peregrina
Guardas silencio porque mi corazón habla a latidos y sabes escucharlos. Dejas al sosiego inquieto y preparado porque sospechas que partir es un instante. Susurras los pasos memorizados de principio a fin como una plegaria profetizada y palpable mientras tu cuerpo cimbrea en ensoñaciones embelesantes. Diriges desde tu torre la vía que me conduce hacia ti y buscas en los claros del bosque los destellos del yelmo que acude prometido a tu encuentro sabiendo que la distancia, al fin, fuga a tu lado del mío. Y sobrevuelas entonces, peregrina, mi túmulo hasta hacerlo otero que nos case.
