Talión
Ahora sí. Es el momento. No dejaré que pase más tiempo sin provocar el desequilibrio. Andaré hacia arriba, donde el muro se estrecha más y más y desafiaré a la lógica. Y caeré, claro. Mi cuerpo entonces se cargará de adrenalina que me quemará el cuerpo y el brusco golpe final será, en su instante, un recorrido infinito a través del tiempo. Y sensación de soñar, elevarte sin peso, desaparecida de golpe la fuerza de la gravedad del subconsciente. Levitar. Y un contraste de estado inerte lleno de vida. Con el cerebro achicharrado del acelerón final capaz de usar todo su poderío para entender, entonces, su destrucción. Un arma tan poderosa era llevada al abismo y perdía en menos de un segundo su mando. Y veía como después de haber estado a ralentí durante años de forma displicente y soberbia, de nada le valía incremetar su potencia hasta llegar a la zona roja de su cuentarrevoluciones. No, esta vez era el cuentapulsaciones del corazón quien, a balo régimen, pausado, tenía el mando. Y era el perfecto desquite de la esclavitud a la que había estado sometido durante tantos años. Trabajando de sol a sol ante la indiferencia y golpeado por el látigo en cada desfallecimiento. Y cayendo se veía como uno sonreía mientras el otro, con la cara desencajada por el horror, suplicaba. Le aplicaban la ley. la ley del Talión.
