Estudios científicos: 1ª parte
Como todo en mi vida, os lo tengo que contar por partes. Hay que dejar claro que todo lo que a continuación, y en posteriores publicaciones, se relata se ha hecho ennombre de la ciencia y que ningún ser vivo (salvo ciertas excepciones) fue dañado para tal efecto.
Vosotros ya me habéis conocido en una época relajada en cuanto a exploraciones campo a través se refiere. En casa no han sido demasiado partidarios de mis expediciones en busca de una nueva especie para la ciencia, tal vez mi padre fuese más comprensivo, pero cuando traía cajas de zapatos misteriosas, botes tapados o cubitos con cosas dentro, no había demasiadas miradas de aprobación. Aunque a veces, era inevitable caer rendidos a los pies de la Madre Naturaleza...
Creo quehecomentado que pasé parte de mi infancia en Yankilandia. Allí las tardes de primavera, cuando el verano se va acercando, las recuerdo con auténtica nostalgia. Es curioso que cuando las madres empiezan a llamar a los niños para la cena, hay seres que deciden que es hora de salir a buscar pareja. Es el caso de las luciérnagas. Estos bichitos tienen unas bacterias en el abdomen que fabrican sustancias fluorescentes y ellas usan esa luz como reclamo. Es algo delicioso ver cómo el Sol se despide hasta mañana y millones de estos pequeñitos salen a iluminar las calles oscuras.
Con 6 años no sabía nada de esto y como tengo una mente científica-exploradora (soy cotilla por naturaleza), me propuse averiguar qué era lo que provocaba aquel espectáculo noche tras noche. Así que bote de plástico en mano, salía a la calle y con sólo destaparlo y coger "aire", se llenaba de bichos negros revoloteando en busca de libertad. Para su observación, bajaba al sótano donde mi padre tenía su enorme mesa de estudio y colocaba el bote debajo de la lámpara. Fue una desilusión comprobar que esos estúpidos animales no hacían nada cuando yo los miraba. Igual les daba vergüenza, pero claro ¿quién enciende las luces cuando alrededor hay claridad? En mi ignorancia sobre la Naturaleza debida a la falta de experiencia subí enfadada con ellos por no permitirme descubrir el secreto de su luz, así que me senté en la puerta para mirar a las que seguíen en libertad sin que ellas me viesen, por si se apagaban también.
Pero como he dicho, toda esta decepción era producto de mi ignorancia porque al poco tiempo, mi padre disolvió cualquier duda que pudiese tener...
"BEATRIIIIIIIIIIIIZ!!!!!!!! QUÉ ES ESTO?????"
"¿Qué papá? Estoy aquí quieta."
"María!!! La niña ha llenado el sótano de bichos!!! Mira esto!!"
Así que bajamos con cuidado de no caernos porque mi padre no había encendido las luces y, allí, encima de su mesa mi maravilloso bote rebosaba de luz y mi padre me explicó que eso sólo se veía en oscuridad y que tenía que mirarlas de lejos porque si no se creían que iba a hacerles daño y se apagaban. Maravillada ante el descubrimiento me senté en el escalón a observar mi nueva adquisición científica mientras mis padres discutían si liberar a mis prisioneros o castigarme por meter bichos en casa sin permiso, pero no recuerdo qué pasó, sólo que todas las noches, nos sentábamos los tres en la puerta de la callehasta que la última luciérnaga se iba a dormir y después de habernos deleitado con un espectáculo digno de verse...




unasenderista dijo
Muy interesante lo que escribes, saludos
8 Febrero 2007 | 06:05 PM