México ha dado unas lindas sorpresas en estos días. La de ayer fué impactante: el desnudo colectivo más numeroso de los que ha hecho Tunick en el mundo (19.000 personas aproximadamente). Fue en el Zócalo, la hermosa e inmensa plaza central de la capital mexicana. Créanme que cuando uno tiene la posibilidad de acercarse a este país y conocerlo un poco, valora mucho más este tipo de manifestaciones.

Elia Martínez-Rodarte , una de las participantes, escribe un texto muy hermoso narrando su experiencia y dice:

Al final acudieron más de 18 mil personas a la plancha que concreta los festejos centrales del corazón de la patria. Dios y el presidente conviven como vecinos separados tan sólo por una fría, gris y enorme plancha de concreto que en el centro ostentaba un astabandera vacía. Callaron ante la presencia de Tunick el gobierno federal y la iglesia en un sensato silencio.
Pero quizás lo mejor de todo fue que se llevó en la ciudad en donde una instalación de Tunick puede tomarse con la picardía y el humor necesarios.

Y después de narrar cómo era eso de estar todos allí desnudos habla de la polémica fotografía final únicamente de mujeres y termina:

Amén de ser la instalación más grande que ha hecho hasta ahora Tunick, estoy segura, que entre lo gritones, matraqueros y cueteros que echamos porras a la menor provocación y decimos viva México con aplausos frenéticos, ésta reunión se convirtió en algo así como una pachanga nudista en un verano de Cipolite en macro.

Al final nadie caminó aprisa en su nudez hacia su ropa. Las mujeres, las últimas en vestirnos, dimos el último tirón a las fotos de Tunick. De alguna forma extraña, esa sororidad en cueros, nos hizo bien a todas.

¡Viva México!