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Darnos cuenta

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31 Octubre 2007

Calentamiento global: las nuevas cuentas del carbono

Escrito por Bill McKibben el 01 de Octubre de 2007 para National Geographic

Para encargarse del calentamiento global, la primera medida es hacer números.

En esencia es así: antes de la Revolución Industrial, la atmósfera de la Tierra contenía alrededor de 280 partes por millón de dióxido de carbono (CO2). Esa era una cantidad adecuada (si definimos “adecuada” como “a lo que estábamos acostumbrados”). Puesto que la estructura molecular del dióxido de carbono atrapa calor cerca de la superficie del planeta que de otra manera irradiaría de vuelta al espacio, la civilización creció en un mundo cuyo termostato fue fijado por esa cantidad. Ello equivalía a una temperatura mundial media de 14º C, que a su vez se traducía en todos los lugares donde construimos nuestras ciudades, todas las plantas que aprendimos a cultivar y comer, todos los abastecimientos de agua de los cuales aprendimos a depender, incluso el paso de las estaciones que, a mayores latitudes, fijaron nuestros calendarios psicológicos.

Desde que comenzamos a quemar carbón, gas y petróleo para obtener energía, esa cifra de 280 se elevó gradualmente. Cuando empezamos a medirla, a fines del decenio de los cincuenta, ya había alcanzado el nivel de 315. Hoy se sitúa en 380, y aumenta casi dos partes por millón al año. No parece mucho, pero el calor adicional que ese CO2 atrapa, un par de vatios por metro cuadrado de la superficie de la Tierra, basta para calentar el planeta considerablemente. Ya hemos elevado la temperatura más de medio grado centígrado. Es imposible predecir con exactitud las consecuencias de cualquier aumento ulterior de CO2 en la atmósfera; sin embargo, el calentamiento que hemos observado hasta ahora ha causado que se derrita casi todo lo que está congelado en la Tierra, ha modificado las estaciones y el régimen de las precipitaciones, ha causado que los océanos suban.

No importa lo que hagamos ahora, el calentamiento aumentará: hay un tiempo de retraso antes de que el calor provoque todos sus efectos en la atmósfera. Es decir, no podemos detener el calentamiento global. Nuestra tarea es menos estimulante: contener el daño, lograr que las cosas no se nos escapen de las manos, e incluso eso no es fácil. En primer lugar, hasta hace poco no contábamos con información clara que sugiriera el momento en que se avecinaría la catástrofe. Ahora tenemos una imagen más clara: en los últimos años se ha presentado una serie de informes que señala que sería prudente respetar la cifra de 450 partes por millón de CO2 como límite. Los científicos consideran que, más allá de ese punto, es probable que en los próximos siglos nos enfrentemos al derretimiento de los mantos de hielo de Groenlandia y de la Antártida occidental, así como a un posterior aumento del nivel del mar en proporciones gigantescas. Por otro lado, 450 partes por millón sigue siendo el cálculo más aproximado (sin incluir el veneno de otros gases de efecto invernadero, como el metano y el óxido nitroso), el cual, sin embargo, servirá al mundo como una especie de límite. Un objetivo que se desplaza, y con rapidez. Si las concentraciones siguen aumentando en dos partes por millón al año, sólo nos quedan tres décadas y media.

Leer artículo completo en National Geographic

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