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CARTAPACIO

En Cartapacio los hechos se presentan rigurosamente, sin dejar a un lado la opinión y el análisis de diferentes temas. La información y la opinión se conjugan para dar cuenta de la realidad y de los hechos más relevantes del momento.

10 Abril 2008

Ciudad Palpada (Primera parte)

Claudia Aristizabal en compañía de Lilí, su perro guía.

Autora: Mónica María Vásquez Arroyave
El bus Coonatra se detiene en una esquina del barrio Prado. A pesar de la celeridad con la que estos hacen habitualmente su recorrido, el conductor espera un poco a que Giovanni se acerque. ¡Buenas tardes!, dice mientras se sube, y con la confianza de quien sabe por dónde va, camina derecho, se abre espacio entre la gente y, sin necesidad de palpar, busca un asiento vació y se acomoda al lado de una señora que mira por la ventana las casas que, con su estilo arquitectónico de corte europeo, recuerdan al barrio de los años 30 y 40 del siglo pasado.

Giovanni Vásquez tiene 27 años, es abogado de la Universidad de Antioquia y actualmente estudia Filosofía en esta misma institución. Es invidente de nacimiento pero no da pasos en falso cuando de salir por Medellín se trata. “Cuando sé el paradero de los buses no tengo que preguntarle a nadie”, dice, aunque a veces debe pedir ayuda o, si no hay nadie cerca, elevar su mano, esperar a oír como el bus se detiene y preguntarle al conductor el número de la ruta.

Con la misma facilidad con la que coge el bus, Giovanni trabaja como presidente de la junta directiva de la Unión Nacional de Limitados Visuales (UNLV), a la que llega siempre ayudado por su bastón.

Claudia, por su parte, sujeta la correa de su perra labrador y sale a caminar por Medellín. En ese momento comienza la faena que por diez años la ha llevado a enfrentarse con la vida desde la oscuridad.

De sus ojos marrones escapa una mirada indiferente ante las figuras y colores de la Universidad de Antioquia mientras, con paso seguro, se abre camino entre los estudiantes. ¡Lilí, a la biblioteca!, dice al dirigirse al servicio para invidentes Jorge Luís Borges, en donde un grupo de estudiantes leen textos académicos a los invidentes.

A sus 20 años, cuando iba a nacer su hijo Pablo, los médicos le descubrieron un tumor cerebral, que fue extraído en una cirugía el mismo día en que se le realizó una cesárea para que pudiera nacer el niño. Horas después de salir del quirófano había perdido la visión en un 98 por ciento. Quince días más tarde dejaría de ver completamente.

Aunque fue difícil adaptarse a la falta de visión, pudo sobreponerse a la depresión gracias al apoyo de su familia. “No se puede dejar de vivir por una limitación”, comenta.

Fue a los ocho meses de haber perdido la visión cuando Noreida Orrego, una educadora especial invidente, le enseñó a desplazarse. “Empecé con el bastón, temiendo que mi profesora me dejara aporrear, pero como ella había vivido lo mismo, sabía de mis temores y me enseñó que tropezar hacía parte del aprendizaje”.

Sin embargo, desde hace once meses dejó el bastón y adquirió a Lilí en la Fundación Vishnú del Ciprés, en Bogotá. “Al principio tuve miedo de enfrentarme a las calles con un perro, pero ahora me siento como si saliera con una persona”.

Claudia abandona la biblioteca y enfila hacia el salón donde recibirá su próxima clase. Dice que aunque no ha tenido problema para ingresar con su perra a lugares públicos, posee un carné que le permite hacer uso del decreto 660 de 2003, sobre accesibilidad de los limitados a diferentes establecimientos.

Ella estudia actualmente tercer semestre de Psicología y cursa un taller de masajes en Comfenalco. Sabe que Pablo es su motivación. “Quiero salir adelante por mi hijo”, concluye, e ingresa al aula sin tropiezos.

Al contrario de Claudia, cuando de desplazarse se trata, Andrés Felipe Marín Montoya prefiere el bastón “porque es más práctico, se puede guardar fácilmente, mientras que el perro ocupa más espacio, y hay que estar pendiente de sus necesidades fisiológicas”. Además piensa que éste lo privaría de disfrutar la universidad en las horas nocturnas, pues “al perro le puede dar estrés”.

Felipe parece un as con las palabras, y esta facilidad es quizás la que lo llevó a estudiar Licenciatura en Lengua Castellana, en la Universidad de Antioquia. Nació viendo pero a los 6 meses de edad se le empezó a desarrollar una enfermedad y a los 3 años perdió la visión. Ahora, a los 25, sale desde su casa -que está ubicada entre Guayabal e Itagüi-, hasta la universidad.
Aunque es capaz de hacer el recorrido solo, su madre lo acompaña hasta cierta parte “me ayuda a cruzar la avenida Guayabal que es muy difícil”, señala.

Las dificultades que tiene Felipe son los carros, los postes y las carretas de los vendedores ambulantes, que se encuentra atravesados en las aceras, pero eso no es impedimento para que Felipe acuda a la sala de invidentes de la Universidad de Antioquia, a departir con sus compañeros sobre algún libro de Borges o de Cortazar, o a que le faciliten un audio libro para hacer una de las cosas que más disfruta: leer.

Al igual que Felipe, Claudia y Giovanni también buscan la manera de vivir la ciudad. Los tres han encontrado en su limitación una oportunidad para hallarle un lado más espiritual a la vida e imprimirle coraje a sus sueños.

Ellos hacen parte de una realidad que afrontan muchas personas con discapacidad visual. Según los datos presentados por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, para el año 2006 se registraron en Colombia un total de 87.525 personas con deficiencia visual, de las cuales 38.130 eran discapacitadas visuales. Para el caso de Antioquia se registraron 2491 personas con discapacidad visual, hasta ese año.

En la ciudad de Medellín esta población ha contado con diferentes avances en la parte arquitectónica, como los dispositivos sonoros o las losetas táctiles, que posibilitan su movilidad, así como con el apoyo de distintas entidades que velan por sus intereses y necesidades, haciendo que Medellín, conforme a lo que sucede en otras ciudades del mundo, se convierta en una ciudad incluyente y equitativa.

Es necesario aclarar que no debe confundirse el concepto de ciudad incluyente, con el proyecto Construyendo Ciudades Incluyentes, Promoción de la Equidad de Género en la Gestión Local, que se ha realizado en diversas ciudades de Latinoamérica y de Europa con el fin de contrarrestar las inequidades de género que afectan especialmente a la mujer, siendo ella una de las principales constructoras de las ciudades. Con el proyecto se busca entonces la participación política, social e institucional para que haya equidad e inclusión en las ciudades.[1]

Sin embargo, gracias a las acciones encaminadas al beneficio y la participación de los discapacitados, en la construcción de la ciudad, se podría hablar de Medellín como una ciudad que está trabajando por ser incluyente.
[1] Tomado de www.quito.gov.ec

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10 Abril 2008

Ciudad palpada (Segunda parte)

Algunas soluciones de movilidad

En Medellín se cuenta con diversas obras arquitectónicas, dirigidas a facilitar el desplazamiento de las personas con discapacidad visual. Una de ellas son los semáforos sonoros, inaugurados en el 2003, y cuya red comprende ocho corredores viales en el centro de la ciudad, incluidas dos intersecciones semaforizadas y 114 módulos sonorizadores en el centro de Medellín.

No obstante, su funcionamiento se ve limitado. Guillermo Gutiérrez, funcionario de la alcaldía de Medellín, encargado de la supervisión y control de estos dispositivos, comenta, acerca de los sonorizadores que se encuentran apagados, que aunque en el mes de abril se terminó el contrato con la empresa encargada del mantenimiento, y sólo desde hace tres meses la empresa bogotana ANTRI Ltda., retomó esta tarea, los problemas actuales son el robo de estos elementos que no le sirven a nadie y que son de beneficio exclusivo para los invidentes.

Sobre la semaforización, Carlos Jaramillo, invidente, piensa que “es un buen proyecto si se continúa, se mantiene un buen control sobre él, y se les hace mantenimiento”.


Por su parte, el invidente Héctor Piedrahita, comunicador social y coordinador de actividades de la UNLV, cree que cuando se instaló la semaforización hubo un “poquito de roncha”, debido a que algunos la consideraron contaminación auditiva, pero que con el tiempo se vio que era algo necesario.

Los semáforos permiten que los invidentes puedan andar seguros y sin tener que esperar a que alguien les ayude a cruzar la calle. Es así como el limitado visual David Carabalí dice que estos “son una excelente ayuda porque de esa manera podemos cruzar con más confianza, evitar que nos atropelle un vehículo o un motociclista”, mientras que Wilmer Velásquez Gallego, estudiante de la UNLV, dice que no ha tenido ningún problema con los semáforos.

En la ciudad de Medellín se puede ver que en muchos de los andenes existe una textura especial basada en líneas, y se pueden apreciar y sentir con los pies una serie de puntos o bolardos, los cuales indican que finaliza el andén y se aproxima un cruce. Estas son las losetas táctiles, diseñadas e implementadas para que en la ciudad los limitados visuales puedan transitar con facilidad, siguiendo una ruta fija. Sobre su implementación, Beatriz White, secretaria de bienestar social del municipio de Medellín, explica que dichas losetas son una obligación exigida para todas las obras que se construyen en esta ciudad, desde el año 2004.

Es así como se pueden apreciar en todos los corredores urbanos que se han construido desde entonces, en lugares como Carabobo, la Avenida el Poblado, la 10, Castilla y el corredor de la Nororiental, entre otros.

Para Giovanni Vásquez, estas “son ideas muy buenas y que mejoran muchísimo la calidad de vida” y es por eso mismo que Andrés Felipe Marín, pide que la gente no las obstruya.

Además de estas losetas, Héctor Piedrahita, anota que en las estaciones del Metro existe cierta rugosidad en el piso que le permite al invidente desenvolverse mejor, aunque Andrés Felipe, considera que, una vez en el interior de las estaciones, no hay ningún tipo de señales que le posibiliten su desplazamiento, pero allí “los auxiliares de la policía siempre están muy pendientes de uno”, dice.

Juan Felipe Correa, comunicador del Metro de Medellín, informa que en el sistema no se cuenta con estructuras especiales diseñadas para los invidentes, aunque para las PMR (personas con movilidad reducida), es decir, discapacitados motrices, visuales, auditivos, personas enyesadas, mujeres embarazadas, o personas con dificultades para subir escaleras, existen opciones como los ascensores, las escaleras y las plataformas electromecánicas Stairway.

En el Metro hay también personal de apoyo que brinda acompañamiento social y cívico, ayudándole a los limitados con la orientación dentro de la plataforma, el ingreso al vagón e, incluso, con llamadas a las estaciones de destino para que allí se les siga brindando ayuda.

Jairo Gutiérrez, de relación con la comunidad del Metro de Medellín, indica que, además de estas estructuras y acompañamiento en pro de los discapacitados, actualmente se realiza la campaña educativa para la formación de los usuarios.

De otro lado, teniendo en cuenta a la población invidente, en el bloque 22 de la ciudadela universitaria de la U de A, puede oírse un sonido intermitente -una especie de pito-, emitido por el Elegua, objeto que tiene como fin orientar a los invidentes, y que está conformado por un parlante, cuya base mide menos de un metro y medio de altura, y que se activa manualmente entre las seis de la mañana y las nueve de la noche, aproximadamente.

Muchos invidentes aseguran que, aunque este sonido proviene de la plazoleta central, a veces parece que viniera de otras partes. ”Si la fuente está prendida, yo me dejo ubicar más por la fuente y a ese pito no le pongo cuidado” señala Sulay Yépez. Sin embargo, cuando un invidente se logra acercar, puede palpar, a través del sistema de lecto- escritura braille, el siguiente anuncio: “Presione el botón para recibir información” y, después de pulsarlo, este informa a través de una grabación el lugar en dónde la persona se encuentra ubicada y la dirección a seguir, si se quiere dirigir a diferentes puntos de la universidad.

Este proyecto, creado desde el año 2006 por la Universidad de Antioquia y su grupo de Electrónica de Potencia, Automatización y Robótica, representa una de las acciones que han sido pensadas y desarrolladas con base en las necesidades de la población invidente. No obstante, Felipe Marín piensa que no le sirve de nada porque el ya se conoce de memoria la universidad y, en el caso de un estudiante nuevo, se puede generar confusión debido a que “no ofrece una información completa”.

Jorge Iván Vélez Mesa, ponente de este sistema, que únicamente está implementado en la Universidad de Antioquia, dice que no entiende por qué se da esto, ya que el Elegua tiene la hora para la orientación en braille, por lo que resalta la importancia de saber leer en este sistema de lecto-escritura. El aparato “tiene al lado superior, al norte las doce, las tres a la derecha, abajo las seis y las nueve a la izquierda”, explica.

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10 Abril 2008

Ciudad palpada (Tercera parte)

Lo que se debe mejorar

A pesar de las obras que se han construido en la ciudad de Medellín, las acciones en beneficio de los discapacitados visuales deben dirigirse a la educación de la ciudadanía de modo que se pueda generar un cambio de actitud y, de esta manera, una mayor sensibilidad ante las necesidades de orientación y acompañamiento que tienen los invidentes, pues es claro que ningún ser humano está exento de perder la visión.

Al respecto, Andrés Felipe Marín considera que la Universidad de Antioquia es un espacio para la movilización, pero que se pueden implementar campañas educativas para que las personas que pueden ver posibiliten el transito de quienes tienen una limitación visual.

Otra necesidad en común que tienen los limitados visuales, es la de paraderos establecidos en los que puedan esperar el bus, con lo que se facilitaría su desplazamiento por la ciudad, de manera que, como ellos se desplazan a través de mapas mentales, no tendrían que esperar a que otra persona les indique las rutas.

Así mismo, consideran que debe haber más precaución a la hora de señalizar las construcciones, dado que coinciden en afirmar que en la ciudad sólo señalizan con cintas, que ellos no pueden ver. Además, muchas de las escaleras de los sitios públicos no tienen pasamanos o se encuentran deterioradas, con lo que ponen en peligro su integridad física.

Por su parte, Carlos Mario Jaramillo Rivera, docente de la UCLV, cree que la movilidad depende mucho de los procesos de rehabilitación. “Por ejemplo yo ando en bus y en metro normal como cualquier ciudadano”. Dentro del proceso de rehabilitación se tiene en cuenta que “una vez logrado el conocimiento de su propio cuerpo y de sus posibilidades de movimiento, inicia el aprendizaje de desplazamiento para lo cual requiere entrenamiento en ejercicios de postura corporal, coordinación y equilibrio, comprensión de conceptos básicos temporo-espaciales y del medio ambiente”.[1]

Otro caso es el de Alirio Urrego, que no ve desde hace cuatro años. Siempre anda en taxi y en compañía de su señora pues, aunque conoció las calles, le da mucho miedo salir solo. Él piensa que es más fácil para las personas invidentes de nacimiento desplazarse sin ningún problema, contrario a quienes apenas están afrontando esta discapacidad. Por eso cree que no se puede esperar a que la ciudad sea volteada para que los limitados visuales puedan recorrerla. “Eso es imposible”, y añade que aunque las obras que se ha hecho en la ciudad son muy importantes “el que nació ciego le lleva mucha ventaja al que apenas quedó”.

Dentro de las construcciones “incluyentes”, más representativas de la ciudad, Beatriz White, secretaria de bienestar social del municipio de Medellín, dice que el Parque Juanes de la Paz, es el único totalmente diseñado para personas en situación de discapacidad , no solo física, sino visual, permitiendo el disfrute al aire libre.

Es entonces como, además de las construcciones pensadas para los invidentes, que generan inclusión de esta población, la sensibilización se constituye como el elemento más importante a la hora de construir una ciudad equitativa, como dice Giovanny Vásquez, para que “el otro sepa que cada ser humano, independientemente de si ve o no, tiene un espacio y ese espacio hay que respetarlo”.

Al respecto, la psicóloga Olga Eugenia Arboleda considera que las campañas inclusivas deben estar encaminadas a mostrar que “la discapacidad es simplemente una condición que puede sufrir cualquiera”, aunque afirma que muchas veces la actitud de indiferencia de algunas personas hacia los limitados, está relacionada con cierto temor de no saber qué hacer frente al que aparece como distinto. Por su parte, la persona que ha perdido la visión, “debe tomar plena conciencia de que perdió algo de sí mismo, que es una persona diferente, con distintas capacidades y potencialidades de las que poseía anteriormente”.[2]

De manera que para lograr que la ciudad se piense más para los limitados visuales, se debe hacer énfasis también en la parte educativa, así como a través del apoyo de las diferentes entidades, estatales o privadas, que trabajan por los discapacitados, y de líderes de diferentes organizaciones en pro de los invidentes.

Dice Héctor Piedrahita de la UNLV que “hay épocas en las que el Estado es un poco más accesible y se pueden defender los derechos mediante organizaciones, como INCI, Cooperativa de Ciegos, UNLV, etc., pero cuando el Estado es más férreo y las organizaciones, en este caso de los invidentes, no son tan unidas, las luchas por los derechos, en toda la extensión de la palabra, prácticamente están unidas a las luchas de los sectores populares más difíciles”.

[1] TAMAYO, Fernández Martha Lucía. Manual de manejo integral: en retinitis pigmentosa y síndrome de Usher. Bogotá: INCI, 1996. p. 34
[2] CHOLDEN, Louis. Un psiquiatra trabaja sobre la ceguera. Bogotá: INCI, 1998. p. 51

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10 Abril 2008

Ciudad Palpada (Cuarta parte)

Acciones por el derecho a la ciudad

Las luchas de los limitados visuales no cesan. En el 2004, por una de esas cosas que parecen intervención divina, Jorge Iván Vélez Mesa recuerda cómo logró, mediante una acción popular, conseguir que se hiciera mantenimiento a los semáforos sonoros de la ciudad de Medellín.

Jorge, hombre moreno, de gafas, y quien aparentemente no tiene una limitación visual -pues sus ojos conservan su color marrón intacto, y las gafas impiden que se vean desorientados- es invidente desde hace 10 años, y labora desde su residencia como presidente de una corporación, que trabaja en pro de las personas en situación de discapacidad.

Luz del Alma, es el nombre de esta, y Jorge, quien cursa décimo semestre de Derecho en la Universidad de Antioquia, se dedica a iluminar las vidas de los limitados visuales mediante las acciones que emprende, entre ellas, la idea para la creación del Elegua.
Jorge se encuentra sentado ante una mesa de madera. Mira hacia afuera a través del amplio ventanal de la sala de invidentes de la Universidad de Antioquia. Cuando parece que ha reunido los recuerdos necesarios comienza a narrar: Habla acerca de un amigo suyo, llamado Élkin Chalarcá que, mientras conducía su auto por Barranquilla con Carabobo, en el año 2004, una de las llantas se le estalló, debido al roce con un dispositivo metálico que había en el piso, el mismo que le sirve a los invidentes como guía para cruzar de un lado a otro, pero que, en aquella ocasión, estaba despegado por falta de mantenimiento.

Aunque Élkin ni siquiera sabía que aquel era un sistema electrónico, decidió hacer un reclamo por el daño a su vehículo, por lo que recurrió a buscar al abogado Hugo Armando Sierra quien también era amigo de Jorge y ya lo había escuchado hablar sobre la semaforización sonora.

Luego de documentarse con Jorge emprendieron un trabajo de campo que implicaba la revisión de los 28 semáforos que hay en la ciudad de Medellín, y constataron que el 60 % no estaban funcionando conforme a los objetivos iniciales.

Entre los tres lograron que la acción popular se fallara a su favor. Sin embargo, Jorge dice que, en la actualidad, el compromiso que hizo el Tránsito de Medellín de mantener los semáforos en perfecto estado no se ha cumplido, e incluso asegura que muchos han sido retirados. “Como ya no les está funcionando lo sonoro, más bien quitan el dispositivo”, comenta.

Además del ahínco con que los limitados visuales enfrentan sus problemas, son muy unidos a la hora de defender intereses en común, que generalmente están asociados a la búsqueda de espacios apropiados para su movilidad, así como de la construcción y el mantenimiento de obras arquitectónicas que faciliten su desplazamiento, tanto en las calles como en otros espacios públicos. Además, consideran muy importante que se realice una correcta señalización, que no sea sólo visual, de huecos y construcciones en las calles, para evitar accidentes y lesiones.

Por otra parte, con sus luchas buscan que la educación sea incluyente y que se generen más espacios de encuentro que les permitan integrarse al resto de la población. Finalmente, pretenden acceder a la información y al entretenimiento, esto quiere decir que, de diferente manera, toda la ciudadanía debería involucrarse con las soluciones.

Aunque se dice popularmente que “los ciegos desarrollan los otros sentidos”, y si bien la orientación y el desplazamiento se realizan a través de mapas mentales, como ellos mismos lo indican, se observa que las principales barreras que tienen los limitados visuales para la movilidad no obedecen solamente a la carencia de estructuras arquitectónicas diseñadas para ellos, sino también a la falta de educación que tiene la ciudadanía con respecto al tema de la invidencia.

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