Mar
Me voy a la cama después de actualizar cien veces las tres o cuatro páginas de siempre. Apago el ordenador. Leo durante una hora, sin parar. Un libro que habla de mar, de un hotel, de personas que buscan, que quieren una cura para sus males y la quieren encontrar en el mar. A veces me descubro leyendo sin leer, pero me gusta lo que dice. Doblo muchas esquinas. Quiero un lápiz pero no me puedo levantar. Casi asiento con la cabeza. Se me saltan las lágrimas, joder, qué coñazo de tía. Me duelen las piernas, la tripa, los nervios. Vuelvo al ordenador, como una auténtica imbécil. Y nada. Conjunto vacío. Ya me he desvelado. Ya me he comido todas las uñas. Necesito ver el mar. Meterme dentro, sentir que todo lo que me rodea es agua salada, viva, implacable, infinita. Necesito que la sal se coma a las hormigas, que la arena arrastre mis células muertas, que el viento me haga la cama. Por la mañana, me despierto antes que la alarma del móvil, oigo la puerta que se cierra, hago café y vuelta a empezar. Me va a salir un grano. Típico.
Acciones compulsivas a tutiplén



am_zoo dijo
Yo también echo de menos a mi mar salada.
28 Mayo 2007 | 09:45 AM