Me encuentro en 20 minutos un artículo que recoge los argumentos de Andrew Keen acerca de internet y su (según él) nefasta influencia sobre la cultura.

La tesis central del libro El culto del aficionado: cómo Internet está matando nuestra cultura y asaltando nuestra economía, es que la supuesta comunicación democrática que sustenta internet lo que está generando es una suerte de cacofonía de la comunicación en la que no se sabe bien quién es quien. El autor, al parecer, se dedica a enfilar su artillería "crítica" en contra de algunas de las principales aplicaciones web 2.0 de mayor popularidad como los blogs, la Wikipedia y, sobre todo Youtube :

Para el autor del libro, YouTube está sirviendo a muchos de sus usuarios de plataforma para el exhibicionismo narcisista o el complementario voyeurismo.

Incluso las comunidades virtuales como MySpace, Facebook y Bebo son muchas veces, según Keen, simples escaparates para la autopublicidad de personas que podrían concursar en "Gran Hermano".

Se queja del nuevo periodismo ciudadano en el que cualquier persona con acceso a una plataforma de publicación puede llamarse a si mismo periodista. Por otro lado, llama a encontrar un "orden" en medio del caos y defiende plataformas como Joost y Citizendium que permiten una división más clara entre creadores y consumidores. Ya veremos un poco qué hay detrás de eso, ya que citizendium emerge de la Wikipedia, por ejemplo, asi que son una suerte de derivación de una primera fase. ¿Hablamos de maduración, de consolidación, de diversificación?

No es difícil adivinar que no me encuentro de acuerdo con los planteamientos de este autor. Tendría que leer lo que dice pero supongo que la lectura del libro no me haría cambiar de opinión.

Lo cierto es que, leyendo el artículo, se me desatan las siguientes reflexiones:

1) La noción tradicional de cultura cambió radicalmente desde la proliferación de internet y sobre todo de los blogs. No es posible pensar la realidad cultural desde los mismos parámetros en lo que lo hacíamos en los años 70, 80, 90 y mucho menos que como se hacía en siglos pasados. Para mi el cambio cultural no puede estar en si mismo en discusión. Quizás podría decir que Internet mató una manera de conceptualizar la cultura, pero no que aniquiló a LA culturas. Son los modos en los que esas culturas están siendo construidas, la velocidad en las que lo son y, sobre todo, las vias mediante las cuales esos cambios se transmiten, lo que ha cambiado y si nos somos capaces de ver eso, difícilmente podremos ubicarnos en la nueva racionalidad que su análisis amerita (para acercarme a la retórica de Habermas a quien el autor cita).

2) Tenemos que partir de una noción de cultura muy distinta a la tradicional. Los antíguos cánones de tipificación han sido fragmentados porque ahora quienes dicen qué es la cultura, son cada vez más todos los integrantes y constructores de esa cultura. No los catedráticos y parece que eso molesta mucho al Sr Keen. Y es que no deja de ser desconcertante este cambio, pero a mi juicio es un cambio que no tiene retorno.

3) ¿Internet narcisista? Parece que al autor del libro le molestara que la gente se muestre a través de youtube, que se promueva o que simplemente hable de si y de su entorno a través de una pantalla. ¿De qué sirve eso? Pues, a mi juicio, de mucho y aunque no sirva sino para la persona que lo editó significa que es una herramienta de expresión que está allí para todo el mundo y eso es lo que yo antepondría.

4) Web y construcción del conocimiento: un elemento que tambien se ausenta o se desdibuja, aparentemente, en el análisis publicado. Para Keen debe haber una distinción y una separación muy clara entre productores y consumidores de la cultura. Hay un grupo que para élmerece tener el títlo de productor de contenidos, productores legítimos del conocimiento y otro que debe dedicarse a recibir esa información y ya. Craso error: si entendemos, por un lado, que somos seres que nos construimos en y a través del lenguaje y por otro, que somos seres sociales (señores, es el A,B,C) podremos comprender que el conocimiento es una construcción que se hace en comunidad. Una de las grandes fracturas que ha provocado internet está justamente en el hecho de que 1) hablamos de un proceso dinámico, de interrelación y 2) estamos ante la puesta en escena de un proceso colectivo.

Quizás esto es una de las cosas que más desconcierta a quienes se encuentran acostumbrados a una noción elitista de cultura. La alta cultura y la cultura popular, menor. Para quienes no lo han comprendido, el impacto de las Tecnologías de la Información lo que ha hecho, y sigue haciendo, es incorporar las voces de quienes siempre han estado fuera de los circuitos culturales estatuídos.

Y apelo, para terminar esta entrada (que no es más que el comienzo de una reflexión), a una cita del libro Multitud de Michael Hardt y Antonio Negri, cuando hablan de la diferencia entre el concepto de masa y el de multitud:

La esencia de las masas es la indiferenciación: todas las diferencias quedan sumergidas y ahogadas en las masas. Todos los colores de la población palidecen hasta confundirse en el gris. estas masas pueden moverse al unísono, pero sólo porque forman un conglomerado indistinto, uniforme. En la multitud, por el contrario, las diferencias sociales siguen constituyendo diferencias. La multitud es multicolor como el manto mágico de José. El desafío que plantea el concepto de multitud consiste en que una multiplicidad social consiga comunicarse y actuar en común conservando sus diferencias internas.

Quizás, desde acá, podamos empezar a pensar desde esta idea de la multiplicidad de voces. Entiendo que a veces no es fácil escuchar al otro, reconocerlo en su legitimidad ya que durante mucho tiempo "la" Cultura lo que hizo fue esconder a "las" culturas diferentes a las canónicas. Con Internet eso ya no es posible, aunque lo intentan. El reto para quienes nos movemos en esta plataforma es que cada vez más personas tengan el instrumento con el cual expresar su voz, su identidad, su cultura, no para ser anulado por la gran maquinaria de la unificación globalizante sino para acrecentar el coro de la pluriculturalidad. Y la plurivocalidad.

Al menos en eso es en lo que creo y lo que deseo.