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18 Julio 2007

Viajar es un placer

Hay países a los que no es aconsejable viajar, o al menos eso dicen desde las instituciones gubernamentales, con la prensa como portavoz. Es cierto que los últimos años son un poco turbulentos y existen zonas de auténtico riesgo para los turistas, pero ya somos mayorcitos para saber las tonterías que hacemos, así que cada cual a lo suyo. Viajar siempre es un placer, aunque se puede pasar por diversas circunstancias: ¿a quién no le han extraviado las maletas o le han cambiado de hotel a última hora por errores en la reserva? No obstante, esto son simplezas si lo comparamos con lo que viven los protagonistas de Turistas, la última película dirigida por John Stockwell.







Seis jóvenes con ganas de disfrutar de sus merecidas vacaciones, eligen Brasil como destino. Quieren playa, sexo, alcohol y todo aquello que les haga olvidar su auténtica vida cotidiana en sus países de origen. Lo que comienza como algo extraordinario por la belleza de los parajes y de las gentes, acaba convirtiéndose en una pesadilla brutal de la que es difícil escapar. Los chicos y chicas protagonistas son sometidos a multitud de huidas, torturas y vejaciones de todo tipo, para poder escapar de las manos de la mafia brasileira. Unos lo consiguen y otros no, como ocurre en cualquier película de este género.



No es un film que vaya a pasar a la historia, ni por sus cualidades (que las tiene), ni por sus errores (que también los hay). Tampoco es de esas historias que no tiene ni pies ni cabeza y acaba aburriendo solemnemente. Turistas puede convertirse en la típica historia (lo es) que funciona con el boca-oreja, consiguiendo así abrirse hueco en la complicada cartelera cinematográfica. Y recordad que el peligro está donde vosotros estéis.



José Luis Dana

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18 Julio 2007

Barrio Cuba: historias post-revolucionarias

Todo el mundo opina sobre Cuba. La gente va una o dos semanas de vacaciones y vuelve con la impresión de que lo ha visto todo; será el ron, será el son. Se haya ido o no a la isla caribeña, es cierto que la información que llega desde distintos bandos (unos dicen que eso sí que es vivir, sin estrés ni complicaciones, sólo lo justo y lo necesario; otros dicen que no tienen nada de nada, que se mueren de hambre), es tal que uno no sabe muy bien cómo interpretarla. Una vez más, el cine intenta poner orden a tal disparidad de criterio.







El director Humberto Solás (La Habana, 1941), nos ofrece un retrato más o menos plural de lo que se cuece en el país americano. La revolución pierde fuelle en parte de las nuevas generaciones (no así en mucha gente de edad avanzada), creando una ansiedad difícil de superar en muchos casos y que fuerza a muchas personas a salir de la isla. También están los que se quedan, que viven justos pero en cierto modo felices y prefieren no arriesgar, creando un mundo alternativo al límite de lo permitido. Quedan los convencidos: hombres y mujeres que creen en una sociedad más justa, una sociedad donde se apliquen las máximas de la revolución, sin perder nunca la esperanza. Esta es parte de la realidad política-social que Cuba posee. Cuando entran los sentimientos se complica aún más y el film nos lo explica.



Con el núcleo familiar como base, Barrio Cuba es una película de historias cruzadas, de personas que van, que vienen y que desaparecen, por un tiempo o para siempre. El amor imposible entre un viejo carpintero y una enfermera unos cuantos años menor que él; la dificultad de poder tener descendencia de una pareja, siendo casi definitivo para la ruptura de la relación; la huida de un padre después de la muerte de su mujer, sin tener en cuenta que hay un hijo por medio que le necesita… Son pequeños retazos de vida que se unen a otros tantos, para formar una película brillante que intenta poner algunas cosas en su sitio, explicando sin artificios una parte del día a día cubano, que yo… presumo real.



José Luis Dana

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12 Julio 2007

Kitano y yo

Se ha convertido en un autor imprescindible para muchos aficionados. Sus películas se esperan con expectación y raramente decepciona. Recién estrenada Takeshis (2005), su última producción, es buen momento para introducirnos en su mundo. Un cineasta conciso en su modo de filmar, que enriquece las historias con una visión muy particular de todo lo que nos rodea.

Me dirigí al cine solo, aunque no era habitual que lo hiciera. De los estrenos de aquella semana había una película que me interesaba por encima de todas las demás: la última producción de un director japonés llamado Takeshi Kitano, del que solamente había visto Violent Cop (Sono Otoko, Kyoto ni Tsuki, 1990), filme que me había dejado buena impresión. La proyectaban en los cines Verdi de Barcelona. Eso conllevaba viajar en metro y caminar unas manzanas. Realizar ese ritual para llegar a la sala, me ofreció tiempo para pensar. Pensar qué me contaría el filme, si la historia estaría bien narrada o el porqué de mi elección. No tenía ni idea con qué película me iba a encontrar; iba dispuesto, como siempre, a disfrutar. Sólo eran eso: pensamientos…


Cuando se apagaron las luces y comenzó la proyección, todo ese pequeño mundo que había creado yo, desapareció. Esperaba ver una película buena y sorprendente.Hana-bi (Takeshi Kitano, 1996) hizo que ocurriera lo que debía ocurrir: ya contaba con un autor relativamente nuevo, al que poder seguir de cerca en cada una de sus próximas películas. Desde entonces veo tanto cine como me es posible, de cualquier época y de todos los estilos y movimientos; he contemplado historias hermosas, duras, frías, cómicas, terroríficas, feas… pero ninguna me atrapó como las de Kitano.

En su cine hay varios factores que destacan. Uno de ellos es el montaje. Concretamente la elipsis es de los recursos más utilizados por el realizador nipón. Con escasos planos es capaz de mostrar y resolver una situación: la primera secuencia de Hana-bi con Beat Takeshi (el nombre utilizado por Kitano para su faceta de actor), dos personajes secundarios y un coche, todo ello localizado en un parking, es un buen ejemplo. Apenas con media docena de planos fijos presenta al protagonista, dejando clara su manera de actuar ante una situación inesperada: los dos chicos le ensucian con restos de comida su auto y, sin palabras ni gestos (sólo miradas), montado con plano-contraplano de los intérpretes, un plano general del cielo nublado que les observa, un detalle de la comida sobre el capó del automóvil, Kitano empuña un cuchillo en su bolsillo, mientras los jóvenes limpian la suciedad y uno de ellos es pateado por el actor principal, resuelve lo que podría haber sido eterno por parte de algún otro autor, y sienta así una las bases que utiliza a menudo en sus películas. Es por ello que, actualmente, Takeshi Kitano puede considerarse un maestro indiscutible de la elipsis cinematográfica.


Por otra parte, la confrontación entre bandas yakuza es un recurso muy utilizado por Takeshi Kitano. De los doce filmes que ha rodado hasta el momento, esta situación es vital para el desarrollo de lo narrado, al menos, en ocho de ellos: Violent Cop, Boiling Point (3-4 X Jugatsu, 1990),Sonatine (Sonachine, 1993), Kids Return (Kidzu Ritan, 1996), Hana-bi, El verano de Kikujiro (Kikujiro no Natsu, 1999), Brother (2000) y Dolls (2002). Bien como espina dorsal de lo contado, bien como apunte implícito y secundario, toda la parafernalia del mundo yakuza está reflejada en cada una de sus historias: tanto la violencia más “macarra” por parte de estos gángsters orientales con asesinatos a sangre fría, torturas o extorsiones, como el estricto código de honor y lealtad por ellos utilizado, que a veces implica amputaciones, harakiri o sumisión total al capo de la banda.



Las secuencias en tono de comedia abundan en su filmografía. No hay que olvidar que sus comienzos están marcados por el mundo de la televisión más “cacharrera”, al constituir el cincuenta por ciento del dúo cómico Two Beats, protagonistas del concurso “Humor Amarillo”, utilizado por diversas emisoras para rellenar la programación de diferentes épocas y en el que la descripción de situaciones totalmente absurdas es habitual. Los chistes y las escenas hilarantes (El verano de Kikujiro y especialmente Getting Any?, 1994, están repletas de todo ello) destacan en sus historias y ayudan a compensar el estado de ánimo de unos personajes, a menudo maltratados por situaciones no buscadas. En esto del humor (a veces sutil, a veces sobreactuado) también es un autor destacado, que se nutre de maestros como Charles Chaplin, utilizando el recurso del cine silente, o de Buster Keaton y su particular modo de presentar a personajes con elegante hieratismo, para introducir escenas cómicas que liberan al espectador de la carga excesiva de violencia y situaciones de dramatismo extremo que poseen sus películas.


¿Y qué sería de toda su filmografía sin el mar? Con su presencia demuestra que su cine es en gran parte autobiográfico. Vivir frente a él (y en Japón es francamente fácil hacerlo), contemplar el agua que rompe en la costa, pasear por la orilla de la playa u observar las olas desde el acantilado, libera del estrés; ayuda a reflexionar. Y Takeshi lo pone de manifiesto con sus planos marítimos, donde los sujetos dejan el protagonismo al océano, esencial en multitud de situaciones que nos cuenta, para ayudar a resolverlas. El director utiliza todo ello como parte importante de su experiencia particular y lo muestra con el cariño que sólo un individuo que lo necesita para sobrevivir lo haría. Y para muestra, un botón: A Scene at the Sea (Ano Natsu, Ichiban Shizukana Umi, 1991), su tercera película, donde todo gira alrededor de una playa, narra la historia de Shigeru, un chico sordomudo que está fascinado por el mundo del surf. Quizá lo más destacado en esta ocasión no sea la historia (Kitano ha escrito mejores guiones), sino la sensación de que realmente uno se encuentra inmerso en ese lugar, acompañado de la brisa marina y el salitre, elementos tangibles que casi pueden llegar a disfrutarse viendo el filme.



Estas constantes en su cine conforman su mundo imaginario. El humor es su vehículo de expresión más recurrido y también más acertado. Los yakuza a menudo son la excusa perfecta para hilvanar las historias. El mar es algo inherente a Kitano, no puede escapar de su influencia.






Hana-bi narra una historia que trata sobre las diversas etapas del ser humano. Lo hace de una manera poco convencional, sin llegar a explicar las características de cada una. Kitano liga la vida a la muerte con naturalidad; de manera explícita o con su recurrente iconografía (impresionante el plano en el que el protagonista se encuentra un triciclo, que podría ser de su hija fallecida, en el vestíbulo de su casa) según convenga; hay que recordar que la muerte en la cultura japonesa no está necesariamente vinculada, como en gran parte de Occidente, a la aflicción. Rodada justo después de un accidente de tráfico sufrido por el director, está impregnada de dolor y desgracia, aunque deja un pequeño espacio para el humor y la violencia.




Yoshitaka Nishi (Beat Takeshi) es un inspector de policía recién retirado, que ha perdido a su única hija, su mujer tiene leucemia en fase terminal y, por si no fuera suficiente, un compañero suyo está postrado en una silla de ruedas a raíz de un tiroteo. Semejante panorama, difícil de tratar sin caer en la sensiblería barata, crea una base de acción suficiente para que el talento de un artista destaque o se hunda irremisiblemente en el olvido. No es suerte lo que acompañó al realizador japonés en la exhibición de este filme (ganó el León de Oro en Venecia en 1997), sino trabajo e ideas claras, con todos los entresijos de la producción cinematográfica perfectamente dominados. Está montada de modo que la información se nos va ofreciendo en pequeñas pinceladas durante su primera parte, para poner todo en su lugar y cerrar cada una de las tramas en su última hora. La música de Joe Hisaishi (colaborador de Kitano en otros títulos) acentúa diversos momentos, para así convertirse en protagonista y no en mera acompañante. Los indicios de sus anteriores películas están presentes en Hana-bi, con un añadido importante: está mejor filmada que cualquiera de ellas.



Todo ello le sirvió para afrontar sus producciones posteriores con más solvencia y ser reconocido como merece: un director único que pretende (y consigue) plasmar en imágenes, con frecuencia de exquisita belleza, historias que, distantes en apariencia a nuestro entorno, podemos apreciar con la misma intensidad que las muestra. En este sentido su visión es un ejercicio imprescindible y muy recomendable para entender y disfrutar el universo de Takeshi Kitano.



La experiencia real que experimenté al ver Hana-bi se rubricó con una charla. Un buen amigo, cinéfilo, dudó de la calidad del trabajo del director japonés. Mi consejo de que hiciera lo posible por ver la película, sólo halló indiferencia; no le interesaba lo más mínimo. Al cabo de unos días nos volvimos a encontrar y se disculpó por no hacer caso a mis palabras: disfrutó mucho con su visión y la exhibió en un cine club que dirigía, además de considerar el filme uno de sus predilectos de todos los tiempos. Desde entonces me di cuenta que Takeshi Kitano es el director clave para toda una generación, de la que me considero miembro y partícipe. Otros tuvieron a Spielberg, a Coppola, a Eastwood, a Burton o a Scorsese, por citar a directores más o menos recientes que arrastran legiones de fans por todo el planeta, y a quienes considero importantes y decisivos para mi formación. Pero nadie como Takeshi Kitano. Fue mi punto de inflexión para interesarme de manera definitiva por el mundo del cine, para indagar en sus entresijos y decidir que no es sólo un entretenimiento, sino también una forma de vida.

José Luis Dana






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10 Julio 2007

40 años de Cinema Fantàstic

Este año el Festival Internacional de Cinema de Catalunya-Sitges 2007 está de celebración. Son cuarenta años de cine fantástico los que se han podido disfrutar en la bonita villa del Garraf y, para tal ocasión, se ha elegido como protagonista la película de Ridley Scott Blade Runner (1982). Además de formar parte del cartel, se editará algún libro sobre ella en el propio festival y (espero) se proyectará convenientemente.

La inauguración corre a cargo de El Orfanato de J.A. Bayona, producida por Guillermo del Toro.

En Fantàstic, la sección a competición más importante del festival, se podrán ver títulos como Rec de Jaume Balagueró, Los Cronocrímenes de Nacho Vigalondo, I´m a Cyborg, but that´s OK de Park Chan-Wook, o Teeth de Mitchell Lichtenstein.
Butterfly on a Wheel de Mike Barker, protagonizada por Pierce Brosnan y María Bello, se proyectará en la sección Premiere, fuera de concurso. También tendremos la oportunidad de ver películas como À l´intérieur de Alexandre Bustillo/Julian Maury o 1048 (basada en una novela de Stephen King) de Mikael Hafström, que tiene como principal atracción la presencia de John Cusack. Una retrospectiva como American Gothic acercará a las pantallas de los cines Retiro, Prado y Auditori, producciones de terror norteamericanas de los años 70 y 80. Tendremos la posibilidad de disfrutar de cintas como La Última Casa de la Izquierda (Last House on the Left, 1974) de Wes Craven o El Otro (The Other, 1972) de Robert Mulligan. En esta sección se contará también con la presencia del mítico George A. Romero, que recibirá el premio honorífico La Màquina del Temps por toda su carrera. En Europa Imaginaria clásicos como Metrópolis (1926) de Fritz Lang o Playtime (1967) de Jacques Tati, redondearán una edición tan especial como ésta, que seguirá apostando por la producción catalana (Catalán Focus), el cine más reciente que llega de Asia (Orient Express-Casa Asia), Anima´t con producciones como la española Nocturna de Adrià García/Víctor Maldonado y las habituales secciones Seven Chances o Brigadoon.

A medida que haya novedades iré informando convenientemente de ellas, esperando que la presente edición afiance el Festival de Sitges como uno de los más importantes en el panorama cinematográfico actual.

José Luis Dana

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4 Julio 2007

El cine de mi vida (1): sesión doble

Recuerdo cuando en los pueblos de la periferia de Barcelona había cines donde se proyectaba sesión doble. Solía ser una película relativamente nueva y otra con más años que pases en su haber. Era fantástico poder disfrutar de una peli de Bruce Lee junto a una historia de terror; una de James Bond y un western; Star Wars y La Piel Dura de Truffaut; Yo, Cristina F. y Nosferatu; Las Garras de Lorelei y una de ¡Manolo Escobar!... las dos el mismo día y por el precio de una. Luego nos hicieron creer que eso de exhibir tanto título de golpe podía ser perjudicial; era mejor ver una película nueva (sólo una) donde salían las estrellas del momento. ¿Para qué seguir viendo a nuestros ídolos de infancia, aquellos con los que nos criamos y tanto nos aportaron?. Se instauró la cultura de ir al cine de estreno, olvidando los cines de barrio (de hecho cerrándolos o reconvirtiéndolos en ese tipo de salas). Fue un grave error. Los chavales no podían permitirse ir al centro de la ciudad, que era donde se encontraban los cines, por diversas circunstancias: falta de dinero, permiso denegado de sus padres, vagancia... Aquí se perdió gran parte de la esencia cinematográfica que nos falta. Ver películas, buenas o malas, es acosenjable para la evolución cultural, y por tanto personal. Y escribo desde la propia experiencia. De todos aquellos amigos que íbamos juntos al cine, muy pocos tienen a éste como una preferencia cultural de la que nutrirse, buscan otra cosa: only entertainment. El resultado final, el que realmente vivimos día a día, con las salas semi vacías, películas en cartel de dudosa calidad y una ley de cine patética (probablemente seguirá siéndolo), no es casualidad. Todo esto que hoy vivimos pudo empezar con la desaparición de decenas de cines en los barrios, porqué no. También pudo ser la difícil y tantas veces recurrida transición política-económica-social, que se olvidó de la cultura (sobre todo en los jóvenes) como pilar de una sociedad que quería (y quiere y debe) avanzar. Por suerte tenemos canales para comunicarnos y expresarnos los unos con los otros, sin que nadie pida un precio abusivo por ello (de momento). Suerte tenemos también de que podamos compartir experiencias y conocimientos sin tener que dar explicaciones a nadie. Esto lo tenemos ya. Que nunca se pierda como mis añorados cines de barrio.

José Luis Dana

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Sobre mí

Soy José Luis Dana. Nací en Barcelona. Después de diversos trabajos, comencé a estudiar cine. Principalmente cursos de montaje, guión, operador de cámara, crítica cinematográfica... Codirigí un cineclub en la ciudad de Hospitalet de Llobregat. En estos momentos estoy preparando la realización de un cortometraje. Mis gustos cinematográficos son amplios: CHAPLIN, DREYER, KITANO, LOACH, KUROSAWA, BUÑUEL, NEVILLE, LYNCH, TRUFFAUT, FORD, FELLINI, VON TRIER, MANKIEWICZ, BERGMAN, OZU, WILDER, POLANSKI, BURTON, SCORSESE, CRONENBERG, LANG... y tantos otros. Llevo escribiendo sobre cine y música desde el año 1995. Lo he hecho en: FREE ROCK, BAD MUSIC, NATIVA, DIAGON y KINEPHILOS.

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