El cine de mi vida (1): sesión doble
Recuerdo cuando en los pueblos de la periferia de Barcelona había cines donde se proyectaba sesión doble. Solía ser una película relativamente nueva y otra con más años que pases en su haber. Era fantástico poder disfrutar de una peli de Bruce Lee junto a una historia de terror; una de James Bond y un western; Star Wars y La Piel Dura de Truffaut; Yo, Cristina F. y Nosferatu; Las Garras de Lorelei y una de ¡Manolo Escobar!... las dos el mismo día y por el precio de una. Luego nos hicieron creer que eso de exhibir tanto título de golpe podía ser perjudicial; era mejor ver una película nueva (sólo una) donde salían las estrellas del momento. ¿Para qué seguir viendo a nuestros ídolos de infancia, aquellos con los que nos criamos y tanto nos aportaron?. Se instauró la cultura de ir al cine de estreno, olvidando los cines de barrio (de hecho cerrándolos o reconvirtiéndolos en ese tipo de salas). Fue un grave error. Los chavales no podían permitirse ir al centro de la ciudad, que era donde se encontraban los cines, por diversas circunstancias: falta de dinero, permiso denegado de sus padres, vagancia... Aquí se perdió gran parte de la esencia cinematográfica que nos falta. Ver películas, buenas o malas, es acosenjable para la evolución cultural, y por tanto personal. Y escribo desde la propia experiencia. De todos aquellos amigos que íbamos juntos al cine, muy pocos tienen a éste como una preferencia cultural de la que nutrirse, buscan otra cosa: only entertainment. El resultado final, el que realmente vivimos día a día, con las salas semi vacías, películas en cartel de dudosa calidad y una ley de cine patética (probablemente seguirá siéndolo), no es casualidad. Todo esto que hoy vivimos pudo empezar con la desaparición de decenas de cines en los barrios, porqué no. También pudo ser la difícil y tantas veces recurrida transición política-económica-social, que se olvidó de la cultura (sobre todo en los jóvenes) como pilar de una sociedad que quería (y quiere y debe) avanzar. Por suerte tenemos canales para comunicarnos y expresarnos los unos con los otros, sin que nadie pida un precio abusivo por ello (de momento). Suerte tenemos también de que podamos compartir experiencias y conocimientos sin tener que dar explicaciones a nadie. Esto lo tenemos ya. Que nunca se pierda como mis añorados cines de barrio.
José Luis Dana

