El mercadona está a rebosar. Me invade la pereza. Pero ya estoy allí y necesito llenar mi nevera. Leche, café, yogures, queso, york (claro), ensaladas, garbanzos, macarrones finos. En la charcutería oigo cómo hablan dos empleados, parecen contentos, se llevan bien. Él me mira a mí cuando habla, como queriendo que participe.

- Pues imagínate las cosas que he visto yo, que llevo aquí once años.
- Ya, ya me voy haciendo a la idea.
- Cuando lleves tanto como yo, ya verás.
- Uy no, quita. Yo cuando tenga lo mío me voy a casa, con mi gente, a mi tierra, la familia, los míos.
- Haces bien.

Me como una uña mientras me empaquetan el jamón. Doy la vez, varias veces. Hay algunas parejas con mucho odio, de los que se molestan, de los que se incordian el uno al otro. Me deprime mucho. Luego veo a una pareja más joven, que se ríe, él le dice "mira que eres payasa" y ella le empuja hacia las pizzas precocinadas, riéndose. Eso no me deprime tanto. Por si acaso, me quedo con la sonrisa de la chica de la charcutería, que me dice "¿algo más guapa?" y yo le digo que nada más, y nos entendemos.

Atajo a la vuelta por el mercado, veo puestos nuevos, uno de galletas caseras que sólo huele a canela y a mí la canela no me hace tilín, un puesto de prensa bastante completo, todo lleno de rosas y rojos y blancos y azules, también me parece cazar con el reojo un puesto de bolsos y complementos, pero ni lo miro. Veo salchichitas pequeñas, en barreños grandes, y pescados enormes con la boca abierta, y un japonés comprando no sé qué cosas raras y viscosas, y otra pareja dándose golpes en las pantorillas con las bolsas, como yo. Voy esquivando gente, es difícil, he elegido la peor hora y el peor día, para la compra.

A la salida, este calor pegajoso, que me pone de los nervios. Pensar en Islandia, en el frío, en lagos helados. En el océano. Profundidades. Hundirse. Aguantar la respiración. Cruzo tres frases con el pintor que trabaja en mi escalera, que luego necesitará entrar en casa a lavarse las manos. Me dice que está ahí trabajando, y claro, que no tiene nada, que está solo, que necesita agua. Le digo que le comprendo, que no se preocupe, que le abro luego en casa y se lava. Y pienso que yo también necesito agua, ayuda, a veces. Y una capita de pintura, después de rascarme las paredes.