Resumen del Capítulo III:
Por puente aéreo, me dejan caer desde un sexto piso, y termino en un camión de limpieza que me lleva a un lugar desconocido: ¡un circo!
Cuando el conductor hubo marchado, ni siquiera se percató de que su novia, la mujer barbuda, le hacía señales para que se detuviera. No creí que fuera para besar a aquel engendro. Y por suerte, no. Al parecer, se le iban volando, a causa de la velocidad, algunas sábanas, dejando tras de sí una estela de danzas aleatorias coreografiadas por el mismo viento. La verdad fue que, al saltar del camión, me ayudé de las correas que sujetaban las prendas, dejando las hebillas sueltas. Debía apearme, pues ¿qué mejor que un circo para pasar desapercibido durante un tiempo? Además, era seguro que los del hospital trataran de llamar a la policía para localizarme.
No podía estar más en lo cierto. Podía pasear por allí como si fuera uno más, y nadie daba cuenta de mi existencia. Me sentía aceptado. Y eso significaba que ¡habían aceptado también a Pita! Unos pasos más adelante, al toparme con el domador de leones, le pregunté:
-Oiga señor, disculpe… ¿Dónde se encuentra la caravana del gerente?
El tipo se metió en una jaula repleta de fieras. Dirigió su mirada hacia uno de los felinos y sin mediar palabra, abrió sus fauces con las dos manos, introduciendo su cabeza en el interior. Ante mi perplejidad, dejó caer sus brazos y la boca del animal se cerró cuanto pudo. Cinco segundos después, escuché una voz distorsionada por el eco.
-El gerente enfermó hace días. Debe hablar con Nico, su hermana. La encontrará cinco roulottes más adelante, justo en frente de la de los payasos. Imposible perderse, caballero.
-¡Gracias!-contesté medio aturdido.
De camino, sorteando varios charcos de carteles publicitarios embarrados, recordé que no hace mucho, cuando era pequeño, mi ilusión era convertirme en payaso. Un payaso como los que a mí me hacían ser feliz. Me atraía la idea de aportar felicidad, aun si fuera momentánea, en las personas. Y se me vino instantáneamente a la cabeza un día que me presenté sin previo aviso en la escuela infantil donde trabaja Andrea con unas pantuflas destartaladas, una chaqueta de llamativos colores, unos pantalones anchos y una nariz roja. Fue una agradable sorpresa para los niños y me emocionó muchísimo que ellos se lo pasaran en grande conmigo. Mi chica, ¿qué tenía que decir de esto? Pues de decir, no dijo nada. No paraba de reír a carcajadas. Pasaron meses hasta que dejara de pedirme de tanto en tanto que me vistiera –ya en casa- como aquel día lo hice. Luego le dio por ponerse la nariz a ella, sobre todo mientras me ayudaba, entre pucheros, cacerolas y croquetas quemadas, a hacer la cena. Me es grato decirles que, en cierta manera, sigo atesorando aquella ilusión infantil.
Sobre mis pasos en Babia, sentí un golpe que me hizo caer irremediablemente al barro. Había chocado, por así decirlo, ¡con un hombre que volaba! Entre el desconcierto, giré la cabeza hacia un lado, y vi a una mujer que salía con ahínco de una caravana cercana, llevándose las manos a la cara, y acercándose al barrizal donde ese hombre y yo nos habíamos… ¿conocido?
-¡Federico! ¿Estás bien?- preguntó la mujer al hombre, muy alarmada por lo sucedido.
Éste, tratando de incorporarse, contestó entre dientes:
-¡Me pregunto quién ha sido el imbécil que ha variado el ángulo de mi cañón!
Ya de pie, y con aspecto más relajado, desplegó su enorme y sucia capa, e instantes después, cual un héroe, me tendió su mano. Sólo faltaba la música adecuada para esta escena.
-Y usted, caballero, ¿se encuentra bien?
Su educación, al menos, era exquisita. Se trataba, sin duda, del hombre bala. La mujer vino apresuradamente a ayudar a levantarme, ya que creo que fue consciente que su enclenque marido no podría él solo con Pita y conmigo.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
¿Te gusta esta historia? ¡Dile a tus amigos que pasen a leerla!
¡La penúltima parte de Enganchado a una legaña (Parte V) se aproxima!
¿Te vas a perder cómo acaba?

19 jul 2008 | 09:39 PM
Jojojjjojojoojoojojo.
Que fuerza de contacto la de legaña, no se suelta ni por asomo.
19 jul 2008 | 11:13 PM
Hola!, sorry por tener abandonado todo esto, pero de verdad que ultimamente me ha tocado de todo, y a cambio de mi fortaleza di mi inspiración jeje. Me encanto la historiaa, como siempre robandome la sonrisa, la disfrute mucho. Espero estar por aqui mas seguido, de hecho traigo tambien una historia a medio contar, pero pues igual no prometo nada, porque por ahora las cosas en mi vida, no andan muy tranquilas que digamos. Sabes me agradaria mucho conocerte, asi que si quieres podemos agragarnos al msn. mandame tu dirección y ya esta. seria un placer platicar contigo ;).
20 jul 2008 | 01:22 PM
Jajaja Beeril, me he leído la historia de un tirón, muy ingeniosa.
A saber que pasará con Pita y "El hombre legaña"...jajaja.
Espero el desenlace.
Besos!!!
20 jul 2008 | 04:14 PM
se pone interesante, con golpes y todo va buena la historia...
23 jul 2008 | 01:03 AM
BEERIL:
CADA VEZ ESTOY MAS PREOCUPADA POR ESTE HOMBRE-LEGAÑA!!!!
BESITOS MIL.
24 jul 2008 | 01:40 PM
Para cuándo?