Nadeando
La ropa ancha. El gris clarito. Los pantalones que puedo bajarme sin desabrochar los botones. Dos cocacolas. Leer en la cama (estirada lo justo) con el reojo alerta. Mirar cada dos párrafos a otro lado. La tarde se ha escapado y no me he dado cuenta. Zapatillas de bruja sucia para estar en casa. Calcetines fucsia. Gente en la calle. Yo desde dentro, les miro. Salgo lo justo. No me ducho. Oigo música y apunto opciones.
Tirada en la cama. Murakami. Creo que la traducción de este libro no es muy buena. Doblo esquinas y señalo párrafos con un lápiz de ikea. Algo postearé. Miro mi tripa, mis caderas, mis piernas. Soy ancha. Me gustan mis vaqueros. No llevo sujetador. Hoy guardo el segundo edredón, el de refuerzo. La montaña de ropa hecha garabatos se ha transformado en una pila de camisetas bien dobladas.
Llevo todo el día con la ventana abierta de par en par. Una mosca se cuela en el baño y mientras estoy sentada en el trono la veo desesperar. Apoyo mi frente en el lavabo y se me queda una marca roja en el centro de mi chakra. La mosca zumba como si el fin del mundo empezara hoy. La ayudo a salir. Me guiña uno de sus mil ojos, agradecida. Ella me ve a cámara lenta, decirle adiós con la mano.
Reúno más chapitas con códigos (añadiendo ladrillos, como una tonta) y dentro de un rato cenaré lo mismo que almorcé, como cada domingo. Se estira y se contrae el día, igual que yo, y por mucho que pase, en el fondo, no pasa nada. Pero todo cuadra, incluso el cajón por el que asoma un cinturón, una lengua con tachuelas.
Acciones compulsivas a tutiplén






srta desconocida dijo
que suerte hacer nada y de todo en casita un buen domingo... ;)
22 Abril 2007 | 11:07 PM