Es el arte de interpretar textos. Los griegos llamaban hermenéus a quienes oficiaban de intérpretes o traductores de cualquier lengua o explicadores de cualquier disciplina. A partir de los hermenéus se formó el adjetivo hermeneutikós (relativo a la interpretación), que en nuestra lengua dio lugar al sustantivo hermenéutica, aplicado inicialmente a interpretación de la Biblia y, en un sentido más amplio, a la interpretación del fenómeno religioso como un todo, a las teorías filosóficas del significado y a la comprensión e incluso la interpretación de los textos literarios.
En los siglos XIX y XX, la hermenéutica alcanzó el estatus de sistema filosófico, merced a los trabajos de Wilhelm Dilthey, Edmund Husserl y Martin Heidegger.
Tomado de: LA PÁGINA DEL IDIOMA ESPAÑOL
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La historia de esta palabra se remonta a 30 siglos atrás, cuando Atenas era gobernada por el rey Codros, en una época en que la ciudad fue invadida por los dorios. El oráculo de Delfos había vaticinado que los atenienses sólo lograrían vencer y expulsar a los invasores si Codros perdiera la vida en batalla.
Al conocer la profecía, el monarca fue al campo de batalla y provocó abiertamente a los dorios hasta éstos lo mataron, pero enseguida sufrieron una derrota aplastante a manos de los defensores de Atenas.
Los atenienses decidieron entonces que no había nadie que reuniera condiciones suficientes para suceder en el trono al rey héroe y decidieron nombrar en su lugar a un magistrado civil, que llamaron arkhon, en español ‘arconte’, dando inicio así a una magistratura que gobernó a Atenas durante cinco siglos, hasta la tiranía de Pisístrato, en el siglo vi a. de C.
El edificio de gobierno, donde el arconte ejercía sus funciones, era el arkheion y el conjunto de los documentos públicos allí albergados se llamaba ta arkheia, palabra que en latín tardío dio lugar a archivum, que llegó al español como archivo.
A partir de arkheion también se originó otra palabra griega, arkhé (gobierno, mando), que está presente como elemento compositivo en numerosos vocablos de nuestra lengua, tales como ‘monarquía’ (gobierno de uno), ‘oligarquía’ (gobierno de pocos) y ‘anarquía’ (ningún gobierno), así como ‘patriarca’, ‘matriarca’ y muchos otros.
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