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Completamente fuera de lugar

Acciones compulsivas a tutiplén

18 Agosto 2007

Arrival

La niña me dice algo sobre que Granada es Matahari. Me abraza por lo bajo y me dice que me quede. Mierda, me quedaba. La miro cuando no habla (las menos veces) y pienso que es una leona, con su gran boca roja, invencible, claro, que parece pintada con uno de esos rotuladores de punta de pincel, acuarelables, con trazos límpios y elegantes. La miro y es una leona fiera, dormilona, llena, valiente. Hay que tener cuidado porque si te despistas se queda dormida en cualquier parte. Y se ríe cuando le riñes. Leona petarda. Leona gruñona. Me entran ganas de apretarle el brazo hasta que comprenda lo importante que es esto. Lo importante que es ella, y lo importante que es gritar, a veces, como ella siempre dice, a tomar por culo. O lo que me parece a mí, al menos, que es importante. Como también decir lo siento y dar las gracias. Como compartir tabaco tres días. Como escucharnos por turnos. Tenemos cosas que aprender, va a ser verdad. Como simplemente comprender que las cosas pasan.

Nada más sentarme en el tren, busco la postura y me duermo. O me quiero dormir. Oigo una canción que me apasiona y me temo que no voy a ver amanecer. En el tren me tengo que cambiar de ropa porque con los pantalones cortos me estoy helando. El viajero más cercano observa todos mis movimientos con curiosidad. Incluso me habla, pero comprende que lo que no puede ser, no puede ser. Que he dormido diez minutos, caballero. Y malduermo con el cuello en forma de zeta, compungida de frío y con Socorro gritando su nombre, despertando a Almudena, y repartiendo invitaciones a la fiesta, a mis espaldas. A medio camino me como un sandwich mixto por tres euros, al que le faltan pipas peladas, sin duda. Y así es como vuelvo.

Estoy aquí. Duermo una hora escasa ya en mi cama, y me doy cuenta de que inevitablemente vuelvo. Volver a más niveles. Porque he avanzado menos, quizá he retrocedido incluso, un poco, pero voy palante. La euforia es engañosa, pero no voy a permitir que juegue conmigo. Sé dónde estoy y que voy despacio. En la tienda rompo todas las reglas porque me importan un pito, ahora mismo. Me siento, pongo la radio, me conecto, escribo. No pienso hacer nada. Soy un zombie. Un zombie contento por muchas cosas, claro, pero un zombie a fin de cuentas, que teme quedarse dormido sobre el mostrador mientran le desvalijan la tienda.

servido por Miss Calamar 8 comentarios compártelo favorito

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

blat

blat dijo

Claro, me faltaba este post...

18 Agosto 2007 | 05:41 PM

blat

blat dijo

Oye, y el rediseño del blog, ¿para cuándo? Me suena que ya lo teníais casi listo, ¿no? ¿O no eras tú?

18 Agosto 2007 | 07:21 PM

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

Yo quería cambiar algo, pero no hubo nunca un proyecto en firme, me parece. Tampoco me incordia demasiado si te digo.
¿Te ofreces voluntario?
;P

18 Agosto 2007 | 07:23 PM

blat

blat dijo

Si yo no soy diseñador! Aunque empezaría aumentando la letra de tamaño, eso sí.

18 Agosto 2007 | 07:26 PM

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

A mí me gusta la letra, fitetú.

18 Agosto 2007 | 07:28 PM

latumbasinnombre

latumbasinnombre dijo

Los zombies son gente feliz... Te lo digo yo, que sé de lo que habló.

18 Agosto 2007 | 11:30 PM

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

No, si ya, pero mi aspecto era lamentable, hoy ya he dormido, ahora es lamentable todavía, pero al menos tengo los ojos abiertos!

19 Agosto 2007 | 11:29 AM

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Soy un ser con un par de pechos y tres millones de pajas mentales. Creative Commons License
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