
La semana pasada un grupo de médicos cubanos circunstancialmente en Bolivia, operaron y devolvieron la visión a Mario Terán, quien aquél domingo 9 de octubre de 1967, tembloroso y bajo los efectos del alcohol, apretó el gatillo para acabar con la vida física de Ernesto Guevara, mejor conocido como El Che Guevara. Conmovida, su familia dió las gracias públicas por el hecho.
La vida y sus equilibrios, pensé. Ironías profundas difíciles de tragar y, sin embargo, me gusta pensar que el Che sonreiría complacido.
Ayer 8 de octubre se cumplieron 40 años de su captura en la sierra Boliviana y hoy iguales años de su fusilamiento en La Higuera. 4 décadas después, el Ché sigue siendo ejemplo y motivación para el sueño realizable de una sociedad distinta, más justa, más humana, más integradora. Para algunos santo, para otros asesino, sin embargo unos y otros respetan su entereza, su entrega, su claridad ideológica.
Para cerrar, y sin muchas más palabras, cito los últimos versos del poema Carta al Che del poeta argentino Lucas Moreno. Gracias, Diana , por compartirlos:
Tomaremos tu muerte, tu silencio,
tu cabeza yacente reclinada,
las nueve balas de tu pecho yerto
y el perfil nazareno de tu cara.
Dános toda tu muerte, tu silencio,
para asumirlos en tu fe probada,
guerrillero de luz liberadora,
vencedor de la muerte
Che, Guevara.
PD: No sé si necesita mucha presentación la foto pero se trata del original de la imagen tomada por Alberto Korda y que se encuentra en el museo de la fotografía en California.
La frase del título es del tema Murguita del Sur de Bersuit Vergarabat.
