Triste panorama el que me encontré anoche al llegar a casa y ver mis rss la amarga discusión, que ni llegaba a ser tal, entre algunos periodistas blogueros de nuestro país en torno al periodismo nacional y su cuestionable salud.
Para poder ambientarlos ayer se celebraba el día del periodista en Venezuela. Un 27 de junio, pero de 1818, se fundaba El Correo del Orinoco el primer gran periódico que sentó las bases para la emergencia del periodismo y del periodista como actividad y como figura especializada, respectivamente.
Todo parece que lo comenzó José Roberto Duque al hacer el llamado a realizar la autopsia del periodismo venezolano y comienza su texto con un párrafo contundente:
El periodismo venezolano ha muerto.
Al respecto, no hay matices, no hay excusas, no hay justificaciones, disimuladores ni suavizantes. Esa mierda que todos leemos en la prensa, vemos por televisión o escuchamos por radio en forma de noticias, no son trabajos periodísticos. Son en realidad objetos propagandísticos destinados a destruir un proyecto de país o adular al líder de ese proyecto de país. Ambas aplicaciones del periodismo son inaceptables: el periodismo debería servir para registrar la verdad, no para ensalzar o destruir personas o proyectos.
Parece que no hay mucho más que agregar ya que con bemoles todos estuvieron de acuerdo, si o en lo primero (la muerte del periodismo venezolana), por lo menos en lo segundo que es la marcada división (también) del "gremio" en nuestro país.
La capital estuvo "adornada" con por lo menos dos marchas. No estuve ninguna de las dos, ni voy a reportar nada de la prensa, sino de lo que dicen los periodista bloguers. Seguramente se me pasará alguno en esta primera pasada pero me parecen suficientes como para dar una idea de la situación del periodismo nacional vista desde este lado de la realidad virtual. No hay un orden jerárquico ni mucho menos, sino aquél en el cual va apareciendo o aquél en el cual fuí leyendo los comentarios.
Con respecto a las marchas, leo lo que escribió Iria en reste@dos :
¿Marcha del Día del Periodista? ¿Para celebrar no-se-cuántos años del Correo del Orinoco, como le oí decir a Desireé Santos Amaral (en transmisión radiofónica del show oficialista, mientras a mí alrededor en vivo y directo el show opositor)? No, no creo. Hasta a mí se me había olvidado que esa era el evento histórico que se conmemora. ¿Marcha de los periodistas? ¿Cómo llamarla así, si los periodistas eran minoría en ese gentío variopinto? ¿Marcha por la libertad de expresión? Esa era una de las consignas. Una entre centenares. Parecía que cada persona que asistía a la marcha tenía una consigna diferente. Tal como tenían signos diferentes, banderas diferentes.
Enigma comentó, por su lado:
Un grupo de periodistas-pedigree-de-culo-pesado que se hacen llamar periodistas bucaneros por la libertad de expresión van de marcha por el Día del Periodista.
Entonces me pregunto, bueno mejor no me pregunto nada. Mejor me acuerdo de aquella canción enérgica de la Comuna de París:
Les journalistes marchands de calomnies /ont repandu flots d`ignominie
Los periodistas mercaderes de calumnias han volcado oleadas de ignominias.
Hace tiempo que no creo en el periodismo en Venezuela.
Khabiria dijo que no tiene nada que celebrar y tampoco es muy optimista:
Se ha llamado a conmemorar la Semana del Periodista, una semana sin mayores actos que algún que otro foro, alguna que otra premiación, un par de marchas, pero sin debate de fondo, sin detenerse a pensar ¿qué nos pasa? ¿En qué momento dejamos de ser periodistas para ser actores políticos? ¿En qué momento se nos olvidó que nos debemos a un usuario, a un lector que tiene unas necesidades informativas que no están cubiertas?. ¿En qué momento a los periodistas se nos olvidó nuestra función social? ¿Cuánta responsabilidad tenemos los periodistas en la polarización venezolana? ¿Cuándo puteamos el gremio y no nos dimos cuenta?
Por último (last but not least) Luis Carlos llama a recoger los pedazos y escribe:
El hecho es que no sé identificar exactamente un “punto de quiebre” en el periodismo venezolano, no podemos decir en qué momento esto se fue a la mierda y el escenario comunicacional venezolano se volvió una gritadera sin diálogo… más parece que en el fondo, como nunca hubo diálogo real, no todo se ha perdido y a pesar del abierto escenario de guerra simbólica, hay espacios aún para el ejercicio consciente y no partidista de esta profesión. Al menos eso prefiero creer.
Es obvio que el panorama no es muy entusiasta pero todos los que cito han optado por la red como un nuevo medio para expresarse. Muchas veces hemos dicho que hace falta generar discusiones de altura, profundas sobre el impacto de estos nuevos medios (ya no tan nuevos, pero para algunos totalmente desconocidos) en la puesta en escena de nuevas voces que tristemente no son las que aparecen acá.
Jose Roberto es pesimista al respecto, aún así creo que vale la pena el intento. Lo que es claro para mi es que al periodismo no se le puede medir ya por los viejos raseros. Eso que es cierto en general es especialmente en nuestro país y eso es desconcertante. No puedo evitar recordar al profesor Sanoja Hernández, recientemente fallecido. El suyo fue un ejemplo de un ejercicio periodístico que ya nos parece muy lejando pero del cual deberíamos aprender la mirada crítica sobre la historia, incluso sobre la historia política, sin que ella nos fagocite.
The show must go on...
Addenda:
Y habiendo cerrado me topo con esta lúcida cita del profesor Tomás Eloy Martínez. ¿Será que esto nos da algunas luces?:
Cada vez que las sociedades han cambiado de piel o cada vez que el lenguaje de las sociedades se modifica de manera radical, los primeros síntomas de esas mudanzas aparecen en el periodismo. Quien lea atentamente la mejor prensa mexicana de los años 90 encontrará los preludios del cambio que sobrevino con la alternancia democrática, así como quienes hayan leído las grandes crónicas sobre los años de Ronald Reagan habrán descubierto las semillas de amapolas en las que fermentaron los mullah Omar y los Osama bin Laden. En el gran periodismo se pueden siempre descubrir los modelos de realidad que se avecinan y que aún no han sido formulados de manera consciente.

