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Casa de Asterión

Laberinto cultural de publicación imprecisa

20 Noviembre 2006

La ley del barrio

Autor: Ronald Santos

Tantas veces entre fuego cruzado. Las chipas del sable de latón oxidado iluminan la pista ya casi sin asfalto, esta pista con los bordes cubiertos de arena, la misma que siempre he pisado, que ahora defiendo, porque aquí nací y nadie vendrá a tomarla, ni a posarse sobre ella. Es lo único que nos queda. Tantas veces los proyectiles rozándome las orejas, peinándome, despeinándome, rompiendo cráneos al adversario y la punta, escondida en mis pantalones anchos, la técnica de guerreo, no cansarse, amilanar al adversario con gritos, ¡mierda!, correr con los brazos abiertos invitando al cuerpo a cuerpo y luego correr, a salvar el pellejo, la cabeza, el honor, las zapatillas, huir de los tombos, los serenos, nos toca correr, trepar, rogar, luchar, las gentes paradas en esquinas, en puertas, ocultas con miedo, pero los más viejos nos desafían, ésos, los antiguos, uno de ellos era pata, pero ahora tiene su calato, tiene que robar para alimentarlo, tiene cortes y tatuajes, lo cagaron en el ejército, pero siempre nos saluda, es pata, no como otros, que no comprenden lo que hacemos, esos huevones no son de acá, vienen por nuestras hembritas, a chupar en nuestros parques, orinan en nuestras puertas, se meten bates, cagan el barrio y los tíos, las viejas llaman a los tombos, a los serenos, la vez pasada cogieron al boggie y carnero, los cagaron, ahora “boggie” no camina por la pierna partida, tendones, dice su vieja, “carnero” ‘ta peor casi lo violan, no los tombos, los viejos, los apretones, ‘ta caga’o, su viejo no lo deja salir, pero siempre hay bajas, igual somos guerreros, nacimos para el campo, para correr, no nos importa nuestra vida, es como la patria, acá ya no hay diferencias, somos un grupo, hermanos, una pandilla, eso somos, una pandilla, tenemos los mismos intereses, los mismos gustos, la misma edad, vamos al colegio y aunque no sé mucho de química, la profe’ me aprobará, le caigo bien, porque trato bien a su hija, si p’es la chibola, la ñaña le dicen, linda la cojuda, su cuerpito formadito, sonríe lindo y yo la quiero mucho, sí que la quiero, pero cuando la veo se me remueve todo y no le hablo mucho, pero la chibola está en otra, sale con otros amigos, media sobrada es, pero yo la trato bien, cuando la joden en el barrio yo salto, la gente ya sabe, me respetan y a ella también, pero esos conchas sus madres no, ellos la joden y cagaron a la chibola, el Pacay fue, ese huevón la afanó bien, pero es un hijo de puta, todo porque su viejo tiene plata, viene al barrio, levanta flacas para la disco, las huevas, pero se metió con la ñaña, se metió con Isabel, por eso no me importa, por eso quiero el arma, por eso se cagó ese huevón, porque la dejó en bola y el marica se escapó, la cagó a la chibola, tiene 15 años, la cagó a mi profesora, me cagó y ahora ya lo encontré y si no me das la pistola yo con mis patas te cagamos el puesto tío, dámela carajo o te coso viejo huevón.

Tantas veces bajo fuego cruzado, pero sólo eran piedras lanzadas por un arma humana, ahora estás caga’o Pacay, reza pendejo, que te vas quedar sin huevos... Y ahora sin manos… Y ahora…

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20 Noviembre 2006

Biografía

Autor: Joule Cáceres Angeles

Nací a los trece años. Enfermo y lejos de casa. Unos versos que hablaban de la nostalgia y la melancolía fueron mi aliento de vida. Ahora lejos del mar
tengo algo más de veinte años
creo en los sueños como una realidad certera
paso las noches entre el arrullo de una mujer que no veo
y un par de amigos, tal vez cercanos, Hernández y Oquendo.

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20 Noviembre 2006

Corazón de trapo

Por: Daniel Maguiña Contreras

IV

A veces puedo ser mago. A veces vuelvo y a veces me voy, mantengo el equilibrio. Soy inmune, inestable, insoluble, indirecto, plúmbico, tutti fruti. Siento que estuve en ese lugar, que llegué de sorpresa como si todos ahí hubieran tenido el mismo deja vu, la misma revelación, la misma indiferente reminiscencia, el pacto sacrílego con los recuerdos agotados en otras vidas.
Tengo el corazón de trapo. Mi tiempo es un tiempo corrugado, un tiempo de trapo sucio. Tengo la memoria frágil, de serpentina; no puedo seguir recordando viéndome las líneas de las manos mutando diariamente. Cuéntame poco sobre ti. A veces vivía en una burbuja y en temporadas más cortas en silencios sin sentido, he cantado bajo para no causarte estragos en el viento. Cuéntame poco.

V

Tengo el corazón de fruna más idiota del planeta, los presagios de medianoche me persiguen hasta hacerme sentir inmune a los poderes de la luna y vulnerable al efecto del silencio. El abuelo no sabe de mi corazón, no sabe que es un dinosaurio de finales de siglo veinte. Él no sabe que padezco de agujeros negros y de impertinencia absoluta, de una patética susceptibilidad. Soy patético, para nada mago, las pociones se mezclaron en el asfalto que pisó su recuerdo.
Abuelo, yo sufro alegremente, sufro de comprender mis grandes felicidades; sufro porque así es más fácil entenderse a uno mismo, uno se inspira mejor así en un estado de éxtasis incomprensible. Me duele entretenerme conmigo mismo, ser una copia falsa de algo que alguna vez hubo aquí. Abuelo, quisiera hablarle en primera persona y recordar instante por instante el árbol genealógico de mis ancestros, quisiera saber por qué soy así de obstinado. Así tan yo, tan tú, tan nosotros.
Usa mi corazón de semáforo, de lugar para esconderte, de último lugar donde te esconderías, toma mi corazón sorpresivamente y vete corriendo, vete con él entre tus brazos como un niño idiota, mi corazón.
Cuéntame algo sobre el tuyo

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20 Noviembre 2006

Vientre Extraño

Autor: Carlos Izquierdo

Acude a la cena-¿vendrás?
la acordada (por mi mente sellada)
familiar-cristiana;
sin padre
tú ¿madre? (lástima)
sólo tú…

No pudiste aguantar
/otro/-/otro/-/otro/
¡tú!; “madre”
Sólo tú…

Un balbuceo;
caigo en tu laurel
[/muerte/muerte/muerte/] (2da oportunidad)
Sólo tú…

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20 Noviembre 2006

Corazón de tiza

A Pamela Castro, por aquella mariposa extraña.

Autor: Paul Asto Valdez

Sabes que lo bueno de buscarse líos, es que en tu vida habrá de todo, menos aburrimiento. Aunque esta tarde sombría, extraña, en donde los duchazos no sirven de nada, y tu delgado cuerpo yace tendido, desconsoladamente en la cama, siento como si estuviera al borde de una ventana, presenciando cómo le arrancan las alas a uno de esos angelitos de los que hablas, los que te entristecen cuando caen en ese infierno al cual tú perteneces, al cual me arrastraste.
Si no me sintiera de esta forma, quizás terminaría de leerte “Cartas a una señorita de París” y sé que soñarías con conejitos que yo vomitaría para ti, los que matarías para no morirte de hambre; pero ya es tarde y tendré que volver a mi vida y tú tendrás que caminar por las calles muy lejos de mí, entrando en tus descampados sin castillos medievales, sin neurosis, sin meleriles que traten de cuidar tu sueño, tu autoestima, tus miedos que están casi siempre vinculados a esa extraña mariposa con ojos de búho en sus alas; gordos, redondos, amarillos como lo es París en verano, como las naranjas podridas que te compré cuando te acercaste a mi carro y no te importó que sea un viejo calvo, con esos pequeños ojos de rata ocultos tras esos lentes de poto de botella. No, no te inmutaste cuando te pregunté en dónde vivías, si siempre parabas a esa hora y en esa avenida, ni mucho menos cuando te di ese billete de diez soles por esas naranjas. No, tan solo reíste con esos enormes dientes de conejo, mientras me decías que mañana me darías el vuelto.
Así fue cómo me convertí en el ser deplorable que alguna vez pensé que amaste, el viejo daltónico que nunca sabrá el color exacto de tu pobre ropa interior, el que siempre querrá llevarte, lo sabes; pero tus hermanitos, tu mamá en silla de ruedas, esas cojudeces por las que siempre te odiaré, por las que siempre te despreciaré, y no por ser pobre, ni por la miseria que solo se te va cuando te quitas toda la ropa, sino por tus vínculos, por no querer dejar de ser la pobre chiquilla que vende naranjas en una intersección de la avenida Aviación y que tiene que aguantar a todos los tipos que se le acercan, quizás al igual que yo, sin saber que tal vez le sonrías a otro como a mí; o si también le acabarás debiendo un vuelto que jamás devolverás, el cual me pagaste con la juventud de tu cuerpo.
Y mejor no pensar en las peleas por no encontrarte en la intersección en que quedamos; y tú que serenazgo me botó, que tu hermanito se sintió mal, y yo como un idiota buscándote por toda Aviación, preguntando a cualquiera que pudiera saber de ti. Y sé, no podrás negármelo, que ya todos andan murmurando de mí, del pobre viejo feo que te busca desesperadamente todas las tardes, y que se pone como loco cuando no te encuentra. Sí, estoy enfermo, lo sé, ¿pero cómo no estarlo? si por ti tomo esas pastillitas azules, las que tú crees mágicas porque me permiten amarte con la única forma en que puedo hacerlo.
Mientras tanto, tú me preguntas qué es esto, y yo que esto es el prepucio, y tus ojos miran inocentes y curiosos para intentar convencerme de que es la primera vez que lo preguntas, y yo odiándote porque presiento que no es verdad, aunque sé que lo es. Cómo me gustaría que tan solo quisieras mi dinero, algo; pero no, tú no quieres eso, y es justamente aquello lo que me asusta tanto y me tiene tan enfermo. Hasta he pensado que me gustaría vivir a tu lado, dejar a la menopáusica de mi mujer e irme contigo, claro, no sabes que estoy casado, ni que tengo dos hijas, más o menos de tu edad, pero creo que eso tampoco te importaría.
A veces he pensado en abandonarlo todo e irnos a París, sé que tiemblas cuando te hablo de esa ciudad en donde es tan fácil morirse de hambre y de amor a la misma vez. Irnos, empezar o, mejor dicho, terminar esta estúpida vida y dejarte lista para el hombre que no necesite de esas pastillitas y que no produzca ese extraño ruido cuando nos acostamos, ese ruido que me acompaña por el resto de la noche, haciéndose mas débil, por momentos más cercano, más fuerte, insoportable, creyéndote cerca, tan cerca como la muerte misma.
Claro que tú piensas más en eso que yo. ¿Qué dirían si supieran que este prestigioso abogado está con una chiquilla de diecisiete años? ¿Qué dirían mis amigos, mi círculo social? Y yo que no me importa, y tú que debería, y yo odiándote porque preferiría que fueras una puta cualquiera, y tú ofendiéndote, y yo pidiéndote perdón de rodillas, mientras beso tu vientre desnudo y lloro, lloro porque estoy a tu intemperie, como si hubiera saltado a un abismo sin fondo, y del cual no quisiera salir nunca más.
Sé que el silencio se parece mucho al olvido, pero no lo es; aunque algunas veces debería de serlo. Veo tu cuerpo dormido y sé que es lo más cercano a aquello; tu respiración profunda, tu corazón de tiza, tus manos aferrando las sábanas, quizá como sospechando que me gusta quitártelas cuando duermes. Sí, no hay duda, eres casi una niña, y amas como una niña y lloras como una niña y no sabes lo que quieres porque quizá no quieras nada, a excepción de este pobre viejo que te sigue mirando ya sin sábanas, desnuda, hermosa, y sintiendo sigilosamente por primera vez en la vida, lo que tal vez sean las esquirlas misma del amor.

Lima, Marzo, 2006

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20 Noviembre 2006

Entrevista con Juan José Sandoval Zapata

LA LITERATURA COMBI DEL PERÚ

Texto y fotos: Grace Gálvez

Juan José no sonríe. Me mira a los ojos todo el tiempo y habla tan libre como si pensara en voz alta. Dice que sus respuestas siempre serán las mismas, le digo entonces que le haré preguntas nuevas. Me río. Ni se inmuta. Parece como si la tierra se hubiera tragado su alegría, pero no la satisfacción. Actualmente es el editor de la revista cultural Urbania y autor de libros como Barrunto y Las ratas de mi casa. Dice estar orgulloso de sus logros. Dice que me responderá con la verdad. Yo le creo.

¿Quién eres?
Soy la reencarnación de los rencores de mi madre. Ya hace 30 años que salí expulsado de su útero por indisciplina.

¿Cuál es tu palabra favorita?
Depende, por las mañanas, SUICIDIO es la palabra que más late. Por la hora del almuerzo ya la cosa cambia un poco, pero el desánimo prevalece. Ya por la noche, la palabra favorita es: SEXO.

¿Por qué mencionas el suicidio? ¿Acaso no te gusta la vida?
La detesto deportivamente. Desde niño me he acostumbrado a odiar a mansalva. Recuerdo que durante los almuerzos familiares no hubo otra práctica más saludable que el raje. Entonces, mientras iba creciendo me iba alimentando de esa desazón que sentía mi familia hacia todo. Todos en casa son contadores públicos. Yo también me hice contador público, pero contador público de historias privadas.

Esa desazón es tu temática frecuente…
Mi fuerte es la TRISTEZA, el DESAMOR. La tristeza porque en esta ciudad es muy difícil ser alegre, el clima no ayuda. Y el desamor porque el amor es muy trillado, y yo he nacido rebelde.

¿En qué te inspiras?
En todo lo que se deje. Hace muy poco publiqué un cuento titulado Confesiones de un papel higiénico olvidado, imagínate mi nivel de inspiración, un pedazo de papel.

¿Cuántos libros has publicado y cuáles?
Tres. Primero publiqué poesía: Lágrimas poemario y otros graffitis (1999). Después, narrativa: Barrunto (2001-2004) y Las Ratas de mi casa (2005). También participé en una antología que se tituló El gaviota y otros cuentos. Yo estaba en «otros cuentos».

¿Publicar es un buen negocio?
Ni hablar. Publicar, para un escritor, no es un negocio, mucho menos un negocio rentable. El publicar es un enfrentamiento con la realidad. Muchas veces, este choque abrupto con lo real, hace que los artistas naufraguen en sus profesiones. Publicar en un país donde nadie lee es fomentar un acto clandestino, pero, de lejos, gratificante y vitalizador.

¿Cuál es la política del Estado con respecto a publicar libros?
El Estado tiene programas de fomento de la lectura, tiene convenios y arreglos comerciales con las editoriales más importantes. Pero no se ha percatado que al igual como existe un desborde popular en el sistema económico donde impera la informalidad, existe informalidad en el proceso de publicación. Muchos autores prefieren sacar sus ejemplares de manera independiente y evitar desilusiones que muchas veces terminan de manera traumática. El Estado ni siquiera se ocupa de los niños, menos se van a ocupar de los otros niños que quieren publicar libros.

Entonces dirías que no es conveniente publicar en el Perú…
Para nada conveniente, si es que hablamos de un círculo intelectual capaz de asesinarte si es que no les caes bien. Para nada conveniente si es que hablamos de publicar literatura que por lo general leerá tu familia, y a ellos será imposible cobrarles regalías. Los beneficios de la escritura se encuentran en el extranjero. En el Perú nomás existe la pobreza intelectual, si es que no hemos llegado a la hambruna total.

¿Y cuál es tu mayor problema a la hora de publicar?
La VERGÜENZA. De hecho, el publicar algo de lo que me arrepienta es una constante. Hay que recurrir a los correctores que no liban licor, a los enemigos que están dispuestos a leer tus manuscritos, a los críticos. Antes que lo monetario, está el problema del ego de los miserables. Lo demás, está en juntar tu plata y buscar un buen precio en Rufino Torrico.

¿Qué significa Urbania para ti?
Urbania es un proyecto pionero del cual me siento orgulloso de pertenecer. Gracias a la revista he podido conocer mucha gente y tener acceso a la información periodística de primer nivel.

¿Tienes algún nuevo proyecto personal en mente?
Fuera de mi cargo como editor de la revista Urbania, tengo dos proyectos literarios: uno, un libro sobre el accidente del Fokker con el Alianza Lima. Y dos, un conjunto de relatos fantásticos. Además, estoy preparando una crónica para Gatopardo sobre el Pacho Hurtado y mi tesis de Maestría en Periodismo, que trata sobre el uso de la jerga en la prensa “chicha” del Perú. Ya con todo esto, tengo suficiente hasta el final del año.

Temas más frecuentes en su obra

¿Por qué Barrunto?
Por presentimiento. Presentimiento de que pronto llegará la separación, como dice la canción de Héctor Lavoe. Sergio Galliani me dijo que a él le sonaba a barro. Como que tiraba barro. Es su percepción y la respeto. Jorge Eslava dijo que Barrunto (como literatura) le sugería una combi. Desde ese día soy literatura combi del Perú.

¿Por qué la rata?
No sé muy bien a qué viene esa insistencia mía con las ratas. En Barrunto recreé una escena con una rata, que funcionó muy bien con los lectores. Eso hizo que continuara trabajando con ellas. Han sido muy buenas conmigo, durante las fotos para el libro, llegamos a comprar una rata a un gasfitero. La tuvimos domesticándola por varios días hasta que le pinchamos éter en el cuerpo. Lástima que no pudo resistir a la sesión de fotos. Murió como toda una heroína de la literatura.

¿Por qué tu madre?
Porque considero que la maternidad representa el embrión de la vida. Todo hace indicar que yo reniego de mi procedencia, pero no es así, yo sólo busco reacciones en mis lectores y si para lograr eso tengo que matar a la vieja, pues la mato nomás.

¿Por qué soltero?
Aún no encuentro a alguien quien me aguante. Tengo varios prospectos, pero todas se hacen las difíciles, sobre todo cuando ven en mí a un artista decadente.

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20 Noviembre 2006

¿De la poética al socialismo? El marxismo impulsado por el fracaso en la poesía

Por: Alejandro Mautino Guillén

“La poesía es el punto de intersección entre el poder divino y la libertad humana”.

Octavio Paz

Resulta extraño saber que Karl Marx –el constructor de las bases del Materialismo Histórico– pudiera “perder el tiempo” en algo tan subjetivo como la poesía. Cuando aún experimentaba la juventud, el científico que estudió las anomalías de la sociedad y diseñó un novedoso modelo económico y social que revolucionó la cosmovisión mundial, tuvo primero un norte: la fama literaria. El siguiente artículo explica una curiosa etapa de la vida del gran pensador alemán.

El bohemio de Treveris

Un joven de Treveris, de conflictos emocionales y una inteligencia todavía dormida, es lanzado del seno familiar a la vida universitaria y en aquel nuevo contexto transforma radicalmente sus modos conservadores hasta convertirse en uno de los más grandes bohemios de toda Alemania. Se llamaba Karl Marx, y aún no era el personaje de abundante barba que figura en los libros de historia universal.

Había incurrido en los peores hábitos estudiantiles: fue detenido por alboroto y embriaguez nocturnos en donde le confiscaron armas prohibidas, vinculadas con los duelos a pistola; no tenía interés en la universidad, no asistía con regularidad a las clases de Derecho y mostraba poco interés por las aficiones filosóficas o literarias. Marx dedicaba poco tiempo a las cuestiones intelectuales y ni siquiera tenía el hábito de la lectura o la escritura.

Entre estos y demás acontecimientos que le otorgan a Karl Marx el grado superior de “gran bohemio de Treveris”, figura también el gran amor de su juventud, la muchacha más bella de Treveris, Jenny Von Westphalen, quien fue seducida por la “brillantez retórica” del Marx enamorado. El amor por Jenny encendió en Karl la vocación por la poesía, y la idea de convertirse en un gran poeta le fascinó.

Con la existencia de Jenny, Karl tomó muy enserio la poesía. Dedicaba la mayor parte de su tiempo en la escritura, día y noche, invertía por completo laboriosidad, fuerza de voluntad y mucha fe. Notas, esbozos, borradores, versiones definitivas. Nunca descansaba. Se dejaba llevar por la impetuosa determinación de conquistar, de un salto tempestuoso, una posición dominante en el mundo.

Era prolífico, en pocos meses logró un número importante de manuscritos, como los dos gruesos cuadernos de notas llenas de poemas, a los que denominó Libro de amor I y Libro de amor II (¿Marx escribiendo poemas amorosos?), los cuales dedicó a “mi querida y eternamente amada Jenny Von Westphalen”. A un tercer cuaderno de notas le llamó Libro de canciones. Posteriormente dedicó un cuarto libro a su padre, carente de título.

Su producción literaria también se vincula con la traducción de las Odas de Ovidio. Escribió un diálogo poético Cleantes, la novela humorística El Escorpión y Félix y Oulanem, tragedia a la manera clásica.

Durante sus primeros meses en Berlín, Karl “progresa” tanto en novela como en tragedia, pero pronto el joven de Treveris es inundado por un desequilibrio emocional, lo que le lleva a ser presa de una reacción desesperada que terminó en la soledad y el desgano: ¡no era poeta!, solo era un trivial aficionado, como otros miles de jóvenes enamorados y cegados por la ilusión juvenil del amor.

Los manuscritos que había enviado a los periódicos, no solo le fueron devueltos, sino que además no traían una sola palabra de aliento. Se dio cuenta de que sus escritos no mostraban talento y mucho menos genialidad. Las ilusiones literarias desaparecieron en el joven Marx: “Nada está claro / las emociones son vulgares e informes / no hay nada natural / todo está hecho de aire enrarecido / son reflejos retóricos en vez de pensamientos poéticos / todas mis creaciones se reducen a la nada”.

Marx carecía de inspiración auténtica y el estilo que practicaba era rudimentario. Por ello, se deduce que el mundo no perdió nada con que renunciara a la poética. Entre ruinas se hallaba el joven Karl, fracasado, y ya no tenía energía ni ambiciones. El mundo no perdía un poeta, pero él había perdido al mundo.

Perteneció a la clase de los bohemios intelectuales, los de café, donde pasaba la mitad de su vida. El poeta fracasado vivía en un estado de parálisis emocional y motora. No trabajaba, no escribía, no tenía meta concreta alguna, era un estudiante que había fracasado en todo, y en ese estado de contrapunto existencial encuentra refugio en las bibliotecas, en los libros. Fundamentalmente había leído las obras completas de Hegel; asimismo, tradujo del latín la “Germania” de Tácito y del griego la “Retórica” de Aristóteles, todo en solo un año.

La inteligencia había despertado. Poseía una vasta cultura y argumentos filosóficos verdaderos, versados en lógica y en el arte de razonar mediante la analogía, la antítesis, y la eliminación.

Hasta entonces el lenguaje de Hegel era un enigma, pero Karl Marx logró esbozar un novedoso planteamiento sobre el pensamiento hegeliano, con lo cual conquistó su primer renombre entre los intelectuales. Aunque al principio causó gracia a los demás filósofos, más adelante logró la confusión de algunos y luego el respeto que merecía la tesis que planteaba. Karl Marx declaró la hostilidad a todo lo relacionado con dios y la religión.

El joven Karl logró un renombre, ya no era el bohemio, sino el genio que pudo sobreponerse de un fracaso y convirtió la decepción del período lírico en experiencia. El fanatismo por el arte literario lo condujo al hábito de escritura y al estudio de los problemas sociales. El resto de la historia ya es conocida.

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20 Noviembre 2006

Sopita y Panterita


Autor: Danilo Riveros Tolentino

...La medianoche de sus 92 años desenfundó su lengua de esa vieja cartuchera sin dientes y castigó al amor. Con la cabeza sepultada donde no llegan las sombras, lloró con un niño, abrazado a esas dos maderos pulidos, curvados, vaporosos...

“Paloma” de los viernes, estudiante de secretariado, camuflaje para escapar de los serenos que se lo hacían sin contratiempos en el camión de capturas. Había convertido su cuerpo en una escultura, negada al frío y al calor, a salvo del retortijones del placer. Un cuerpo de madera, de metal, de cartón o de carbón, una negra esculpida a punta de lengüetazos.

Fueron dos pastillas de 100 miligramos, y su animal jubilado no despertó, pero su lengua se zamarreaba como pez que se asfixia.

Saquito rojo mini negra, maletín y lonchera, cinco soles en la cartera y 17 años a cuestas; quiso estudiar la tarde que se hizo puta. La esperanza de una familia de forajidos de Breña... Ay Martha, Margot, Paloma, negada al placer como quien hace dieta. Mi cuerpo no está hecho de metal, de metal, de metal (un grito y otro, y otro y otro)...

Prostatitis, cálculos, incontinencia, artrosis, sordera y un aliento a herida supurante, pero ese cuerpo de víbora que atacaba desde sus encías desdentadas, era obra del demonio. Soy obra del demonio. Eres obra del demonio, papi, (un grito, y otro y otro y otro).

Esa faldita negra, naciste pendeja, esa blusita, la tetas, el culo, naciste pendeja. Estudiante de secretariado, qué rica fantasía, tan inocente, con tus pilimilis en la cabeza, qué rica colita, calzoncito de ositos... Si no te hubieran tomado a la fuerza, no tendrías el corazón duro como el carbón.

Mi ceviche, mis conchitas, mi leche de tigre, mi caldito de choros, mi negrita, Paloma, Paloma, Paloma (un grito y otro y otro y otro)

Reclutada por la “Sirenitas”, a 3 soles por baile y 2 por trago. 30 soles para la casa. Qué ejemplo, estudiante de secretariado y anfitriona de casino, para justificar las madrugadas. “Trabajo y estudio mamá”. Qué ejemplo Martha, Margot, Paloma. Qué ejemplo mami, de rodillas a las 2 de la madrugada empuñando tu vergüenza, ahogándote, tosiendo, lamiendo el humo de tu carne de carbón, mi Panterita.

Grita, lo jala, lo empuja, se retuerce, le aprieta la pelada. El no desentierra la cabeza, piensa en su licuado de ranas, “¿Le sirvo otra más don “Sopita”?” 92 años carajo. Qué rico papi, y no finge Paloma. Una lágrima, y otra y otra y otra. Mi cuerpo no está hecho de metal, ni de cartón ni de madera... Qué rico papi (suena la música lejos).

Como en neblinas veías la noche que te vejaron, cara y sello, como dice la Susy Díaz, todo te hicieron, por eso te hiciste de madera, de metal, de cartón y de carbón, ¿no negra? Por eso te gustaba tanto esa canción. Por eso la bailabas con tanta tristeza, con tu cuerpo de luto, abrazada a la barra, con ese culo tan redondo, ¡la mejor estriptisera de la Sirenitas carajo!.

Cesan los gritos, se ahoga Paloma, solloza Sopita. Lloran, tiemblan, se abrazan, se entrepiernan, se protegen, ella briosa como un corcel y él con el cuerpo hecho costras. (suena la música lejos)...

Después te emborrachabas y lo hacías gratis en el oscurito, por eso te botaron de la Sirenitas y volviste a las calles, con tu mini negra y el saquito rojo, estudiante de secretariado, ja ja ja, pobre puta, te correteaban los serenos, te lo hacían de pie, te quitaban tu plata, te reventaban a golpes los abusivos.

Pero ya pasó, shushushu, golpecito en la cabeza, shushushu (despacito) ya pasó, ya pasó, shushushu, susurra Sopita con su aliento gangrenado.

Despierta, se levanta, deja su vaso, empuña las manos a la altura de la panza, rechinan sus rodillas, la acaricia con su miopía, Paloma abraza la barra (mi cuerpo no está hecho de metal, mi cuerpo no está hecho de madera), se clavan las miradas, ella le baila, él la adora; la afición, mil ojos lilas en las penumbras, entre el humo y el jugo de olores, ya advirtió el romance, aplauden, aúllan, celebran con cerveza la estocada de don Sopita, que tal lengua de este viejo venenoso, que buen verso trae su “sin hueso”.

92 años carajo, le surca una lagrima, y otra y otra, le piden que se siente, se resiste, rechinan sus rodillas, baila Sopita; siéntate viejo de mierda, los mozos lo toman del pescuezo, 92 años carajo, y me vengo a enamorar de un puta, puta, puta, putaaaaaaaaaaaa tu mare. Lo lanzan a la calle. ¿Es el fin? Vuelve la cara, está lloviznando, se sacude el barro, se incorpora y como en una novela de Kafka dobla la esquina.

Ay Margot, Martha, Paloma, cubres tu desnudes con tus dedos de chocolate, has corrido a ponerte la ropa, la sangre ha llenado nuevamente el pozo seco de tu corazón de carbón, y se rebalsa, abrazas el pañuelo de tu cintura, corres tras el viejo Sopita, que te lamió con una ternura que desgastó el cascarón de metal que te recubría, Corre Panterita, corre por el viejo fantasma que acaso nunca volverás a ver.

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Sobre mí

Somos un grupo de jóvenes con ganas de hacer muchas cosas y hacer otras, sobre todo "otras" ya que las primeras cosas son producto de nuestro impulso repentino, o algo así. En fin. En realidad hacemos una mini revista de corte cultural (¿suena feo no? "corte cultural"), dándole preferencia a la creación literaria. La publicamos cuando hay presupuesto, pero pronto cambiarán las cosas -no las primeras cosas, ni "otras cosas", eh- porque dejará de ser un pasatiempo. Esperamos que colaboren con sus escritos y les advertimos que de verdad "cambiarán las cosas". En fin. Mejor no sigo porque ya te quité mucho tiempo. Escríbemos a: casa_de_asterion@hotmail.com Att: Nosotros. Joel Córdova, Rafael Gómez, Elías Casazola, Luis Eduardo Reyme, Jaime Tranca, Ronald Santos, Alex Alejandro, Néstor Valdivia, Suzette Yucra.

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