Nunca subestimes el poder de una cama revuelta
Me levanto muy tarde y no me despego las sábanas hasta mediodía. Ni siquiera enciendo el ordenador. Remolona, yo, mucho. Y con ganas. Hacía tiempo que la cama no se imantaba tanto con mi cuerpo. Hasta las cuatro ni siquiera me preocupo de comer, llevo dentro un par de tostadas perezosas con mantequilla y mermelada de fresa. No es propio de mí, lo de desayunar. Me gusta pintar de rosa la mantequilla, sin pedazos de fruta. Parece un cuadro cursi, pero es como me gusta; sobre el pan tostado (no calcinado como otras tantas veces) en el horno. Acabo con el pan de molde y dejo poca mantequilla. Tengo que ir a Mercadona esta tarde, me digo.
Sobre las cinco me conecto y abro una decena de pestañas de blogs y correos electrónicos, a ver qué se cuece. Leo algo y publico un comentario facilón. Miro la esquina de la pantalla. Las 17:07. Se me enciende una bombillita. Hay algo que no encaja.
Hoy NO es domingo.
¡¡¡¡Mierdamierdamierdamierdaaaaaaaaaaaaaa!!!!
Hace diez minutos que debería estar en la tienda. Hago la llamada de rigor y me transformo en un gato (pardo) para lavarme un poco. Me cubro las imperfecciones como puedo, me pongo lo primero que pillo y luego activo el modo halcón milenario. Consigo aterrizar en el centro comercial a las 17:35. Todavía me pregunto cómo coño lo he conseguido. Mi jefa no ha dado señales de vida y mucho menos señales de bronca, así que me tranquilizo. Con suerte ni se entera. Bajo a la cafetería y me compro algo de comer. Venden mitades de sandwiches. Me hago con una de roastbeef con verduritas (entiéndase verduritas como zanahoria rayada y pepinillos), una de sobrasada (en honor a Lucía, que la echo de menos) y una de queso philadelphia con piña (está bueno, lo prometo).
Jamás me había pasado algo así. Tanta flojera, tanta sábana, tanto despiste, tanta pérdida de noción del tiempo. En realidad ha sido un domingo grandioso.
Me paso la tarde maldiciendo unas bragas que me puse hace dos días, que desgraciadamente son de una talla menos a la mía. Las voy a hacer trapo. Putas bragas rosas. A la vuelta, la bandera que se mece con el viento en la plaza que hay bajo mi casa vuelve a sonar tilín, tilín, y si cierras los ojos parece un rebaño de cabras cruzando el paso de cebra. O un rebaño de cebras haciendo el cabra.
Ahora, en casa, vuelvo a poner el disco que me vuelve loca desde hace días y me dispongo a convertirme por fin en una persona coherente (que ya es hora), hacerme a la idea de que todo va de puta madre en realidad, y darme una larga ducha, con voltereta incluída.
Ale hop!
Acciones compulsivas a tutiplén
Honey dijo
Ay maria, maria, niña ventosa...es que ha sido una semana muy intensa...Yo ahora en casita por fin, me da la sensación de que llevo desde el lunes dando tumbos por ahí, sin parar. Ayer curro, baile, cumpleaños, me acuesto a las 5, me levanto a las 11, fisio, comida...y por fin estoy aquí, con la cama sin hacer, un montón de sueño y muchas cosas atrasadas por leer!
La noche casera es mía, yuju!. Lo que más me apetece...CASA!
Besitos guapa!
27 Enero 2007 | 10:11 PM