Mostaza
Todos hemos pasado, creo, por temporadas supersticiosas. Esos momentos/acontecimientos en que las cosas no van como esperábamos... e intentamos buscar explicaciones. Y a veces, por muy escépticos que seamos, terminamos queriendo creer en amuletos, talismanes, gestos que deben traer suerte ó espantarla...
Aquel dia, en plenas navidades, había vuelto del pueblo donde solía tener que pasar los festivos porque tenía que trabajar. Creo que aquel año fue el último que pasé allí esos días, en plena estepa manchega. Mi familia no volvería hasta la tarde, por lo que me tocaba hacer tiempo a mediodía (el puñetero horario de comercio). Podría haberme quedado en la oficina... pero la verdad es que ni se me ocurrió. Aparte que igual para eso tenía que dar explicaciones...y, francamente, no me apetecía. Así que me fuí "a ver escaparates" a un centro comercial de la zona sur de Madrid. Entre ir y venir... las tres horas y pico de la pausa de mediodía.
En esas fechas, hay "puestos" dentro de los centros comerciales. Sitios donde venden bisutería, adornos navideños... bobadas que tampoco hacen la competencia al resto de las tiendas "fijas" y que solo contratan ese espacio comercial en días así. Me paré en uno. Vendían, sí, bisutería... y, entre ello, pirámides. Pirámides diminutas, de metacrilato, para colgar supuestamente del cuello. Me hicieron gracia. Elegí una transparente y azul, otra transparente y gris. No sé qué costaban: supongo que muy baratas. Y el chico del puesto me dijo "como te llevas dos, te doy también un granito de mostaza. Mejor dicho: te voy a dar dos".
Miré el sobre donde me puso las pirámides en el autobús, como repasé el resto de las compras. No recordaba ya eso de la mostaza; a decir verdad, ni siquiera me tomé el comentario en serio... Pero sí: ahí estaban. Lo que ví eran una bolitas de cristal del tamaño de un guisante, también con engarce. Una amarilla y la otra azul. Me pregunté porqué las habría llamado "granito de mostaza"... cuando eran eso, unas cuentas como de collar...
El veinte de mayo, meses antes de ese día en plena navidad, decidí que había llegado el momento de cambiar de trabajo. Hasta ese dia, claro que me lo habia planteado otras veces. Pero cuando no era por una cosa era por otra... al final, no me decidía. La verdad es que me gustaba mi trabajo. Me sigue gustando. El horario era pésimo. El sueldo, muy bajo para las tareas que desempeñaba (hacía, y no es una forma de hablar, el trabajo de tres personas: secretaria, jefe de ventas, gestor financiero. Bueno, y chica de la limpieza, y de los recados, y...). Pero nunca había pedido un aumento, ni me había quejado, ni cogía días libres para asuntos propios, y trabajaba todos los sábados. Pero... siempre hay una gota que colma el vaso. Y aquel día... no sé bien porqué, pero me tuvieron sola en la oficina toda la tarde. Creo que habia futbol, ó al menos así lo recuerdo. Hasta mi compañera (que realmente era mi subordinada... pero en la práctica era yo la que hacía mi trabajo y el suyo, y jamás mencioné nada ni pedí comisiones que eran más mías que suyas) se apuntó a bajar a ver el futbol... y no la ví en toda la tarde. No era la primera vez que pasaban esas cosas. Pero aquel día...imagino que me pilló sensible. Y recordé que mi por entonces jefe alardeaba de que "no hacía falta que apareciera por su oficina, porque funcionaba sola". Bien. Y más sola que iba a funcionar, me dije aquel día...
Al día siguiente, comenté la jugada con mi amiga Paz. En presencia del entonces jefe suyo, y antiguo de ambas, Pedro. Y todo aquello desencadenó en que un mes más tarde buscaron el modo de encontrarme un trabajo cerca de de ellos. Y me llamaron para hablarme de un amigo de Pedro que buscaba una encargada para su nueva futura oficina. Y el día en que bajé a conocerle, estaba en un bar/cafetería/bolera cercano a su empresa, y yo dije que ahí no iba a buscarle. Y días después le conocía. Era "M", y... En fin, lo demás es historia.
Aquel día de navidades estaba ya trabajando para "M". Y las cosas no iban bien entre nosotros. Quizá por eso la pirámide. Tal vez por eso el resto de colgantes, amuletos, rituales...
Con ó sin amuletos, la relación con "M" terminó. Primero la que él definía como "personal", y que no era sino nuestra extraña relación de casi pareja. Luego, la profesional. Entre ambas fechas, otro veinte de mayo, dos años después de aquella tarde de calor primaveral pegajoso y futbol.
El veinte de mayo, año y medio después de dejar de trabajar para "M", fue sábado. No sé a cuento de qué, supongo que algún conocido, un cliente de confianza, alguien de un Banco... A media mañana. con mi jefe de entonces y esa tercera persona que no soy capaz de recordar, salimos a tomar un café. Al mismo bar/cafetería/bolera donde tomábamos café cada mañana. Sí, aquel al que cuatro años atrás no quisé ir a buscar a alguien que no conocía, para una entrevista de trabajo que hasta a mí me habría parecido demasiado rara...
Ese sábado, mi lugar de trabajo estaba, sí, muy cerca del sitio donde trabajé dos años y un mes con y para "M". Pero no nos veíamos. Entre otras cosas, porque él casi huyó al saber que me iba a tener tan cerca... y abrió otra oficina. Además, los sábados, desde siempre, "M" no iba a la oficina salvo rarísimas excepciones... En dos años, sólo recuerdo dos sábados que pasara allí. Uno de ellos, sin mí, que me quedé en casa, tras una larga discusión el día anterior. La primera vez que le planté cara. La primera y única vez que falté al trabajo. La primera vez que él tuvo claro que era capaz de dejarle para siempre. Y por eso fue a la oficina. Y por eso no fuí yo.
Si miro hacia atrás, veo la escena de ese veinte de mayo, sábado. Estoy muy cerca de la puerta de entrada al bar, a la que se llega subiendo unos escalones desde la calle. Es un local con muy poca luz natural, profundo. Por mi natural fotofobia, estoy de espaldas a la puerta.
De pronto, siento que algo estalla en mi muñeca. Oigo el ruido sutilisimo del cristal roto y siento la humedad viscosa...
Al mismo tiempo, veo a "M" pasar a mi lado, con alguien que es un desconocido para mí.
Los granitos de mostaza no eran bolas de cristal. Lo ví cuando llegué a la oficina aquel día en plenas navidades. Se trataba de una esfera de cristal, como una bola navideña... donde, en un líquido que supuse agua, flotaba una semilla de mostaza.
Durante meses, llevé colgado del cuello, con otras cosas, uno de los dos "granitos". La esfera de color azul. A decir verdad, nunca me planteé su resistencia. Creo que hasta dormí con ella... En muchas fotos de esa época se vé, claramente: brilla de un modo extraño.
En adivinación y magia, la mostaza es un elemento protector y adivinatorio. Al parecer, los magos la empleaban para tener sueños premonitorios. No sé en que modo se usaría: creo que la llevaban encima, prendidas las semillas con un alfiler.
Yo llevaba en aquellos días, tres años y pico después de comprarla, la esfera azul donde flotaba el granito de mostaza en la cadena de seguridad de una pulsera. Simplemente por una cuestión estética: me gustaba su aspecto casi irreal.
La esfera estalló al tiempo que "M" entraba aquel 20 de mayo en el bar donde no nos conocimos. Donde ni nos saludamos ese sábado en que él no debía estar allí y donde fingimos no vernos... a pesar de que no había nadie más que nuestros respectivos grupos. Él hablaba de contratos a media jornada. Yo... en fin, no sé de qué hablaría. Tenía la muñeca empapada en aceite de mostaza...
Dicen que cuando un amuleto, talismán ó similar, algo que debe protegernos, se rompe de forma inesperada e inexplicable... nos está avisando de algo.
Yo me negué a buscar explicaciones. Sólo me resultó chocante esa rotura sin causa lógica. Quisé ver más raro eso... que la presencia de "M", tantos meses después, en el mismo espacio cerrado en que estaba yo.
El siguiente veinte de mayo fue lunes. El del año siguiente, exactamente. La explicación es que al ser bisiesto el año... nos saltamos el domingo.
Yo raramente estaba sola en la oficina. Aquel día... se dieron varios factores. El principal, que mi jefe tenía que acompañar a su hija a no sé qué tonterías de curas de sueño ó sueros ó..., no sé, pero lejos y a primera hora de la tarde. Y sonó el teléfono, como tantas veces cada día. Y el saludo fue un "hola" que no identifiqué con nadie. Y siguió un "¿qué pasa, bruja, que ya no me reconoces?"
Sí. Era "M". Y era la primera vez que hablábamos... tras muchos, muchos meses. Simplemente me llamaba como respuesta a un mensaje cortés que yo dejé en su contestador días atrás, en que el aburrimiento me hizo llamarle hasta a él...
Si no hubiese estado sola, la conversación habría sido de apenas un par de minutos. Pero...
Pero era veinte de mayo. Y yo estaba sola, de forma excepcional. Y hablamos durante más de una hora. Y...
Y aquella conversación fue el primer paso, y el determinante, para reanudar nuestra compleja relación. Durante casi siete años más.
No sé. Bueno, sí sé: sé que el granito de mostaza me avisó del peligro, justo un año antes. Y que no quise hacerle caso.
Sé que en mi relación con "M" todo fueron trabas: conseguir conocerle casi fue un milagro. Y milagrosos fueron casi cada uno de nuestros momentos juntos. La naturaleza, el destino... qué sé yo... Pero siempre hubo trabas, problemas.. como si todos los ángeles de la guarda se empeñasen en que no nos conociéramos, en que no le conociera, en protegerme de él...
Está claro que yo soy más cabezota.
Y... No sé. Mañana, ya hoy, es veinte de mayo. No creo en las casualidades. Mi personalidad tiende a buscar y encontrar explicaciones lógicas. Pero algunas veces éstas no existen.
Me han pasado otras cosas importantes tal día como hoy. Pero en este caso sólo me he centrado en las que tienen que ver con "M".
Ah: conservo el otro granito de mostaza. He conseguido encontrarlo.
Y... ¿a que es como un trozo de sol encerrado en una burbuja?















catalaneta dijo
Que cosas mas interesantes cuentas niña, yo no soy supersticiosa, solamente veo lo estético de esa joyita que además me parece preciosa, es realmente espectacular, pero dicen... que si crees en esas cosas es cuando realmente funcionan.
Quizás sea verdad, llévalo contigo a ver si te da suerte.
Un besito
Cata
20 Mayo 2008 | 02:50 AM