toca
Hoy se cegó la rendija que como una llama perenne es apagada. Dejas atrás tu equipaje entre los arbustos, al abrigo de miradas, bajo el montículo de piedras, pero sabes que ya nunca volverás a ese sitio a recuperarlo y lo lloras para siempre en ese instante. Caminas ahora ligero de pactos y mirando adelante. Toca borrar las huellas, cerrar las ventanas, bajar las persianas. Toca apagar la luz y cerrar la puerta con llave y así viajar. Toca olvidar hasta hacer de la realidad un cuento y con el cuento una pira de viejas sensaciones protagonistas. Toca morir un poco y así no peregrinar a cada instante allí donde existía la verdad y el querer. Toca demostrar, toca, que se puede querer sin querer. Y así vivir. Quizá morir.
