Categoría: Biologia
17 Mayo 2008
Los puntos de vista de George Carlin acerca de ir envejeciendo:
¿Te das cuenta de que la única vez en la vida en la que nos gusta envejecer es cuando somos niños? Si tienes menos de 10 años de edad, te sientes tan ansioso por 'ganar años' que piensas en fracciones.
'¿Cuántos años tienes?' 'Tengo cuatro años y medio!' Uno nunca tiene treinta y seis y medio. Tienes cuatro y medio, camino a los cinco! Ese es la clave.
Llegas a la adolescencia; ahora no te puedes contener. Saltas al número que sigue, o a algunos más adelante.
'¿Qué edad tienes?' 'Voy a cumplir 16!' Tal vez tengas 13, pero oye, vas a tener 16! Y el día más grande de tu vida... cumples 21. Aun las palabras suenan como una ceremonia. ¡¡¡HAS LLEGADO A LOS 21, SIIII !!!!!
Pero entonces llegas a los 30. Oh,oh! ¿qué sucede ahí? ¡Suena como si fuera leche agria! El LLEGÓ; tenemos que dejarlo de lado. Ahora no hay diversión, uno es una masa estropeada. ¿Qué sucedió? ¿Qué ha cambiado?
ALCANZAS LOS 21, LLEGAS a los 30, entonces empiezas a EMPUJAR hacia los 40.
¡Caray! Pone los frenos, te vas deslizando. Antes de que te des cuenta YA TIENES 50 y tus sueños se han ido.
¡¡Pero espera!!! LOGRAS llegar a los 60. No pensabas que eso sucedería!
Has ido ganando velocidad y que LOGRAS llegar a los 70! Después de eso es un asunto de día a día; LOGRAS llegar al miércoles!
Entras en los 80 y cada día es un ciclo completo; LLEGAS al almuerzo; ALCANZAS las 4:30 de la tarde; LLEGAS a la hora de acostarte. Y no termina ahí. A los 90, comienzas a ir para atrás: 'Si yo SÓLO tenía 92.'
Entonces sucede algo extraño. Si llegas hasta los 100, te vuelves un niñito. 'Tengo 100 años y medio!'
Que todos ustedes lleguen a unos 100 años y medio llenos de salud!!
COMO MANTENERSE JOVEN :
1. Despréndete de los números no esenciales. Esto incluye edad, peso, y estatura. Deja que los médicos se preocupen de ellos. Para eso les pagamos.
2. Conserva sólo amigos alegres. Los rezongones te 'bajonean'.
3. Sigue aprendiendo. Aprende más en cuanto a la computadora, artesanías, jardinería, lo que quieras. Nunca dejes que la mente se vuelva perezosa.
'La mente perezosa es el taller del diablo'. Y el nombre del diablo es Alzheimer.
4. Goza de las cosas sencillas.
5. Ríe a menudo, mucho y fuerte. Ríe hasta que te atores por falta de aliento.
6. Las lágrimas aparecen. Persevera, conduélete y sigue adelante. La única persona, que está con nosotros la vida entera, es nosotros mismos.
Mantente VIVO mientras estés vivo.
7. Rodéate con lo que ames, sea la familia, mascotas, recuerdos de familia, música, plantas, pasatiempos, lo que sea. Tu hogar es tu refugio.
8. Atesora tu salud: Si es buena, consérvala. Si es inestable, mejórala. Si está más allá de lo que puedes mejorar, busca ayuda.
9 No viajes a la culpa. Viaja al mercado, o a un país vecino; a un país extranjero pero NO donde esté la culpa.
10. Dile a la gente que la amas, en toda oportunidad que se te presente.
Y SIEMPRE RECUERDA: La vida no se mide por el número de veces que respiramos, sino por los momentos que nos quitan el aliento.
servido por Eliseo
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17 Mayo 2008
Si. Quiero morir. Pero no me dejan. No lo entiendo. ¿Dónde está mi libertad?
Vosotros, los que me negáis este derecho, habéis olvidado que estáis donde estáis porque así lo hemos querido todos, y también habéis olvidado que vuestra obligación es la de proveer en todo lo posible nuestras necesidades... Y no estáis haciendo nada de eso.
¿A santo de qué podéis negarme el derecho a disponer de mi existencia? Mi cuerpo es mío, y yo debo tener la libertad de disponer de él a mi libre albedrío.
Claro, que es posible que lo que estoy pidiendo sea una incongruencia, porque para poder morir hay que estar vivo. Y a lo que yo tengo, no se le puede llamar vida.
Yo pertenezco a ese grupo de personas (somos muchos), que nos encontramos en una situación muy especial. No tenemos ni la más mínima calidad de vida. Nuestra “no calidad de vida” se muestra de muy diversas formas: inmovilidad total, dolores muy intensos y constantes, sufrimientos sin fin, imposibilidad de sentir y disfrutar del latido de esa vida, que notamos y sabemos que existe en derredor nuestro, etc...
No obstante, tenemos dos cosas en común: El sufrimiento de todos los que nos rodean -amigos y familiares-, y sobre todo nuestra mente lúcida.
Y esa lucidez de mente es la que me avala tanto a la hora de expresar mi deseo de morir, como a la de exigir que se me faciliten los medios para llevarlo a cabo. Y en algunos casos a que se nos ayude a lograrlo, pues nuestra imposibilidad para hacerlo es total y absoluta.
No me sirven ninguna de las frases al uso que todos conocemos, y que no voy a repetir aquí.
Tal vez, sólo tal vez, en un mañana se pueda encontrar remedio a mi mal. Pero esa será, tal vez, en un mañana. Mi problema, mi inmenso problema, es el hoy.
He aprendido a leer las caras de todas las personas que tengo a mi alrededor. Y me refiero a las expresiones verdaderas. Esas que todos esconden detrás de la máscara que se ponen en mi presencia.
Veo la impotencia que sienten al no poder hacer nada para mejorar mi existencia. Veo el sufrimiento que padecen al imaginarse el mío. Veo su miedo al hablar conmigo, intentado escoger los temas de conversación con mucho tiento, para no mencionar, por descuido, lo bonita que es esta mañana de primavera, porque saben que yo no puedo disfrutarla, o lo maravilloso que ha sido ese viaje por la montaña, o por esos pueblos tan pintorescos, porque saben que yo no puedo ir... Y sobre todo, veo la enormidad de su continuo sacrificio, al tener atada a su cuello esta inmensa piedra de molino que es mi pseudo vida.
Todos ellos están conformes con mi decisión. Cierto es que no todos la comparten, pero como un acto supremo hacía mí, la respetan porque es mía.
No quiero continuar como estoy, pues lo que tengo es un infierno en vida. Nadie puede comprender mis lágrimas cada mañana, cuando me despierto para descubrir que estoy avocado a enfrentarme de nuevo a otro día de padecimientos sin límite, o con la sola perspectiva de continuar mirando el mismo trozo de techo que me permite la movilidad de mis ojos, porque no he tenido la suerte de morirme mientras dormía, que es lo que más deseo en este mundo.
Es por esto que repito mi pregunta, ¿dónde está mi libertad...?
servido por Eliseo
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15 Mayo 2008
El consumo de cocaína, potente psico-estimulante cerebral, no ha dejado de crecer desde los años 60 del siglo XX, causando un complejo problema de salud pública, la adicción a la cocaína o al crack (cocaína procesada para ser fumada).
Sin embargo, y a pesar de la gravedad de los efectos que la cocaína causa en el organismo (especialmente en el sistema cardiovascular, el hígado y el cerebro), la dependencia a esta sustancia no siempre es tratada médicamente.
Regeneración neuronal en los tratamientos contra la cocaina
La adicción a la cocaína, una enfermedad posible de curar.
En muchos casos, la ausencia de tratamiento de cocaína y crack tiene que ver con que la abstinencia de cocaína no provoca síntomas físicos muy evidentes, sino psicológicos ante todo. Esta ausencia de síntomas físicos evidentes ha hecho pensar en el pasado que la cocaína no era adictiva y, que por tanto, su abuso no requería tratamiento, cuando la verdad es que cada droga tiene sus propios y específicos efectos adictivos, que en el caso de la cocaína son muy poderosos. De hecho, la búsqueda y el deseo compulsivo de droga, que es la marca distintiva de la adicción, también acompaña al abuso de cocaína y lo hace de forma más rápida y potente que muchas otras drogas ilegales.
Por otro lado, todavía hay concepciones erróneas y/o antiguas sobre lo que es la adicción, creencias que impiden que esta patología sea tratada como una entidad mórbida, es decir, una enfermedad. Todavía para mucha gente la adicción es una cuestión de decisión personal, es decir, el adicto lo sería porque quiere consumir droga, o porque no tiene carácter suficiente para decir no, de modo que el no dejar de consumir drogas es porque no tiene fuerza de voluntad. Detrás de estas concepciones está la creencia de que abandonar la adicción a sustancias químicas está enteramente en las manos (en la voluntad) de la persona adicta.
Pero la realidad es que la adicción, más allá de la decisión y la voluntad, es una enfermedad que escapa al control del adicto. Porque con el consumo elevado o prolongado de cocaína, el cerebro experimenta cambios bioquímicos que modifican los comportamientos, pensamientos y sentimientos del consumidor, y que producen, entre otros efectos, un deseo compulsivo e incontrolable de consumir droga. Esto implica que el adicto difícilmente puede controlar ese deseo debido a los daños cerebrales producidos por la cocaína, así como usualmente pierde la capacidad para autoevaluar los daños que el consumo le está provocando y para dirigir su conducta hacia el abandono de la droga y hacia un estilo más saludable.
Por tanto, la adicción es una enfermedad cerebral. Una enfermedad que se puede tratar y de la que hay recuperación. Hoy en día, gracias a las investigaciones y las nuevas tecnologías, cada vez se sabe más acerca de cómo actúa la cocaína en el cerebro y los efectos que produce, lo que permite desarrollar tratamientos y fármacos adecuados para que el adicto recupere el control de su vida y para que se pueda curar la adicción a esta droga.
El tratamiento de cocaína y crack comienza con un diagnóstico que comprende la evaluación de los factores biológicos, psicológicos y sociales que interactúan en la enfermedad de cada persona, y que implica exámenes y análisis médicos y psicológicos. Tras el diagnóstico y el diseño del proceso a seguir, el tratamiento continúa con la desintoxicación hospitalaria.
Pero aquí es importante señalar que la desintoxicación se puede entender de diversas maneras. En los tratamientos tradicionales, la desintoxicación se centra en el control de los síntomas más evidentes de la adicción, esto es, en el control del síndrome de abstinencia. Según esta concepción, tratar la adicción a la cocaína significa ante todo limpiar al organismo de la droga. Sin embargo la desintoxicación, tal y como se entiende en tratamientos avanzados, implica no sólo la eliminación de los síntomas de la abstinencia, sin sufrimiento, sino también, y de manera fundamental, la recuperación de los daños cerebrales causados por la droga, y de las funciones cognitivas y afectivas que han sufrido alteraciones. Desde esta segunda concepción, más que hablar de desintoxicación se habla de neurorregulación, es decir, tratar la adicción a la cocaína significa no solo limpiar el organismo, sino más bien, reparar los daños cerebrales que esta adicción ha causado en el tejido cerebral del paciente.
El primer enfoque de tratar la adicción se puede ejemplificar así. Cuando una persona se rompe un hueso, es decir, sufre una fractura, se puede tratar el dolor, hacer que desaparezca, pero eso no quiere decir que se haya curado si a la vez el hueso no es reparado para que recupere su funcionalidad.
Esto no quiere decir que no sea importante tratar los síntomas de la abstinencia cuando se quiere dejar de consumir cocaína, ya que de hecho el síndrome de abstinencia es un reto y un obstáculo para la recuperación de la adicción. Un síndrome que ocurre porque el organismo se ha acostumbrado a la presencia de la cocaína (se ha vuelto dependiente) y el cerebro deja de producir las sustancias químicas naturales que la droga reemplaza, sobre todo un neurotransmisor llamado dopamina. Es decir, el organismo depende de la droga para funcionar “normalmente”, y por eso cuando al dejar de consumir cocaína después de un tiempo prolongado de consumo, el organismo no cuenta ni con las sustancias químicas naturales que ha dejado de producir, ni con el sustituto químico que supone la droga, y sufre alteraciones. Unas alteraciones que se experimentan como síntomas opuestos a los efectos de la cocaína, fundamentalmente con depresión, insomnio o hipersomnia, fatiga, irritabilidad, agitación y desórdenes psiquiátricos. Síntomas que sólo desaparecen, si no hay tratamiento adecuado, cuando se vuelve a consumir cocaína. De hecho, el síndrome de abstinencia se convierte en el principal miedo cuando se quiere abandonar el consumo de droga, así como en el principal riesgo de recaída, por la necesidad de aliviar el malestar que produce dicha abstinencia.
Más allá de la desintoxicación de cocaína: La Recuperación Neuronal en el tratamiento de cocaína y crack
Pero más allá de la desintoxicación o retirada de la cocaína del organismo, es necesario recuperar las zonas del cerebro que han sido dañadas por la adicción, es decir, es necesario que haya una neuroadaptación, ahora no patológica del tejido cerebral. Porque los métodos “tradicionales” de desintoxicación sirven para limpiar el organismo controlando los síntomas de la abstinencia, pero no restauran esas zonas cerebrales en las que la droga ha causado cambios neuroquímicos, especialmente en los sistemas serotoninérgicos y dopaminérgicos, con el riesgo adicional de que este tipo de desintoxicaciones puede enmascarar los síntomas de daño cerebral.
Esta recuperación neuronal se hace hoy en día por medio de una avanzada intervención farmacológica llevada a cabo por profesionales de la medicina, psicología y enfermería y con un control continuo del paciente en un entorno hospitalario. Mediante el procedimiento de neuroadaptación, se actúa en los receptores cerebrales y en sistemas y estructuras como el área ventral tegmental (VTA), el núcleo accumbens, y la corteza prefrontal, que además están asociadas con el síndrome de abstinencia, por lo que al intervenir en la recuperación de estas áreas, se previene la aparición de los síntomas de abstinencia. Así, por un lado, la recuperación de las estructuras cerebrales permite la eliminación de los síntomas de abstinencia y permite que desaparezca el ansía, el deseo irrefrenable de consumir cocaína. Y por otro lado, esta intervención, al recuperar las funciones cerebrales alteradas por la droga, hace que se restauren procesos avanzados de cognición y afectividad, como la capacidad de atención, la capacidad para leer, la conciencia o la serenidad.
Bajo estas condiciones, el tratamiento de la adicción a la cocaína tiene varios logros inmediatos: proporciona un abandono seguro de la adicción bajo control médico; permite una abstinencia sin síndrome, es decir, sin sufrimiento; recupera en el paciente procesos cognitivos y afectivos que habían sido alterados; y permite que el paciente tenga una buena disposición a la psicoterapia ambulatoria, por no haber
servido por Eliseo
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9 Abril 2008
12
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.
Oliverio Girondo
servido por Eliseo
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25 Marzo 2008
publico la foto de esta señora que pedia a gritos que la ayudaran a morir.
servido por Eliseo
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2 Febrero 2008
Nota del Autor del Blog:
Hallé este documento de Juan Manuel de Pradaque en mi criterío es la más simple de las verdades, y creo que todos los paises, culturas y sociedades, están sufriendo este fenomeno por las cirujias plásticas, ya nada es natural y toda esa parafernalia que uno vé en las calles, playas, reinados no son sino producto salido en producción masiva de los quirofanos, sino lean y juzguen:
"El hombre que no te ama con celulitis no merece ser amado, por majadero"
Resulta muy triste y aleccionador comprobar cómo la naturaleza humana (a la que presuntamente guía un apetito de libertad) se inventa de continuo nuevas formas de esclavitud que sustituyan, bajo máscaras más o menos sibilinas, las antiguas. Aquel aciago «¡Vivan las caenas!» que el populacho proclamaba exultante, azuzado por elementos reaccionarios, cuando Fernando VII fue repuesto en el trono, mantiene hoy toda su desoladora vigencia. Una de esas nuevas formas de sometimiento –que, para más inri, se presenta como recurso liberador– la constituye la cirugía plástica, tenebrosa plaga que golpea con especial ferocidad a las mujeres, aunque la igualación en la esclavitud esté propiciando que cada vez más hombres se enganchen como bueyes mansurrones a su carro. Las mujeres se liberaron de corsés y fajas y demás emblemas de la restricción indumentaria, pero a cambio se han entregado con risueña inconsciencia a las restricciones del bisturí, mucho más severas y mortificantes. Ahora, con la proximidad del verano, estas formas de charcutería encubierta adquieren renovada pujanza; y las mujeres corren al quirófano a desprenderse de sus cartucheras y de su hermosa celulitis, para poder enseñar en la playa unas nalgas entecas que desafíen las leyes de Newton, como si la misión de la carne no fuese derrumbarse gloriosamente, expandirse gloriosamente, aceptar gloriosamente las heridas del tiempo, que son muescas de una belleza mucho más plena y lograda. Pues cuando abolimos el tiempo y las leyes gravitatorias, la belleza se convierte en un artificio fósil, encapsulado y estéril.
Hoy quisiera hacer un elogio de los culos opulentos, ubérrimos, esponjosos, orgullosos de su blandura, movedizos y barrocos, frente a esa marea de culos birriosos y apretados que nos pretenden imponer desde los quirófanos, esos culos subnormales, extirpados de celulitis, plastificados y andróginos, que ejercen sobre la lujuria un efecto similar al del bromuro. Gabriele D’Annunzio, fervoroso rapsoda del culo femenino, escribió un soneto titulado A la hermana de la luna, del que aventuro una traducción pálida y aproximativa: «Forma tan dulce que te redondeas / donde los riñones insertan su arco / y, venciendo en tu abundancia a los senos, / ya desbordas mi mano que te explora // y te divides y desdoblas en dos mundos / donde el Pecado desea encerrarme / como en un paraíso, con sus bienes / más raros y misterios más hondos. // ¡Oh cándida mole en el vivo perno / que ondeas erguida en el alto cielo / donde se juntan nubes voluptuosas! // Resplandece aquí, cual mármol argivo, / si te invoco, despojada de velos, / ¡oh tú, carnal hermana de la luna!». Ese dulce desbordamiento de la mano al que alude D’Annunzio, esa carnalidad que vence en abundancia a los senos y, como ellos, acepta las leyes de la gravedad, es lo que aquí reivindico, hastiado de esas modas estreñidas que nos pretenden imponer un culo femenino recauchutado, jibarizado, antipático al tacto y abominable a la vista. Deja, querida lectora, que tu culo se desborde y se desmande; deja que la celulitis lo adorne con sus magulladuras –que no son un síntoma de decadencia, como quieren hacerte creer, sino un gozoso síntoma de la edad núbil–; deja que muestre su voluptuosidad y no lo reprimas en el quirófano, pues operar un culo es tan cruel como cortarle las cuerdas vocales a un adolescente para que no delate las alteraciones viriles de su voz. Recuerda que el hombre que no te ama con celulitis no merece ser amado, por majadero y soplapollas, pues esas diminutas abolladuras son el mejor reclamo del deseo, la tapicería que añade temblor a tu piel (porque el culo tiembla o no es culo) y proclama tu feminidad. No dejes, en fin, que te arrebaten uno de tus atributos más nobles (y también más cachondos, dicho sea con todos los respetos).
Alguna vez hemos llegado a probar –pese a que habitamos un mundo cada vez más artificial y aséptico– una manzana recién arrancada del árbol. Son manzanas de aspecto magullado, a veces excavadas por los gusanos; sin embargo, ¡qué distinto su sabor del de esas otras manzanas de aspecto lustroso que compramos en el supermercado, envasadas al vacío en una especie de condón profiláctico! Un culo con celulitis es como una manzana arrancada del árbol. Quizá su aspecto externo sea al principio un poco disuasorio para el gusto afectado y tiquismiquis de esta época que nos ha tocado en suerte sufrir; pero, ¡ah, cuando le hincamos el diente!
Y aquí lo dejo, que luego dicen que soy un cochino.
servido por Eliseo
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2 Febrero 2008
Nota del Autor del Blog:
El best seller The Complete Manual of Suicide, escrito por Wataru Tsurumai en 1993 ha sido un total éxito editorial con al menos un millón de ejemplares vendidos, lo que hay que plantarse es porque la actual humanidad de encamina irremediablemente a su total auto-destrucciòn, prueba evidente de ello son las adicciones comunes como el alcoholismo, el tabaquismoy algunas más letales como la drogadicción y deportes o actos extremos arriesgando la integridad fisìca cada día ganan mas y más adeptos, es de creer que entre más avances tecnológicos y de toda indole las personas son más felices y plenas, pero la realidad indica otra cosa, ¿será tal vez un virus desconocidoque causa degeneramiento mental lento y progresivo que va llevando a las personas a buscar su propía muerte?, ¿será una total insatisfaccíón de vivir? ya las personas no se sacian ni se satisfacen con nada, antes las cosas eran más sencillas y elementales, uno era felíz con pocas cosas, ahora con tecnológia de punta donde tenemos al alcance computadores de última generación,celulares con funciones nunca soñadas, televisores de plasma o LCD, autos automaticos, en fín una cantidad de artilugios y artefactos que supuestamente deben hacer sentirnos más felices y disfutar más de nuestra corta y efímera existencia en este planeta, están demostrando que las cosas materiales no llenan ese vacio espiritual, haciendonos infelices, vacuos y poco valiosos para nosotros mismos y los demás es una especie de cáncer moral que nos corroe el alma hasta quitarnos el gusto de vivir.
A continuación expongo un artículo de Juan Manuel de Prada, que está muy asociado con este fenómeno que tiene a los psiquiatras, psicólogos y expertos en el tema, cuál es el motivo para que las personas no quieran vivir más y se autoinflinjan la Eutanasia o suicidio
Por favor, lean , juzguen y aporten sus comentarios:
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En el debate que se ha entablado en España sobre la eutanasia se suele partir casi siempre de premisas erróneas. Una de las más frecuentes consiste en proclamar la autonomía absoluta del individuo para decidir sobre su propia vida; autonomía que –según los partidarios de la eutanasia el Derecho no puede coartar (e invocan para demostrarlo que la ley no castiga a quien ha intentado suicidarse), y cuyas limitaciones sólo pueden explicarse mediante motivos religiosos, incongruentes con un Estado aconfesional, etc., etc. Pero dicho razonamiento no se sostiene en pie; y quienes lo esgrimen delatan su analfabetismo jurídico y filosófico. En primer lugar, habría que especificar que la inviolabilidad e indisponibilidad de la propia vida ha sido establecida por multitud de filósofos, desde Aristóteles hasta Kant, en cuyo pensamiento no interfieren consideraciones de índole religiosa. Si el Derecho no castiga a quien ha intentado suicidarse, no es porque no considere su acción reprobable, sino porque entiende que no debe añadir a su desgracia personal una punición legal que resultaría en exceso cruel. En su Crítica de la razón práctica, Kant escribió: «La humanidad en nuestra persona debe ser sagrada para nosotros mismos, porque el hombre es sujeto de la ley moral y, por tanto, de lo sagrado en sí, de aquello por lo cual y de acuerdo con lo cual también sólo algo puede ser calificado de sagrado». Para Kant, la voluntad de un ser racional debe considerarse como legisladora; hasta aquí, parece que otorga su plácet a la eutanasia. Pero a continuación establece que el hombre no es libre para decidir sobre su propia vida, porque no se puede utilizar un principio como fundamento de la destrucción del mismo. Así, por ejemplo, un hombre no puede utilizar su libertad decisoria para abdicar de ella y convertirse voluntariamente en esclavo; pues, al hacerlo, dejaría de ser libre y, por consiguiente, no podría hacer uso del fundamento capital por el que disponía de su persona. Del mismo modo, la autonomía personal no justifica que renunciemos voluntariamente a la vida, pues tal elección implica la destrucción de nuestra autonomía. Es regla general del Derecho que un principio jurídico no puede ejercerse para ser destruido o anulado.
Derecho puro y duro Por lo demás, el Derecho nos enseña que el principio de autonomía personal no tiene un valor absoluto; cuando choca con el valor de la vida, el Derecho siempre le otorga primacía a éste. Pensemos, por ejemplo, en el caso de alguien que presencia cómo otra persona se apresta a suicidarse. El Derecho le permite que ejerza la violencia física contra el suicida (es decir, que reprima su autonomía personal), llegando incluso a lesionarlo, y lo exime de responsabilidad penal, pues considera que la defensa de la vida es más valiosa que la autonomía personal del suicida. Del mismo modo, la ley puede obligarnos a que nos vacunemos o a que recibamos transfusiones sanguíneas, por mucho que nuestra autonomía personal se oponga a estos tratamientos. Y no olvidemos que el derecho no otorga validez ni eficacia al consentimiento de la víctima en los delitos de lesiones. ¿Por qué? Porque –cito la jurisprudencia constitucional «el derecho a la vida tiene un contenido de protección positiva que impide configurarlo como un derecho de libertad que incluya el derecho a la propia muerte». Y es que «la vida es un valor superior del ordenamiento jurídico constitucional» y un «supuesto ontológico sin el que los restantes derechos no tendrían existencia posible».
Y nada de religión Comprobará el lector que mi argumentación es estrictamente jurídica, para nada religiosa. Además, la autonomía del enfermo que reclama la eutanasia es, por lo común, un claro ejemplo de ‘voluntad viciada’: las condiciones de sufrimiento, angustia y depresión merman su autonomía, como saben perfectamente médicos y enfermeras. Tampoco el llamado ‘testamento vital’ soluciona el problema. Supongamos que alguien, en pleno uso de sus facultades, establece que se acabe con su vida en caso de que llegue a padecer una enfermedad Terminal. ¿Quién nos asegura que, una vez inmerso en esa enfermedad y, por lo tanto, en un estado de conciencia latente (pensemos, por ejemplo, en un enfermo de alzheimer), no hubiese querido rectificar su voluntad, que sin embargo para entonces no puede expresar ni verbalizar? Y, en fin, si reconocemos la primacía de la autonomía personal sobre el valor superior de la vida en enfermos terminales o en tetrapléjicos, ¿por qué no en enfermos que sufren un dolor psíquico intolerable, víctimas de neurosis, depresión o esquizofrenia?
Dejémonos de mistificaciones. Es el Derecho, y no la religión, quien impide legalizar la eutanasia.
servido por Eliseo
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7 Enero 2008
Un ser humano pierde de media entre 40 y 100 cabellos diariamente.
Cada vez que lamemos un sello, consumimos la décima parte de una caloría.
Los huesos del esqueleto están unidos por más de 100 articulaciones, dando al cuerpo una movilidad notable.
Los bebés tienen 300 huesos. Los adultos, 206.
El cóccix, en la base de nuestra espina dorsal, es el último vestigio de la cola de nuestros antepasados.
Los huesos de los niños crecen más rápidamente durante la primavera.
La lengua se compone de 16 músculos individuales.
Los músculos más pequeños del cuerpo humano se encuentra en las orejas.
Los músculos producen calor para mantener la temperatura corporal.
Existen 96.000 km de vasos sanguíneos en el interior del cuerpo humano.
Cuando llegamos a los 70 años, hemos respirado por lo menos 600 millones de veces.
El espermatozoide masculino es la célula más pequeña del cuerpo y el óvulo femenino la mayor.
Los riñones filtran las impurezas de la sangre a una media de 57 litros por hora.
El corazón de un embrión empieza a latir durante la tercera semana.
Fuente:
http://tono7.wordpress.com/category/naturaleza/
servido por Eliseo
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