Me despierto por primera vez en Vejer, después de meses sin venir. Dormir aquí es como experimentar pequeñas muertes. Todas las mañanas resucitas nueva, clara, plena, virgen. Por la noche duermo tan profundamente que ni siquiera sueño. No es que no me acuerde, no. Es que la cabeza de vacía y se limpia, se formatea. A primera hora los pájaros cantan dentro de ella, y escriben en otro idioma, cuando aún estoy durmiendo.

Tengo el cuaderno a rebosar de palabras, desde que salí de Madrid he estado escribiendo sin parar. Ahora me conecto un rato, no mucho, a ver qué se cuece por estos lares. De todas formas se me acumula lectura, porque con la cabeza vacía y el alma en la palma de la mano, es difícil concentrarse en nada. Aquí llueve un poco, leve. No importa. Para leve, yo.

De momento, os dejo un adelanto, sin retocar ni hostias.

Panoramix

Mi perra Lía, observando el panorama desde la azotea de nuestra (ya terminada) casita.

(*) Pendiente por relatar:
- Gente a la que vi en Sevilla.
- Me compré un traje de gitana.
- Reflexiones variadas y sin sentido.