Pincho de tortilla
Lucía me habla de elegir, de cuando eliges, de aprender a decir (con ganas, con furia) que lo que has elegido es cojonudo. Honey me habla de ser templadita, de mimarme, de baños con sales y excursiones al campo (y me dice que vamos a hacer planes, que vamos a tirar de mí, y yo me dejo). Yo me como el lacón como quien no ha visto comida en seis años. Pero voy lenta con la cerveza. Mañana será otro día. Tengo amigos que están hechos con empatía y buen humor. Tengo muchísima suerte, y no hace falta fijarme (yo que añado siempre eso de "si te fijas"), porque salta a la vista. Y he decidido no ponerme límites, ni topes, ni plazos, ni normas. Voy a templarme y a mostrarme entera, lo primero siempre y lo segundo sólo cuando pueda. Y llorar (un poco, un grifo automático bastante molesto, pero necesario) delante de un pincho de tortilla que me quema los dedos no es tan malo. Es completamente normal, que me lo han dicho ellas. Y las escucho, atentamente, y son sabias, las dos. No quiero llevar pantalones, ni llevarme en volandas, ni ponerme volantes. Quiero oír cualquier canción y seguir caminando. Un pie delante del otro, y bailar, a ratos, aunque sea delante de un espejo.
Acciones compulsivas a tutiplén

Honey dijo
Guapísima, ya lo verás...vamos a oxigenarnos de arriba a abajo, a dejar correr el aire por todo el cuerpo, por dentro y por fuera, y resurgir renovadas y mucho más sabias.
Besazos!.
8 Septiembre 2007 | 01:36 PM