Hoy leí una noticia que reporta los resultados de un estudio hecho con niños a quienes se le había sacado la sangrey luego se buscó medir su manejo del dolor en tres circunstancias diferentes. Se trató de una muestra de 69 niños entre 7 y 12 años que fueron divididos en tres grupos. Cada niño debía valorar su nivel de dolor al igual que la madre. Los tres grupos en los cuales fue dividida la muestra, obedecía a las siguientes condiciones: un grupo iba a ser consolado por sus madres, otro grupo iba a estar acompañado de sus madres pero ellas estarían en una actitud desatenta y el último grupo estaría viendo tiras cómicas en la televisión.
Para sorpresa de los investigadores, el grupo de niños que estuvo viendo su programa favorito en la televisión, vio aliviado su dolor mucho más rápido que aquellos que estaban acompañados y mimados por sus madres.
Uno de los investigadores decía algo así como: "El poder de la televisón es muy grande y dañino, debe ser controlado". Las explicaciones a esta supuesta reacción contranatura de unos niños que prefieren su historieta favorita, a su mamá pasan desde aquella que dice que cuando los niños son consolados por sus madres en una situación como la relatada, sienten que efectivamente algo muy malo debe estar pasado hasta otro según el cual cuando están viendo televisión, el organismo segrega una hormona tranquilizante.
Para mi está muy claro el asunto, y con esto no quiero decir que sea bueno de por si que los niños estén pegados todo el día a la pantalla del televisor, pero estoy convencida de que tambien hay otros elementos jugando un papel allí. Lo ideal, por supuesto, sería que la madre estuviera acompañando al hijo mientras ve la televisión. Pero quien tiene un niño en su casa, bien sea su hijo o hija, sobrino. etc, habrá podido observar que se vuelven ciertamente adictos a un programa en específico o a una serie espacífica o, más claramente, a una película en específico.
La experiencia que yo recuerdo con mis hijos pequeños es que tenía que ponerles la misma película una y otra y otra vez y a veces me parecía increíble que fieran capaces de vérselas tantas veces y si los dejaba solos y de vez en cuando me acercaba, ¿qué descubría? que ellos llegaba un momento en el que se adelantaban a los parlamentos de los personajes, lo repetían una y otra vez y lanzaban carcajadas.
Estoy convencida, entonces, de que uno de los aspectos fundamentales en este fenómeno de que la TV relaje a los niños, es que los pone en relación con una narrativa, con una historia. La imagen, por supuesto, es importante (y la música, no la olvidemos, por favor), pero es el hilo subtendiente de la historia el que atrapa la atención de los niños y los relaja poniendo su atención en otro lado: sus personajes favoritos y sus aventuras.