clan
Inquieta es la mañana que nada espera envuelta en sábanas, mortajas. La mente en la despensa y ésta vacía, el estómago encogido y el hambre insaciable paulatinamente satisfecha de insatisfacción, arrodillada. Sin mirada, desviada al suelo y el cielo desplomado, sobrecogido de incertidumbre y duda, abortado. Caminando al tacto en las sombras tu mente se acuna en los miedos pegajosos, de horizonte alquitranado y pisada deslizante. Pero, a veces, las fuerzas invasoras reunen al clan, a los apóstatas dispersos en tu cerebro y así, codo con codo, amalgamados , abandonan la pereza y reconquistan el momento, el instante, la fe.
