Sigue la búsqueda de curro y empiezo a estar desanimada. Trabajar para vivir… pero ¿y cuando me quedo sin tiempo para disfrutar del objetivo? A veces me planteo si merece la pena, y la respuesta es que no hay alternativa.

En pleno apogeo de la revolución mensual de mis hormonas me siento triste porque no tengo ninguna meta. Me da la sensación de que sólo estoy pasando el rato, y envidio a todo aquel que se mueve por una gran pasión. Realmente no sé qué hago aquí, pero lo que sí sé es que no ha llegado el momento de tirar la toalla. Aún no.

Si me llaman de la tienda de ropa donde me entrevistaron ayer, empezaré un trabajo que, unido a la oficina por las mañanas, me va a tener permanentemente agotada. Saldré tarde y empezaré más temprano de lo que me gustaría.

Mientras sigo sin ver la luz laboral o económica, surgen un par de nombres desconocidos para compartir casa. Todo este tema me da mucha pereza y una enorme melancolía anticipada.

La buena noticia es que el mercado de mi barrio abre por fin sus puertas (tras un verano de obras y pocos servicios) el día 6 de septiembre. Y va a tener un Mercadona en la planta primera. A veces son tonterías así las que me empujan hacia delante. Tener el Mercadona más cerca es un verdadero motivo. Tonto, pero motivo, al menos.

El piso que se vende frente a mi casa tiene un salón, una habitación, una cocina independiente, un cuarto de baño, un trastero y un bonito aire acondicionado. En total, 67 metros cuadrados, me dicen. El precio de venta: 65 millones. De pesetas, espero.

Un día de esta semana paso a verlo. “Eso, eso”, me dice mi madre, harta de oír el vuelo molesto de los pájaros de mi cabeza, “pásate a verlo y decepciónate del todo”. Hace un calor insoportablemente pegajoso y no puedo evitar imaginarme mi otra vida, la que no tengo. Estoy de paso, y ni siquiera sé hacia dónde.

La expresión de mi cara es azul tristón, últimamente. Algo parecido a eso.

Pero dicen que no hay mal que dure eternamente, ni cuerpo que lo soporte.

Allá vamos. Ya queda menos.

Mode: Necesitando.
Audio: Plas plas plas, el aletear de mis pájaros mentales.
Imagen: Carretera (pero no manta).