormir sin recordarte y donde recordar sin que me duela. Dime por favor donde puedo caminar sin ver tus huellas, donde puedo correr sin pensarte y donde descansar con mi tristeza. Dime por favor cual es el cielo que no tiene el azul profundo de tu mirada y cual es el sol que tiene tan sólo luz y no el calor con el que me envolvías entre tus brazos. dime por favor cual es la noche en que regresaras a velar mis sueños.
Si dijera que te amé, te mentiría porque aún te sigo amando, porque aún te sigo soñando, porque sigo recordando, el primer beso, el primer día. Traté de olvidarte, pero mi olvido fue simplemente otra forma de amarte. Amé, sufrí, gocé, sentí el divino soplo de la ilusión y la locura. Tuve la antorcha, la apagó el destino y me quedé con la desventura de perderte. No tuve más remedio que la resignación de saber que había perdido a la persona que avivaba mis emociones, mi corazón.
Pero duele aún más saber que no tendré oportunidad para recuperar estos tres años de tiempo perdido, te extraño tanto mi amor, me haces tanta falta, siento a cada instante como se me va la vida y siento sigilosamente como el ángel negro se aproxima a tocar puerta. Sin embargo te agradezco que me hayas enseñado que el amor existe, que me hayas enseñado a amar y que me hayas dado aunque sea por instantes.
Ha llegado el ángel negro, le he preguntado: “¿Cuál es el peor castigo?” Él me ha respondido: “Querer y no ser querido”. Es por eso que si al vivir no podré poseerte y si al morir fuera a tenerte, mil veces prefiero la muerte, que el vivir y no tenerte. Te amo, y nunca, ni un momento dejé de hacerlo.
