Cambalaches, bodas y negocios
Hago recopilación de camisetas para dejárselas a Lucía, que mañana tiene una sesión de fotos. Cojo las más rockeras (por llamarlas de algún modo, según sus indicaciones) y alguna otra que directamente le voy a regalar. Hago recopilación, también, de ganas de escribir y al menos pienso en lo que toca formar a continuación. Voy a romper a seguir en cualquier momento. Tengo que ponerme las pilas. Me dispongo a negociar un sábado con mi jefa, porque se casa una de mis mejores amigas de la facultad, a final de mes. Yo flipo cuando pasan estas cosas. Lo de las bodas, de gente de mi edad. Que me parece bien, ojo, que cada uno haga lo que quiera. Además se la ve contenta y feliz y eso se me contagia. De repente las bodas tienen sentido, porque lo tiene la suya. Que si me voy a la limpieza de cutis, que si confirmo asistencias, que si con quién vienes. Me muero de ganas de darle achuchones vestida de merengue guapo (ella, no yo, yo iré con un vestido que parece un globo, verde electrizante). Terminamos los títulos de crédito de la serie y me ponen con otro proyecto. Hago bailar una bolsa de plástico del supermercado Dia por toda la pantalla. Quiero estar dentro de ella y vagabundear por las ráfagas de viento. Y que todo suene a plástico zarandeado.
Acciones compulsivas a tutiplén
MM dijo
María, sabes? te noto ahí, subiendo, con mas ganas, cada día unas pocas mas, y eso está bien, aprovecha el impulso y para adelante como a ti te gusta... primero haces bailar a la bolsa, y después tu, como una peonza!
5 Septiembre 2007 | 05:03 PM