Se torna cansona la incomprensión (comprensible, por demás) de toda una intelectualidad a la que le cuesta entender una nueva racionalidad que, además recupera algo del viejo sentido de la epistolaridad.
Hoy le toca a Javier Marías quien se queja en El País:
Hoy proliferan las anécdotas apócrifas sobre los escritores vivos y muertos, y poco de lo que se encuentra en Internet [de anécdotas sobre escritores vivos o muertos, supongo] es fiable. Cualquier "bloguero" idiota o megalómano cuenta lo que le viene en gana, y la falacia ya no hay quien la pare.
Su texto, sin embargo tiene mucho para analizar porque es exactamente sobre la conservación o no de la memoria epistolar, tema que me interesa por razones profesionales y de investigación.
Fuente: El futuro del libro







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