Anécdotas Sobre la muerte
Marco Aurelio, emperador romano (siglo II), junto a las riberas del Danubio, al final de un día de batalla, en el silencio de la noche dejó escrito en su libro "Pensamientos":
"Recuerdo a los hombres famosos del pasado: Alejandro, Pompeyo, Julio César, Sócrates, y tantos otros; y me pregunto: Ahora ¿dónde están? ¡Cuánto han luchado, para luego morir y volverse tierra...! La vida no es sino un río de cosas que pasan y se pierden. Veo una cosa por un instante, y ya pasó; y otras y otras pasarán... Pronto me llegará la orden: -Te has embarcado; has navegado; has llegado; desembarca..."
Un asno comía higos. El filósofo Anaxágoras exclamó: "¡Qué le traigan de beber!" y esto le hizo reír tanto que murió acto seguido.
Calígula reía. Dos cónsules que le acompañaban le preguntaron la causa de su risa. "Río –repuso- porque pienso que en este mismo instante los puedo hacer degollar.
Ludovica Cartusio, jurisconsulto, paduano, muerto en 1418, prohibió que se llorase durante su cautiverio. Quien llorara no recibiría nada en herencia y el que más re riera serái su heredero universal. Igualmente dispuso que no doblaran las campanas, sino que se lograra música alegre. Nada de color negro, sino matices alegres y ramos verdes.
Divisa de Thomas Morus "No hacer nada contra la propia conciencia y reírse hasta el patíbulo" La siguió toda su vida (incluso cuando murió en el patíbulo).
El Aretino murió mientras escuchaba el relato de las galanterías de su hermana. Le entró tal risa que derribó la silla en que estaba sentado, cayó y se mató sin cesar de reír.
Cuando el poeta Scarron fue víctima de un hipo violento e interminable, los médicos le vaticinaron que podía morir. "si me salvo de esto –exclamó- qué asombrosa sátira escribiré sobre el hipo" Al ver que sus amigos lloraban, les dijo que nunca los haría llorar tanto como los hiciera reír. La Fontaine escribió este epigrama:
Scarrón, sintiendo la proximidad de su muerte,
Dijo a la Parca "¡Esperad, pues todavía
No he terminad del todo mi sátira!
¡Ah!, dijo Cinto, ya la acabaréis allá abajo:
¡Vamos, vamos!, ¡no es hora de reír!!
Swift observó, andando por la calle, que las caras más alegres se ven en los coches que van a los entierros.
En 1881 existía una "comida de las reidoras" de la cual estaban excluidos los hombres. Mlle. De Cléry, del Vodevill cantó allí este cuplé que es una enseñanza excelente:
Tened siempre el estómago libre
La cabeza fresca; los pies calientes.
No perdáis jamás el equilibrio
Y no subáis a los cadalsos.
Louis Gay-Lassac, moribundo, dijo a propósito de los nuevos descubrimientos científicos. "Es una pena irse, esto comienza a ponerse divertido."
Lie Tse, en el curso de un viaje, estaba tomándose su comida al borde del camino cuando de repente vio un viejo cráneo en medio de unos matojos. Arrancó las hierbas, señaló el índice el cráneo y dijo: "sólo tú y yo sabemos que no estás muerto ni vivo. ¿Eres verdaderamente desdichado? ¿Soy verdaderamente feliz?"
Chuang Tzu
