
Tener sangre de perro
cambia el rumbo
Un poco, para no ladrar
Un poco, para no aullar
Sangre de perro
para seguir mujeres
y olvidarse de todo
Ir al sur, al oeste
adonde vayan ellas
y morir atropellado
Un poco, sin ladrar
Un poco, sin llorar
Un poco de sangre de perro
para olvidar la casa
para encontrar el mar.
imagen: Neil Molinaro
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El mar produce muchos locos; Livingstone trajo del África un hombre inteligente, valoroso que hacía frente a los leones; pero nunca había visto el mar. Al embarcarse por primera vez y experimentar la doble sorpresa del temible elemento y de todas las artes desconocidas, su cerebro no pudo resistir tanta emoción. Empezó a delirar, y a pesar de la vigilancia que con él se tuvo, logró escapar, arrojándose ciegamente en brazos de las ondas que tanto le aterrorizaban y no obstante le atraían.
Imagen de José Roseva
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Hoy entró el primer norte de la temporada.
Ella está atracada en un puerto de muelles efímeros.
Sola con su pulso de faro
tan sola
como el mascarón de un viejo navío
Sus ojos llevan y traen el color picado del mar
Decidida a ganarse el ritmo frágil de las playas
a encontrar quien olvide ponerle la bitácora en orden
quien persiga a estribor su figura de barcaza
decidida este sentimiento de naufragio no escampa
La sirena de su poema canta otra vez
No cae nieve sobre Veracruz
Ella espera ver la nieve sobre Veracruz
pero no cae nieve sobre Veracruz no no
Ella bien lo sabe la nieve sobre Veracruz
sobre Veracruz no no
La nieve sobre Veracruz
sobre Veracruz no no
La duna está roja de azahar
el caracol en silencio
ella piensa
soy la niña de la luna
la única hija del marinero
nacida del mar salada
El norte en su cabeza cierra los puertos
cierra los puertos ahora.
Ya sh por favor cierra la puerta y vete
No cae nieve sobre Veracruz
Ella espera ver la nieve sobre Veracruz
pero no cae nieve sobre Veracruz no no
Ella bien lo sabe la nieve sobre Veracruz
sobre Veracruz no no
La nieve sobre Veracruz
sobre Veracruz no no
Poema de Juan Joaquín Péreztejada
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No iremos a Tlacotalpan, Ali está en Buenos Aires y Jesús se fue a cenar garnachas en alguna esquina de nuestro puerto, a él le debemos el nombre de este blog y muchos otros bautismos (debe ser la vocación de su nombre). Karina en Nueva York escuchará música brasileña con Craig y Juan está extraviado en una ciudad que no es la suya. Maripyrosa se alista para hacer suya la noche Cartagenera y Jaime se empeña en corregir el rumbo de esta navegación errática. Cuau es el orquestador de imágenes y si nos descuidamos trazará de nuevo la rosa de los vientos. Mica sabe todo de los mares y de cuando en cuando nos dice que la tierra prometida es sólo un espejismo.
Todos somos porteños y no estaremos en la Candelaria.
La única opción es intuir.
Dejarnos ir en esta aproximación y reconocernos en este destino de Bar Salobre, de Nave de los Locos.
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Los niños son salados e insomnes
aprenden a bailar para espantar la inmovilidad de los muelles
No usan zapatos porque sólo descalzos
pueden descifrar los laberintos de la ciudad de tablas
Doblo tres veces sobre la avenida principal
La que da a golpe de vista sobre San Juan de Ulúa
Extravio varias brújulas
y no hay sones que me dicten cuál es la siguiente parada:
Estación donde la ausencia de pichos y mareas rojas
me hacen saber que la calima es el perfil de lo perdido
¿Cuánta felicidad cabe en el humo que asciende
mientras borra toda sensación de pertenencia?
No hemos estado antes, ni estaremos…
Lo amoroso es apenas el tránsito entre mi locura y tus certezas.
(De Cuentos de la Vera Cruz para niños insomnes, Marisol Robles)
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Noche tibia y callada de Veracruz. Lara
Caminas bajo el ardor de los muros
bajo un diluvio de piedra devastada
a fuerza de luz y sombras
La ciudad que crees tuya
no conoce tu nombre y apellidos
no puede olfatear tus pasos
ni guardar fidelidad a su derrumbe:
los perros en las plazas
no saben de jaurías
ni soledades
Te dueles y te nombras
a costa de paredes
de caricias expropiadas a la carne
de patios
aleros
tapancos y balcones
Del sudor a la sed
pierdes el rumbo
Desde el arroyo
la calle se levanta
para rehacer el Tenoya
en tu vacío
Humedad sin nostalgia
que tu cuerpo vaporiza
al trasladarte de un punto a otro
de una edad a otra
de la noche hacia ti misma
Pero no serás tú
quien disperse del aire
este olor a orina y salitre
a continencia palúdica
y sexo desperdiciado
No podrá ser
siempre estarás sola
aunque el amor insista
ciego de mar y tierra.
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Así como solo en la penumbra nos salva la luz del faro, es necesaria la piel oscura para sobrevivir la noche.
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