Vendrán días (por mucho que nos empeñemos en el olvido)
Anoche, en mi sueño, "K" tenía los ojos verdes.
No he vuelto a hablar de él, ni del tema. Soy consciente de ello. Llegó un momento en que decidí dar por finalizada aquella historia, que no quise que fuese a más... pero que sigo sabiendo que fue el germen que hizo surgir este blog.
Decidí no dar una oportunidad a aquella historia. Y decidí no hacer nada por volver a verle. Así que resistí mis deseos de encontrarme con él (lo tenía muy fácil. Igual demasiado). Y, sí, lo conseguí. Cuando volvimos a vernos, habían pasado seis meses. Tuve claras muchas cosas. Volví a saber que no fueron imaginaciones mías, que en su momento había esa corriente mutua que podría haber sido algo más... Y también tuve claro su reproche silencioso. Porque sé que él esperaba que yo siguiera haciendo por verle. Que, pasadas las fiestas navideñas del 2006, la relación continuase. Y no fue así...
Anoche, "K" tenía los ojos verdes. En la realidad, no, no los tiene. Pero su mirada era la misma.
A veces, he soñado con él. Es curioso. Son sueños diferentes entre sí. Pero con un denominador común: en ellos, yo le fallo. Y él no me lo reprocha... pero su actitud es de alguien dolido.
Una reacción y una actitud que conocí en la vida real. Y que también a mí me dolió. Porque fue descubrir y constatar que había algo mutuo... y que no podía dejarlo crecer. Y que eso nos dolía a los dos... pero las circunstancias de nuestras vidas no permitían que nadie más lo supiese. De hecho, ni siquiera cada uno de nosotros iba a permitirle al otro saberlo...
Pero yo lo supe. Y creo que él también.
Quizá el hilo argumental de mi sueño de ayer era que nos encontrábamos, cerca de su trabajo y de donde nos conocimos, que es también el barrio de mi infancia (aunque creo que él eso nunca lo tuvo claro). Y yo quedaba en pasarme a verle un rato después. Pero no iba: de pronto, un montón de inconvenientes, de obstáculos de última hora, me lo iban impidiendo... Así que cuando por fin nos encontrábamos... ya no podíamos estar solos.
Y ahí su mirada. Porque se diría que todo era más importante para mí que él.
Por eso, recuerdo que en mi sueño sus ojos eran verdes. Y no, no lo son en la realidad.
Pero era él y era su mirada.

Aquel barrio no cambió en más de 20 años. Las mismas tiendas, alguna de ellas simplemente cerrada. Una discoteca que en mi preadolescencia llegué a conocer funcionando... y cerró, y pasaron 20 años. La academia de peluquería donde me corté el pelo por vez primera. Una tienda diminuta de cosméticos baratos y algún objeto de regalo, donde mi madre compró alguna cosa que aún sigue en casa. Una gran, enorme, tienda de muebles...
Desde que dejé de ver a "K", la tienda de muebles cerró y se ha convertido en un supermercado. La discoteca es ahora la entrada de mercancias del súper.
Es curioso: lo que en 20 años se paró en el tiempo, cambia radicalmente en pocos meses. Tras mi regreso circunstancial al barrio. Un regreso que no esperé que hiciese que, desde entonces, mis recuerdos estuvieran ligados y llenos de nuevos olores, de nuevas luces.
De una mirada. Ésa, que en mi sueño era verde. Pero que sé que era suya.
Igual era verde porque sé que le gusta ese color. Porque lo vestía él la primera vez que nos vimos. Porque lo vestía yo aquella última vez. que sólo yo supe última, y esa otra en que ambos disimulamos habernos visto, en un centro comercial y acompañados de otras personas.
No sé porqué escribo hoy este post. Ni porqué vuelvo a hablar de "K". Si no quise hacerlo ese dia de febrero en que sé que me vió, que pasé por su lado... y que no quise darme cuenta. Si no he querido hacerlo cuando he soñado otras veces con él, esos sueños que hoy veo fueron recurrentes: esos sueños en que me reprocha en silencio que no vaya a verle y que me niegue a regalarme su compañía. Que tanto bien nos hacía a los dos.
Igual es que, aunque no esté segura, porque mi memoria se niega a precisar el dato... hoy hace dos años que nos conocimos.
Y hay cosas que, inconscientemente, terminan volviendo a visitarnos.
Por mucho que nos empeñemos en el olvido. Por mucho que las disfracemos.
Por eso, quizá, en mi sueño supe que sus ojos que yo veía verdes eran suyos y no eran de ese color.
Porque si algo hubo de verdad en aquella relación frustrada, y lo hubo desde el primer segundo, fue su mirada.
















catalaneta dijo
No voy a añadir nada mas por temor a estropear la magia de tus palabras.
Simplemente... precioso post
Besitos
Cata
10 Mayo 2008 | 04:41 AM