II Rally fotográfico Costa da Morte
De nuevo en la Costa da Morte, de nuevo con cámaras y trípode, esta vez convocados por los amigos de Fasgana (Asociación de fotógrafos de naturaleza de Galicia), de nuevo compartiendo un sábado para el recuerdo, con gente estupenda. Días de esos que se hacen cortos. Estos fuimos algunos de los asistentes:

En esta ocasión la jornada tuvo tres etapas, tres lugares entre los que sería complicado elegir para visitar en primer lugar.
La primera etapa fue el puerto de Quilmas, un puerto natural a los pies del monte Pindo, esa montaña de piedra que los celtas convirtieron en su olimpo.
El puerto tiene fondo arenoso, y con la marea baja se convierte en una pequeña playa en la que las barcas quedan fondeadas, a la espera de una nueva pleamar que las devuelva a su medio natural. Mientras tanto, ya sea sobre el agua o sobre la arena, se convirtieron en un motivo fotográfico del que dimos buena cuenta.


Algunas ya cumplieron su ciclo y ahora son un testimonio del pasado. Cuantas historias se habrán vivido en esta de la imagen. Mirándola, así, sin color en sus tablas, con su interior lleno de la arena que el viento ha depositado, es fácil imaginar alguna pequeña historia. La pesca que habrá transportado, el frio que habrá pasado en esta dura costa, y los momentos que ella y su patrón habrán vivido en la soledad de este mar del Finisterre.

Pasamos toda la mañana en este pequeño pero precioso puerto de Quilmas, hasta que llegó la hora de comer. Lo hicimos en el pueblo de Cee, treinta y tantos a la mesa. Como ya señalé en otra ocasión un gran momento el de la comida, un momento de descanso, de charlas y de risas.
Tras la comida llegó la segunda etapa, con Juan Louro de anfitrión, al que tuvimos el placer de conocer en este día, nos fuimos a ese mágico lugar, que muchos ya conocíamos, donde hace años desembocaba el rio Xallas en una cascada espectacular que hoy desgraciadamente no podemos ver nada más que en días señalados.
Aún así, la sagrada montaña de los celtas tiene tatuado en su piel el tiempo en que la única luz que existía era la del sol, y el agua era libre.

Por cierto, un dato que me resultó impresionante y que me reveló Juan Louro, esa piscina que se puede ver en la foto anterior tiene una profundidad de....... ¡VEINTICINCO METROS!
La tercera y última etapa fue maravillosa, tocaba mar de nuevo, tocaba playa, ¿y que playa?, pues puestos a elegir, por qué no la mejor, la más grande, y nos fuimos a la gran playa de Carnota, a una zona llamada Boca do Rio. Una playa con rocas enormes, rocas que parecen huidas de la montaña sagrada y que encontraron acomodo y paz en el gran arenal.

En la siguiente imagen, al fondo pueden verse los restos de una construcción de mampostería, que debe ser un vestigio de una antigua industria del salazón. Hay varias por la zona.
Y así transcurrió nuestra jornada de fotografía, un sábado para el recuerdo, con gente estupenda compartiendo una afición común. Del lugar poco más hay que decir, sólo una pequeña revelación para los más escépticos que no se creen que hay lugares mágicos, o que nunca los han visto. La gran montaña de piedra, sagrada para nuestros antepasados celtas, de la que muchas rocas huyeron buscando la paz del arenal, o la brisa del Océano, o la caricia de sus aguas, o sabe Dios qué... Pude ver algunas empeñadas en hablarnos...

....y otras que cerraban los ojos para dar un beso
Quien piensa aún que no existen lugares mágicos.... que las rocas del Pindo no tienen alma...


aramon dijo
!Menudo reportaje! muy bueno, me ha gustado mucho, te repito que esa salazón está sensacional, yo ni la ví jejeje, estaba ¿estaba muy lejos?
Felicidades y un fuerte abrazo.
15 Marzo 2008 | 11:40