Ya lo dije: uno de los ejercicios más interesante que se puede hacer en la web es comenzar a hilar y conectar noticias o contenidos. A veces es simplemente cuestión de esperar paciente hasta poder pescar la mosca con los dedos como hace la abuela de Arnold en un memorable capítulo de la serie ¡Hey, Arnold!

Desde ayer tenía guardada la noticia de que a Stephen King lo confundieron con un latoso desequilibrado cuando entró a una librería y empezó a firmar espontáneamente los ejemplares de su último libro que se encontraban en el mesón.

Ocurrió en una librería en Australia y quien lo denunció fue un cliente que no comprendía cómo alguien podía entrar así a una librería a rayar libros. La gerente del establecimiento salió a ver qué ocurría pero ya King se habia ido; apenada se disculpó y propuso donar las ganancias de la venta de los 6 ejemplares firmados a una organización de aidad relacionada con la literatura.

La segunda noticia retrata una anécdota muy parecida, e involucra a la Premio Nobel de la Paz y actual candidata presidencial de Guatemala, Rigoberta Menchú. Lo leo en Alt1040 (Gracias a twitter, debo confesar) y la verdad es que da pena ajena el relato:

Rigoberta Menchú que es muy orgullosa de sus raíces y defensora de los derechos de los indígenas fue expulsada del hotel Coral Beach de Cancún, donde acudió para conceder una entrevista al Sistema Quintanarroense de Comunicación Social; el mismo entrevistador, David Romero Vara, fue testigo de cómo el personal del hotel intentó sacarla por la fuerza de la sala de recepción del hotel. Terrible.

Ambas anécdotas nos hablan de lo mismo: de prejuicios, racismo, desconocimiento y discriminación. Ejemplo perfecto para una clase de Psicología Social en la que se hable de los estereotipos y que nos pone en claro que la manera en la que nos relacionamos con las personas parte de la impresión inicial que nos da y la manera en la que eso se relaciona con lo que hemos aprendido que está bien y que está mal. Por otro lado, y esto lo digo como librera, esa es una de las situaciones más embarazosas que nos puede ocurrir: 1) no reconocer a un escritor y 2) tratarlo mal. El tema de la formación nunca se puede escapar y el desconocimiento, no digamos del cliente de la librería pero si de él o la dependiente y, sobre todo, del gerente del hotel, es imperdonable.