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diario de una mitomana

si la verdad es tan valiosa, por qué despilfarrarla?

31 Diciembre 2007

57.-LA TRAFICANTE

“Mire, doña Yocutca, no voy a poder estar en la fiesta del club; hoy es 3 de diciembre Y cumple años mi chica del medio”.

” La que se la pasa mintiendo?”.

La mentirosa 24 hs. estaba allí mismo, detrás del mostrador y por debajo del nivel de los rumores, rodeada de bolas rojas de arbolito navideño, tiritas interminables de lucecitas enredadas y polvorientas, nieve de navidad de plástico con olor a pis de gato y un pesebre que desde Taiwán nos traía una buena nueva oriental y en oferta.

"Sra. Drooker, cada vez peor estos de Taiwán. Fíjese, este año son menos en el pesebre!!”.

“Ay, pero que desgracia, si seguimos así el año que viene vendrá el ranchito solo!”.

Mientras se olvidaban de mi, yo me dedicaba al robo intensivo de integrantes de pesebres. No para consumo personal. Los fraccionaba y los vendía. Mi amiga del alma, María, con esos ojitos enormes que dios le había dado, los envolvía en papeles brillantes. La negra Gorrochategui conseguía compradores. Y yo traía la merca. Un chrismastráfico.

Hicimos una cantidad respetable de dinero. Lo recuerdo bien porque la suma equivalía a tres coca colas de un litro y diez paquetes galletitas Lincoln. Un dineral. Como cortina, comprábamos a doña Yocutca cada tanto a un integrante del pesebre.

“Chiquita Drooker ,qué hacen con tantas ovejas y niñitos dioses?”
Doña Yocutca Holmes.

“Los donamos a los chicos refugiados”.
Marta Jolie.

Con el dinero recaudado. Nos comprábamos sidras La Farruca, barata y dulce como un panal y brindábamos en el gallinero, al fondo de mi casa, lejos de los adultos ya borrachos y de mamá demasiado sobria.
Y sobrevino el ocaso en forma de hermana menor.

"Yo sabo que vos y vos y vos toman sidra... y que le roban a la yocuca... y que lo venden en la escuela...las vi... las vi...y...”.

No la asfixié porque la sidra me había quitado fuerzas. Le tapé la boca y le dije al oído mientras María y la negra buscaban una
cuerda para atarla.

“Si vos le decís algo a mamá de ésto, no te vamos a poner como niño dios en el pesebre”.

Su silencio equivalia a un pesebre viviente. Un costo muy alto para mi incipiente agnosticismo. El elenco se completaba con María como la virgen. Diosa. La negra como Melchor. Fisic du rol. Y yo como una oveja. Eran los tres únicos disfraces que teníamos.
Y llegó la buena nueva.

“Hijitaaaaa miaaaa de mi corazón..(para mamá, su hija menor) Vamos... vamos que viajamos a Santa Fe...”.

La estrella de belén. Villancicos enteros corriendo por mis venas. Bolas de arbolito de navidad girando alrededor de mi cabeza.

“Se vaaaaaannn, má?!?!”.

“Sí
(así me contestaba a mí, a secas). Ustedes van después en el auto con su padre...ya les hice las valijas, portensé bien, y no saquen los brazos por la ventanilla."

Para mamá, no había otro riesgo en el mundo para el resto de sus hijas.
Felices de no ser carne de pesebre, la negra, María y yo pusimos en liquidación el último pesebre, nos compramos una sidra dulce hasta la extremaunción y brindamos por la virgen, el negro y la oveja, por el niño dios rumbo a Santa Fe y cerramos el negocio hasta el año próximo.

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4 Octubre 2007

56.- ISIS, OSIRIS, CLÍTORIS.

Teníamos la edad justa en que el clítoris era más un dios egipcio que cualquier otra parte del cuerpo. No habíamos aún unido el nombre con la función. Prácticamente, todos los días nos encontrábamos con “el sin nombre” y nos mirábamos, preocupadas, por el inicio de una doble vida.

“Qué te pasa que no querés jugar al elástico?”

“N..n... nnnada, María.....por?”

“Tenés caras… no las caras de siempre… no tenés tus caras.”

Mis caras post sesión clítoris perturbaron a mi amiga María.

“Yo a veces también tengo caras… esas… como las tuyas, Marti…por qué”.

Qué querés que te diga. Si ni sé cómo se llama ni por qué sale de pronto el mío, cómo podría entender lo que hace el tuyo?.

Mientras los varones se mostraban absolutamente todo bajo el sol, nosotras requeríamos de una tarea solitaria y a oscuras para que se asomara, por un breve instante, al mundo exterior. Lo de ellos, era el menú del día. Lo nuestro, había que prepararlo.

Nunca nos importó su tamaño sino que saliera. Tampoco su apariencia. Lo queríamos igual. Como fuera. Pero afuera.

Aquellas primeras y azarosas descargas eléctricas fueron un golpe a nuestra vida personal, la que cambió para siempre.

“Chiquitas... qué andas cuchicheando! No escucharon el timbreee! Abran!!!!! ...por cómo grita, es la negra Gorrochategui! Yo estoy haciendo crucigramas en el bañooooo!!!”

Mamá era especialista en romper climax de todo tipo.

Si la negra no hubiese esa tarde conseguido el libro en la casa de su tía, yo hubiera pasado años de mi vida productiva pensando que era la única en la tierra con semejante secreto. Pero, gracias a la negra, esa tarde nos enteramos de que cada una tenía el suyo.

“Mirá ese dibujo, negrita, yo vi uno igual!”

“En serio? Yo también! A veeer.... referencia número cuatro... referencia número cuatro.... tres... cuatro... Acá está…! Clítoris! Se llama clítoris!”

“Clítoris? Ah....!...cómo la diosa!”

“No, María, esa es Osiris.”

“No, negra, Osiris es hombre… será Isis…”

“Ay, tenés razón, la esposa… esa que sale en la foto parada atrás”

“Sí, como si hubiera llegado tarde.”

“No. En el antiguo Egipto los únicos que se sentaban eran los hombres.”

“Y cómo sabés tanto, Marti?”

“Porque tengo todos los tomos del LO SE TODO.”

“Bueno, clítoris debe haber nacido en el mismo lugar.”

“Entonces viene de Egipto.”

De cómo vinieron de Egipto directamente a implantarse en cada una de nosotras era un enigma mayor que el de las pirámides.

Era evidente, por nuestra “caras”, que las tres ya habiamos tenido encontronazos con nuestro dios egipcio. Y aunque ya le sabíamos el nombre, faltaba aún darle un destino. El tiempo se encargó de que se lo dejáramos de señalar con el dedo.

A partir de ese esclarecedor día, mi clítoris personal no me dejó casi nunca sola y la vez en que no lo encontré (o no lo encontraron) hice crucigramas con mi mano derecha. Sí. Como mamá.

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24 Septiembre 2007

55.- LA MUJER QUE VOLVIÓ DE LA MUERTE

En mamá, la paciencia no era un recurso renovable. Sin embargo, la despilfarramos. Y llegó un día en que el recurso se secó.

“Le viste la cara?”

“Uff... da miedo... yo me voy a la casa de la abuela...”

“Pero… no estará muerta?”

LA ABUUUU?!?!?!?!?!?!... nooooo... la abu nooo!!! buuuuuaaaa!”

“Noooo, tarada, callate, lo digo por mamá...mirala... hace cuatro horas que está así... y es raro... ella nunca duerme...”

“Msé... nunca la vi con los ojos cerrados....mejor vámonos las tres ya mismo...”.

"Sí... tengo como una risa acá... de los nervios.."

"Ju ju ju.. yo ja ja... yo... ja también"


“Buáaaaaaaa....teno medio...quedo a mi mami... one tá?”

Mi hermana menor era una polleruda que no sabía hablar. Siempre andaba detrás de mamá. Si así era a los dos años, ni queríamos imaginarnos cuando llegara a la adolescencia. Le tapamos la cara para que no viera el cuerpo. Y una cuchara con dulce de leche en la boca para que se callara.

Y nos fuimos. Con maletas y todo. Antes, cubrimos a mamá con una manta no para protejerla del frío. Treinta y dos grados a la sombra lo hacían innecesario. La cubrimos como sólo un forense lo haría.

Rodeamos al sofá con cinta ribonet amarilla. Y quedó marcada la escena del crimen.

Le dejamos a papá una carta avisándole sobre nuestro paradero y partimos con todas nuestras mascotas a la casa de la abuela.

Como la vida no me prestaba mucho la atención, yo me dedicaba a escribir poemas a la muerte y a los muertos. Y mamá tuvo su elegía.

No bien llegamos a la casa de la abuela, las huérfanas de madre se desparramaron por toda la casa.

Yo, antes de que me robaran su sombra, me refugié debajo de la higuera para inmortalizar a mamá en el cuaderno Lanceros. Mientras, mis hermanas ordenaban la vida de nuestras mascotas y desordenaban la de la abuela y Adelia.

Y pasó lo que tenía que pasar. Llega papá y detrás, el espectro. Mamá que volvía de la muerte como Elmer Van Hess a vengarse de nosotras. Cerré el cuaderno. Y esperé mi hora final. La que hasta hoy aún no ha llegado.

Que hayamos entendido que mamá era el cuerpo del delito y no que sólo había tomado calmantes habla de que siempre tuvimos la idea de que eso podía suceder.

Digo, matar a Narcisa Ibáñez Menta a disgustos fue en mi infancia un leit motiv.

Ya lo decía mamá: Cría cuervos.

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11 Septiembre 2007

54.- DE LADRONA DE BANCOS A PIANISTA

Tardes enteras con sus noches y sus madrugadas, esperé que un rayo misterioso me partiera. O hiciera un nido en mi pelo.
Me imaginé sobreviviendo, más de una vez, a un ataque de tiburones. Y, hasta hoy, ningún aerolito me aplastó como la pobre vaca de Cuba.
Jamás lo que toqué se transformó en oro, o, simplemente, se transformó. Y siempre tuve que ir yo hasta la montaña. Sola y sin Mahoma.
Nunca adiviné los números de la Lotería y la vez que gané en una kermes del colegio fue porque hicieron trampa los padres para que yo dejara de gritar.
Quise ser una asesina serial pero le tengo miedo a las armas y me da impresión apretarle el cuello a las personas. Quise ser una ladrona de bancos, pero de los nervios me tiembla la pierna izquierda como un telégrafo mercantil.
El mundo de los hechos me era algo ajeno. Y el de las palabras, indescifrable. Por eso, mamá me llevó a estudiar piano.

Como le gustaba la quiniela clandestina, apostó fuerte. Compró un piano color ciruelo por el que no tuve piedad. Tampoco tuve la más mínima consideración por la Sonata Patética de Beethoven, los Nocturnos de Chopin y el El Himno Nacional Argentino. Mientras lo practicaba para el examen pensando cómo se vería un hongo nuclear en nuestro patio, los vi por la ventana.

“Má... está toda la comisión del Club, afuera”

“Ajá...”

“Má...”

“Ya te escuchéeee...”

“Esta toda, completa la comisión afuera, los doce...”

“Y QUÉ QUERÉS QUE HAGA?!?!?! Que los invite a comer?!?!?!?! Dejá de perder tiempo y seguí practicando el himno”

“Pero máa.....”

“No escuchoo... no escuchoo... a ver... oid mortales ... el griiito sagraaaaado... vamos.... vamoooos!”

El timbre interrumpe la arenga. Abro y una estampida de búfalos adultos pasa por sobre mi pubertad. Mercedes, la tortuga, a velocidad crucero, llega a la chimenea zambulléndose entre los leños. Y agradecí a quien quisiera leerme el pensamiento que no fuera invierno.

“Está tu mami, nena?”


“Está cantando el himno.”

“Bueno, llamala, por eso venimos”

“Aquí estoy... ya les dije que no quiero ser presidenta del club. Colaboraré con ustedes… siempre... ya lo saben.”

Mamá tenía dentro suyo a una estadista y se activaba con más de dos personas presentes que no fueran familiares directos. Su discurso de luchadora social renunciaba a los cargos y a los honores. Pero no al pueblo. Con el delantal puesto y una palta a medio pelar en su mano, hablaba a la nación argentina. Y la nación le contestaba.

“Sra. Drooker... no es por eso... eeeeh... mire... resulta queee....”

“Hombre, hable de una vez, caramba, con todo lo que tengo que pelar....”

“Es su hija....”

“Cuál de ellas...”

“La que toca el piano todos los días, de las trece a las quince horas.”

Esa era yo. Y empecé a tomar velocidad crucero para buscar refugio entre los leños, junto a Mercedes.

“Yo ya les he hecho llegar una circular avisándoles que la chica puede practicar sólo a esa hora.”

“Sí, no hay problema. Pero podría cambiar el tema? Desde hace treinta días, escuchamos el himno... y en este barrio... usted lo sabe... somos patriotas y tenemos que pararnos mientras dura la canción...”

Mamá que no era patriota ni creyente pero tenía absolutamente a todos engañados, menos a mí, prefirió no discutir y a partir de ese día, toqué la marcha de San Lorenzo, la que mamá amaba y cantaba sotto voce.
El barrio ya no se puso de pie. Yo nunca aprobé los exámenes de piano. Y jamás cumplí el sueño materno de ser una Martha Argerich. Pero debo confesar que pocas veces estuvimos con tanta armonía mamá y yo juntas por más de una hora. Ella, feliz de jugar a ser María Callas y yo, su pianista fiel y mediocre.
Cuando mamá no era mamá, yo tampoco era yo. Y de golpe, nada era imposible. Nada.

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3 Septiembre 2007

53- EL MONOLOGO INTERIOR DE LA HIJA DE LA MADRE QUE LA PARIÓ

(Amo a los mexicanos más que a mi propia vida. Y a los peruanos y a los bolivianos y a los venezolanos. Amo a América del Sur, a América Central, a América del Norte más allá de lo aconsejable. Este amor americano, desde la riviera maya hasta Tierra del Fuego, es un amor loco, amour fou, como el de Betty Blue, la de la película, pobrecita, la que se volvió loca y se sacó un ojo. Y todo para que su compañero escribiera un libro. Qué pena! Yo muchas veces me quisiera sacar los ojos y terminar con tanto amor. O escribir un libro. O trabajar en una película.
Desde la península de Yucatán hasta Alaska, el amor ya no es más fou y se convierte en afecto educado. Aprecio Florida, tengo cierto cariño por Nebraska, y un trato cordial con Canadá. Después, el mundo es un iglú.
Tuve el privilegio de ver una vaca argentina, recostada, contemplando el amanecer nacional. Es sabido que quien puede ver ésto es porque ya no va a bailar los sábados por la noche. Quizás no tenga nada que ver. Pero me está sucediendo en este preciso momento.)


“A comeeeeeeeeeeer….!!!!!!!!”

(Tener un monólogo interior en mi casa era toda una épica. Alimentarse el espíritu a solas no estaba bien visto. Sobre todo, cuando mamá quería llenarnos el espíritu de sopa. O de brócoli. Puaj.
Mamá me daba cuerda por la mañana y yo quedaba dando vueltas como un trompo por la vida. Cuando una es pequeña tiene su gracia. De adolescente, es patético. Yo escribo como si esto me hubiera pasado hace tiempo. Pero me está pasando justo ahora.)

“A comeeeeerrr que se enfría la sooopaaaaaa…!”

(Sopa fea que interrumpe mi relato omnisciente. Yo siempre quise ser un hombre joven. Y hacerme una vasectomía para ser un hombre joven y solo. Aunque en verdad me hubiera gustado ser caballo. Caballo de paso peruano. O algo que galopara y me llevara a las antípodas. Allí donde realmente una desaparece.
Nací mujer y no me arrepiento. Pero a veces me aburre esta vida de corpiños y tampones las 24 hs. Me ligaré las trompas alguna vez? Qué postura asumiré ante las mamografías? No sé si quiero estar tanto con un ginecólogo. Esto no puede estar sucediéndome)

“Si no vienen ya les tiro la sopa por el balcón”.

(Yo no escribí la gran novela americana porque me pasé toda la infancia y la adolescencia nutriéndome. Hoy, ya adulta, tengo salud. Pero no tengo novela.
Por eso yo les digo a todas las madres que cuando vean a sus hijos en cuclillas, con los brazos envolviendo las piernas y la mirada en la nada misma, no es que se estén dejando morir. Sólo están haciendo algo por sí mismos. Pensar, por ejemplo. Mucho más allá de ustedes y de la sopa y de las verduras y de todas esas porquerías. Aunque esto es, sin ir más lejos, pedirle peras al olmo. Se los aseguro.)

“Ma sí...!!! es la última vez que les cocino, mierda!”

(Qué les dije! )

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28 Agosto 2007

52.- CARTA DE LA ABUELA TRAS LAS REJAS

Querida Adelia de mi corazón:

En Ipanema, todo se ve diferente. Desde que se me rompieron los lentes no bien bajé del avión, el mundo brasileño para mí es una incógnita. Aunque me las he arreglado bastante bien con unos que me prestó el taxista que nos trajo hasta el hotel. Ese viaje nos salió más caro que un crucero francés al caribe, abordado en la isla de Pascua. Pero era tan amable, tan alegre, tan carioca que se lo pagué con gusto.

Estoy aprendiendo a sambar en la playa. A Martita no le interesa. Se la pasa leyendo debajo de la sombrilla. Quiere aprender portugués. No para hablar sino para escribir. Vos sabés que a ella le cuesta comunicarse con la voz.

Yo no te puedo explicar lo que nos hemos divertido aquí. En la habitación del hotel hay una heladerita repleta de frutas. Yo me la llevo toda a la playa para unos chiquitos pobres. Aunque el otro día me dijeron vieja de mierda porque están cansados de tanto plátano y tanto kiwi y querían cruceiros o dólares. Yo no tenía ni lo uno ni lo otro. Sólo plátanos y pesos argentinos. Que es lo mismo que incitar a la violencia. Los chiquitos se pusieron nerviosos como gente adulta. Vos sabés muy bien, Adelia, que para mí los niños son intocables. Y si bien éstos me miraban con odio típicamente tropical, yo no los toqué. Sólo les tiré arena en los ojos. Y salí corriendo lo suficiente como para que se olvidaran de mi.

Pero al ver el rostro de Martita leyendo como si estuviera en el baño, se dieron cuenta de que era mi pariente. Y cuando se disponían a romperle la sombrilla, la chiquita se brotó como los zapallos de nuestra huerta, Adelia, y los aplastó. Les tiró la heladerita, los kiwis, las bananas, la sombrilla misma y todos y cada uno de los libros que estaba leyendo.

Se la llevaron detenida y a mí junto a ella por arengarla desde lejos al exterminio. No hay nada que me ponga tan mal como un niño que no quiere comer frutas. No soy yo. Lo que no sabía es que mi nieta tampoco era ella cuando le amenazan la sombrilla.

En fin, Adelia, no me preguntes cómo recuperaremos nuestra libertad. Por el momento, recuperamos la heladerita, algunos kiwis y la sombrilla descocida que ya remendé. Está chocha.

No le digas nada a la madre de todo ésto. Vos sabés que a ella no le gusta que la hija ande con remiendos.

Ya te compré las Hering. Cómo me gustaría que estuvieras aquí compartiendo nuestro paraíso carioca! Bué… otra vez será!

Con todo mi amor

Elenita

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2 Julio 2007

51.- CARTA DE LA MADRE QUE ME PARIÓ

Querida hija:

aquí llueve torrencialmente y vos sabés lo que me cuesta escribir cuando cae agua. No puedo concentrarme. Se me parte la cabeza. Pero soy tu madre y lo mismo te escribo. Más allá del dolor.


El clima está espantoso. En el Club ha aumentado la morosidad de los socios. De seguir esta situación, no podrán pagar la luz. Será un club a oscuras. Un nigth club pero sin música. Adónde iremos a parar!

Tu padre no me dirige la palabra. Se operó de las adenoides. Le quedó una voz extraña. Y prefiere no dirigirme la palabra. Yo también. Me altera. Es como hablar con una flauta traversa. Me mira como si yo tuviera la culpa de lo que pasa en su garganta. En esta casa nadie se hace cargo de nada. Nadie!

Tu hermana mayor se compró un tampón con aplicador y se lo puso al revés. Y me miraba como si yo tuviera respuesta para todo. Y no. No es así. Qué se yo de tampones?!? Fuimos a la sala de Urgencias de la clínica del barrio y todo volvió a estar en su lugar. Menos mi vida.

Al llegar a casa, tu hermana menor se había tomado el licor de chocolate. Todo. La botella entera. Estaba inconciente, en el piso del comedor. Tu padre estaba viendo el Gran Premio de Mónaco y vos sabés que cuando hay carrera ni la muerte de una hija lo despega del televisor.
Don Frenttidorzo nos acercó en su moto con sidecar. Ya soy muy conocida en la sala de urgencias. Hay gente, incluso, que cree que soy médica. El otro día, sin ir más lejos, me tocaron el timbre a las doce de la noche: “Dra. Drooker, mi mamá se muere... tiene hemorroides sangrantes”. Así que desperté a tu padre y llevamos a la pobre mujer y sus intestinos a la sala de emergencias.

Bueno, hija, como verás, no hay nada nuevo para contarte. Quedate tranquila y disfrutá de las playas de Brasil, vos que podés. Aquí vino una ola de frío polar como hace años no venía. El invierno nos ha alterado a todos. Tu padre invirtió una buena suma en un acondicionador de aire creyendo que era frío-calor. Y no. Es frío solo. Lo puede cambiar pero el otro equipo nos llega dentro de mes y medio. Es decir, en la primavera. Ahora te estoy escribiendo con los guantes puestos y tus hermanas están viendo Kung Fu con bufanda y abrazadas como si se quisieran.

Qué loco este mundo, dios mío! Vos con tu abuela en la playa de Ipanema y nosotros juntando valor para darnos una ducha sin morir congelados!

Pero, en fin, a disfrutar, hija, a disfrutar! Acá está todo bien. Hasta te perdono que me hayas mentido tanto en toda tu vida y que todas las esperanzas puestas en tu futuro ya no existan. Soy tu madre y te quiero así, sin futuro pero viva! Al final, la lejanía terminó acercándonos, viste?

P.D.
No te olvidés de traerles Garotos a los mellicitos Suarez, los de la otra cuadra, esos que vos cuidas a veces. Sabías que se quedaron huérfanos? Ahora están a cargo de un juez de menores. Fue una masacre. Un crimen pasional. Cuando vuelvas te cuento. No voy a amargarte ahora con los detalles del homicidio. Aparte, hay secreto de sumario.

Te quiere a pesar de tu forma de ser
Tu madre


(Me había ganado en una rifa del club de nuestro barrio un viaje a Brasil para dos personas con todo incluído y por un mes. Me acompañó mi abuela. Traje de allí caracoles, remeras Hering, chocolates, libros, objetos de hotel y, sobre todo, esta carta. Hace poco, la encontré dentro de un libro, atacada por los ácaros. O viceversa.)


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11 Junio 2007

50.- QUIÉN LE TEME A LA SALSA GOLF? (2ª y última parte)

La boda de mi mejor amiga.

Ibamos por la tercera copa de vino. La negra y yo no parecíamos dos ex novios despechados. Lo éramos. En el inmenso salón de fiestas repleto de barrio, con sanguchitos de miga pisoteados en el suelo, carozos de aceitunas de vaya a saber qué boca rodando sobre la mesa, el olor familiar nos revolvía el estómago a punto nieve.

“Nunca voy a casarme... ni a vivir en pareja... ni a tener hijos, a lo sumo nietos....te lo juro, negra!.”

“Yo voy a vivir con Carol apenas cumpla los 18... pero es para ahorrarnos un alquiler, eh!.”

“Negri... prometeme que aunque con el tiempo se aprueben los casamientos entre mujeres vos jamás te vas a casar... jamás!!.”

“Jamás, te lo prometo... y vos prometeme que algún día vas a compartir el alquiler con alguien... digo... para economizar.”

“Pero eso no se computa como convivencia, negrita?.”

“Naaa… sólo se verían cuando tengan que pagar el alquiler.”

“Bué… entonces, sí, te lo prometo.”

“Ay, Marti.... miralo… mirá la cara de contento del infeliz...”

“Qué le habrá visto a ese pelotudo, negra... qué?!?!?”

Estábamos borrachas, celosas y célibes pero no sordas. Mamá a tres metros de distancia calentaba motores.

“No, no, no, doña Yocutca... mi hija del medio es el problema... nunca tiene los pies sobre la tierra y cuando los tiene miente... así que mejor que ande por Saturno... qué quiere que le diga...algo tiene mal... y me voy a morir sin saberlo...o me mata antes a disgustos… esta mocosa de mierda se queda soltera… quién va a aguantar semejante clavel… quiéeeeeen sino su propia madre!!!???!?!”

Luego de treinta y ocho canapés sacrificados entre mi propia madre y doña Yocutca, mi vida ya era de dominio público.

Detrás nuestro, del otro lado de un potus de plástico que nos camuflaba, la mamá de la negra colaboraba con nuestra depresión.

“Mire... el tema de mi hija nos partió en mil pedazos... ya ni siquiera tenemos los impuestos al día y a mi marido le da lo mismo cenar a las ocho o a las nueve…El, que era tan metódico!!!!... ¿se da cuenta, doña Medina?....toda nuestra vida cambió.... la chica está confundida.... cómo le van a gustar las mujeres si yo jamás la dejé sola...jamás...(?) en qué momento, entonces, dígame, en qué momento tomó decisiones por su cuenta?!?! Cuando vio La Novicia Rebelde? Después de la clase de catequesis?”

Y así la mentirosa asesina y la gay descuartizadora se bajaron dos litros de vino tinto hasta quedar sordas.

Seguro que tenía que ver. Digo, el consumo de salsa golf con la delación materna. Más comían, más hablaban. De nosotras. Las falladas. Las segunda selección. Las hijas outlet.

“Chiiicas.... cómo la están pasando?!?!?!”

Sacando las conversaciones maternas, el potus de mierda a nuestras espaldas, los canapés, tu boda y la vida misma, bien, María. Gracias.

“Vengan. Vamos a bailar!!”.

No recuerdo bien lo que sucedió. Sé que la salsa golf de los canapés y el vino tinto se mezclaron y mi ser en el mundo se cayó del mismo. Pero no estuvo solo. Detrás venía el de la negra a todo galope. Y en nuestras coordenadas, el novio. Estábamos en el preciso instante en que todo importa nada. La alquimia de los celos nos convirtió en un momento de adolescentes a watusis gigantezcos corriendo al novio para violarlo o molerlo a golpes –nos daba lo mismo-. Sólo no fue matanza porque escuchamos una voz que no era de este mundo.

“Negrita, Marti... vamos afuera a tomar aire...”

Carol, diosa salvadora, novia de la negra, cuerpo italiano, voz de Ava Gardner. Al fin del mundo. A las antípodas de todo. Sólo por ir detrás tuyo. Y nuestra mente enferma soltó al novio. El aire frío nos hizo nuevamente occidentales y los watusi se fueron a otros cuerpos.

Las madres enfrascadas en la difamación ni se enteraron de una fiestita que casi termina en abuso.

Con el tiempo lo fuimos aceptando. No al novio sino al hecho de que María no estaría ya tanto con nosotras. Todas estas desgracias comenzaron cuando la salsa golf entró en nuestras vidas. Desbocando madres. Robando amigas. Aterrorizando novios.

Y no nos quedó otra que crecer.

Tags: amistad, mama, boda

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Sobre mí

Mi nombre es Marta Drooker. Soy inventora. Aunque alguna vez insistieron en llamarme mitómana. Quiero compartir con ustedes inventos propios y ajenos. Este blog es un modo de patentarlos. Lenore, la hermosa niña muerta, es un invento que lamentablemente patentó otro. Ella se refugió en el comic.Yo, en este blog. Pero las dos habitamos en el mismo plano.

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