Me llamó mi padre ayer. No sé si él es consciente de lo que me gusta que me llame. Me llamó y me habló con frases cortas, como siempre, interesándose por mi vida. Que como él se informa a través del blog y últimamente me prodigo poco, le tenía intrigado. Que si mi mierda está bajo control. Sí, bajo control. Sí, estoy razonablemente bien. Aprovechó la llamada para preguntarme cómo se escaneaba en su estación multifunción: ¿entonces dándole ahí mi documento va por el cable hasta mi ordenador? Eso es, tan fácil. Voy tachando cosas de la lista de tareas que me pongo cada semana. Mañana voy a una clase de prueba de yoga cerca de mi casa. La chica que me da los horarios por teléfono se ríe suave, es una almohada parlante: La clase de prueba es gratis, tráete unos calcetines, aquí tenemos vestuarios, si te convence y te interesa después de la clase te puedes matricular, son 20 euros y dos fotos. Ahora me toca hacerme fotos de carnet. Siempre me han gustado los fotomatones. Mi madre me dijo que ya que me apuntaba a yoga debería aprovechar y empezar a vivir sano, en general. Me dijo que el otro día viendo a Angelina Jolie en la televisión pensó que yo me daría un aire con unos kilos menos. Sí, mamá, sí. Sólo me faltan los tatuajes y Brad Pitt, soy clavadita. Pinté un taburete de naranja, muy cutre (la técnica, no el color, no creo que un color pueda ser cutre). Conseguí convertir todos los archivos para el videobook de mi hermano después de una guerra de muchos meses contra la tecnología y los formatos. Odio el vídeo, en realidad. También atendí a las sugerencias para el diccionario de palabras aleatorias y dibujé tres cositas. Son éstas:
Un-poco-desamparada para mimala

Comadre para la niña

Taburete para Geles

Por lo demás, el otro día caí en una cosa alarmante. Y es que yo no me he fabricado aún mi propio calamar de fieltro. Así que lo apunto en la lista y me termino esta cocacola, pensando si hacerlo hoy o dejarlo para mañana.
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El comité de pulpos gigantes con bigote está sopesando las sugerencias, mientras tanto, me han dejado enseñar tres ejemplos más. Además de frases hechas y palabras aleatorias, este diccionario puede incluir titulares extraídos de la prensa, si es que inspiran una poquita o me hacen gracia.




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Volví a caminar mirándolo todo. Y apuntando cosas con los dedos en el aire. Un tipo corría a trozos, con una pelota roída bajo el brazo. Quizá formara parte de un juego que no comprendí. Una chica no muy guapa corría hacia el lado contrario, en la misma dirección que aquella señora con cinco perros idénticos. La chica tenía los labios rojos independientes de su cara, y la raya en sus párpados se quedaba a su paso, infinita, trazando un recorrido aéreo. Me daba una pereza horrible salir a la calle. Cené restos de otra gente. Cayeron tres mojitos y me reí mucho, al final. Alguien de hace ya más de dos años (o quizá tres) me habló de entonces y me dijo que "aquello era distinto". Me habló inesperadamente cercano. Hablamos sobre los demás, que al final es lo más fácil. Esta noche he soñado con hormigas que eran cubos de madera, que robaban piedrecitas del cuenco de los frutos secos. También había alguien que era cojo, y yo miraba desde su espalda toda su asimetría en movimiento. Al despertarme, dos o tres vuelcos de tripa en poquísimo tiempo, el edredón y la manta en el suelo, pensar que tengo que dejar algunos vicios y apuntarme a otros. Me tomo un té ni muy frío ni muy caliente, recuerdo uno de mis platos favoritos y decido que por las mañanas se impone no hacer nada que requiera destreza. Es domingo y tengo un sol enorme todo para mí.
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He cogido un taxi esta mañana. El taxista se ha equivocado en un giro y ha parado el parquímetro mientras corregía su trayectoria. Luego ha tardado en decidir cuándo debía volver a poner en marcha el aparato. Durante cinco minutos la cifra no se ha movido. Luego ha vuelto a andar. Me parece que yo estoy también parando el parquímetro, ahora, de alguna manera. Cuando encuentre el camino, volveré a contar los pasos, de cinco en cinco como si fueran céntimos, quizá. O cogeré otro taxi, o me bajaré y daré un paseo, o me haré con una licencia propia, con mis cuatro ruedas. Me pregunto por qué la vida no entiende de calles, ni de direcciones, ni de kilómetros. Me pregunto si lograré entender algún día mi propio GPS.
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Ya está en marcha mi proyecto nada ambicioso (yo soy así) de diccionario aleatorio. Se admiten sugerencias para próximas entregas. Para muestra, un botón:





:)
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Tengo sobredosis, estoy frutificada. Me dan mareos de colores y me salen pepitas de las orejas. Leo al revés, de la pulpa a la piel. Y el aire sabe a naranjas. Hay ciruelitas moradas donde estaban mis pupilas y pequeños gajos amarillos en las orejas, como pendientes. Mi pelo se enreda con ramas verdes de racimos de uvas. Mi corazón es una manzanita verde, ácida y fresquita. Mi cara se baña en yogur griego cremoso. Y en la tripa me da patadas un melocotón que baila. Estoy aprendiendo a masticar cada trozo, a sentir el zumo, a cerrar los ojos y respirar las vitaminas.
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