saja
Se suelta el mastil de los sueños, fuera tirantes, fuera puntales que afeen una fachada renovada de oxígeno. Fuera balones también. Y vuelvan los hados a hostigar mi camino, a acechar mis siestas e interrumpirlas, a incordiar los remansos, a prohibir purgatorios y regalar los infiernos. Quiero, oh señor de los estímulos, un perdón y mil colores en mi cuerpo para recrear los mundos que mi deambular demanda. No pliegues siquiera una hoja hasta no ver arder mi Alejandría particular que tatúe patines a mis plantas. Prometo sentar mi cabeza a ordenar en las obras que jamás abandonaré, impregnado de toda la ignorancia que pueda. Deja que haga o si no, saja profundo y mata.
